Generación Covid





Septiembre es el mes de regreso a la escuela para los estudiantes de todos los ciclos de estudio. Pero por tercer a√Īo consecutivo, miles de ni√Īos (y padres y tutores) se enfrentar√°n a la incertidumbre sobre la naturaleza y las implicaciones de este regreso. Una certeza es que cada vez son m√°s los ni√Īos que no recuerdan otra vida escolar, formada por contactos desenfrenados, a cuestas, pisos y abrazos, con el rostro al descubierto.





Cuando tienes seis u ocho a√Īos, despu√©s de tanto tiempo de coacciones, ya no se justifica hablar de una situaci√≥n de transici√≥n, crisis y excepci√≥n, sino de una normalidad que no se parece a otra. Era importante no distorsionar la visi√≥n del ni√Īo de su escaso pasado superponiendo su mirada adulta durante el mismo per√≠odo de tiempo. Por defecto, los rostros de las personas en sus dibujos en la hoja de papel del cavalinho ven√≠an a llevar una m√°scara.

Por otras razones, lo mismo ocurre con los adolescentes. Los pocos a√Īos de metamorfosis f√≠sica, psicol√≥gica e incluso existencial que marcan la adolescencia se les ha restado a lo que m√°s les falta: el descubrimiento del libre encuentro con los dem√°s y con el mundo, indispensable para descubrir un personaje y un proyecto de vida con sentido. A√Īos √ļnicos que una generaci√≥n no tendr√° del todo. Por supuesto que hay una manera de remediarlo, pero nuevamente, era importante darse cuenta de que es solo un remedio temporal. Lo que los ni√Īos y adolescentes han perdido irreversiblemente en estos a√Īos es irremediable.

Y tambi√©n los adultos j√≥venes que quisieran subir al piso de la vida activa, el ritmo de la vida adulta, vieron sus expectativas inesperadamente frustradas. De hecho, nuevamente porque una d√©cada antes, en los a√Īos 2009-2013, los adultos m√°s j√≥venes fueron tambi√©n las principales v√≠ctimas sociales de la crisis de la deuda, que redujo a casi nada el horizonte de oportunidades, suspendiendo vidas, forzando la emigraci√≥n, etc.

Cuando las heridas de una década parecían cicatrizar lentamente, la pandemia trae de nuevo la crisis socioeconómica, que se asienta sobre los remanentes de la anterior.

Generación Covid: un estudio europeo

A las tremendas consecuencias sociales heredadas de los a√Īos de austeridad se a√Īaden ahora otras nuevas, que amplifican las anteriores. Seg√ļn una importante encuesta promovida por think tank ECFR – Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, dado a conocer desde hace d√≠as, Portugal es, de los doce pa√≠ses europeos considerados en el estudio, donde m√°s se mencionan los impactos econ√≥micos, con un 31% de los encuestados afectados por la pandemia solo por motivos econ√≥micos y 30 % por motivos de enfermedad.





En Dinamarca y los Países Bajos, los porcentajes de encuestados que se declararon afectados por razones económicas fueron del 10% y solo del 7%. Por otro lado, en países como Hungría y Polonia, los encuestados se declaran afectados principalmente por motivos de salud (48% y 47%) respectivamente.

En conjunto, los encuestados de Portugal fueron los terceros m√°s afectados por la pandemia (solo superados por Hungr√≠a y Espa√Īa), pero mucho m√°s por razones econ√≥micas que por razones de enfermedad. Existe una clara percepci√≥n de que las pol√≠ticas de salud p√ļblica funcionaron, en la medida de lo posible, con una efectividad razonable, pero que las pol√≠ticas econ√≥micas no.

La media en los 12 pa√≠ses de personas que se declararon afectadas por la pandemia por motivos econ√≥micos es del 16% de los encuestados, pr√°cticamente la mitad de la cifra presentada en Portugal. Estos son n√ļmeros que deber√≠an hacernos pensar.

Volviendo a los j√≥venes, la misma encuesta dice que entre los encuestados de hasta 30 a√Īos de edad, el 57% indic√≥ que hab√≠an sido afectados por Covid, mientras que entre los encuestados mayores de 60 a√Īos, el porcentaje fue solo del 35%. Est√° claro que m√°s personas impactadas no significa impactos mayores y m√°s graves, pero sin embargo es un resultado muy expresivo que requiere una interpretaci√≥n cuidadosa.

Volviendo a los j√≥venes, la misma encuesta dice que entre los encuestados de hasta 30 a√Īos, el 57% indic√≥ que hab√≠an sido afectados por Covid, mientras que entre los encuestados mayores de 60 a√Īos, el porcentaje fue solo del 35%. Est√° claro que m√°s personas impactadas no significa impactos mayores y m√°s graves, pero sin embargo es un resultado muy expresivo que requiere una interpretaci√≥n cuidadosa.

El caso portugués

Desafortunadamente, el pobre desempe√Īo de la respuesta econ√≥mica a la pandemia en Portugal no deber√≠a sorprender, dadas las debilidades estructurales conocidas. Primero, la limitada disponibilidad financiera de un pa√≠s muy endeudado, que oblig√≥ a un esfuerzo fiscal frugal para responder a la crisis, muy por debajo de la media europea (datos se√Īalados en estudios del BCE y el FMI a principios de este a√Īo).

En segundo lugar, el peso del turismo internacional en la econom√≠a nacional y su enorme dependencia de factores externos que ning√ļn poder pol√≠tico nacional puede aspirar a dominar.

En tercer lugar, el peso del empleo joven y precario en este sector. Hoy en d√≠a, ser un adulto joven en el Portugal moderno con una econom√≠a de terceros es, por regla general, estar empleado en el servicio al cliente, probablemente detr√°s del mostrador o en un centro de llamadas, pero mucho, demasiado, en el desproporcionado sector tur√≠stico. En cuanto a la experiencia laboral de la terciarizaci√≥n en Portugal, recomendamos el retrato cuidado que nos ofrece Pedro Vieira en el magn√≠fico librito ‚Äú¬ŅEn qu√© puedo ser √ļtil?‚ÄĚ, Reci√©n publicado en la Fundaci√≥n Francisco Manuel dos Santos.

Adem√°s de los impactos de la pandemia, a saber, generacionales, el estudio ECFR busc√≥ averiguar de los encuestados c√≥mo eval√ļan las restricciones de contenci√≥n decididas por los gobiernos. El 64% de los encuestados conf√≠a en las decisiones del gobierno, aunque este porcentaje se reduce al 55% si se limita a los encuestados que tambi√©n se declararon afectados por la pandemia por razones econ√≥micas.

Curiosamente, Portugal, el pa√≠s donde la mayor√≠a de los encuestados dicen que se ven afectados econ√≥micamente, tiene un 71% de respuestas de confianza. Como si los portugueses no vincularan el mal desempe√Īo en la respuesta econ√≥mica a razones de pol√≠tica econ√≥mica. No est√° claro si la actitud es de resiliencia o conformidad, tal vez una mezcla de ambas, para bien o para mal.

Tres generaciones de adultos jóvenes: 11 de septiembre, austeridad, covid

Como se√Īal√≥ Polly Toynbee, cronista de The Guardian, al analizar los resultados de la misma encuesta, el orden de magnitud de los sacrificios que se les pidi√≥ a los j√≥venes en esta crisis, que ella llama un ‚Äúevento generacional‚ÄĚ, compara con otros que en el pasados ‚Äč‚Äčhan dado lugar a conflictos intergeneracionales, como Maio de 68. Pero tales sacrificios se han tomado bien, con gran comprensi√≥n, sobre todo por solidaridad con las generaciones mayores, las mismas de las que se quejan los m√°s j√≥venes, con raz√≥n, cuando viene al cambio clim√°tico y la desigualdad intergeneracional.

La crisis anterior ya era consciente de la misma falta de reciprocidad, dejando a los m√°s j√≥venes con el peso de las desigualdades en un sistema social en el que estas s√≥lo son excepcionalmente reversibles. Polly Toynbee ve esto como una raz√≥n para que ‚Äúlos votantes devuelvan la generosidad y centren todo en el futuro de los j√≥venes‚ÄĚ, y lo ve bien.

Los j√≥venes adultos del 2001 que, como el autor de estas l√≠neas, se sorprenden por los 20 a√Īos que han transcurrido desde el hecho que marc√≥ su vida cotidiana y su visi√≥n del mundo -el 11 de septiembre- deben tener en cuenta que, a lo largo de estos dos d√©cadas, tal vez se impusieron m√°s sacrificios a los j√≥venes que siguieron: sus hermanos menores cuyas vidas chocaron de frente y la austeridad, y ahora los ni√Īos, probablemente los hijos de ambos, la generaci√≥n Covid.

La evolución de la pandemia se ha descrito como una sucesión de oleadas, en secuencia estacional, de nuevas cepas del virus con orígenes geográficos variados. Pero la metáfora de las olas también tiene sentido para describir cómo la pandemia va dejando remanentes, despojos, que se asientan en el suelo de la sociedad.

El primer impacto trajo la suspensi√≥n abrupta de actividades, todos volviendo a casa por orden del estado de emergencia. Poco despu√©s, lleg√≥ la segunda ola, de desigualdades sentidas en las condiciones en las que cada uno pod√≠a vivir el encierro y tambi√©n en la p√©rdida de ingresos. Luego, la ola de nuevos h√°bitos que se han ido incorporando de tal manera que quiz√°s ya no sean del todo reversibles: el uso de la m√°scara, la distancia de los saludos, la preferencia por la mediaci√≥n digital …

Pero todas estas olas se posan sobre otras olas prepandémicas que también dejaron remanentes que quedaron. La austeridad de la década de 2010 condicionó la capacidad de respuesta de países como el nuestro a la crisis de 2020 y, hoy, cuando vemos el abandono de las mujeres en Afganistán a su suerte, sabemos que el trasfondo de la generación del 11-S todavía está ahí.

La desigualdad m√°s oculta: un problema intergeneracional

El aumento de las desigualdades tiene d√©cadas, pero m√°s reciente, y particularmente acelerado con la pandemia, es el aumento de su ocultaci√≥n. Por ejemplo, a trav√©s de guetos digitales que por favor cubran nuestros ojos y nos dejen ver solo el paisaje m√°s deseable. El mundo com√ļn donde las desigualdades tendr√≠an que ser visibles se puede evitar tecnol√≥gicamente cada vez m√°s en una sociedad hipermedializada. Cuando evitar el mundo ordinario se convierte en un remedio para males mayores, como una pandemia, el remedio se convierte en una excusa para la conformidad. Y luego es necesario preguntarse hasta qu√© punto todos estamos interesados ‚Äč‚Äčen restaurar un mundo com√ļn.

Los usos de la tecnolog√≠a son ambiguos: si pueden contribuir a la igualdad de oportunidades en un contexto de pandemia, tambi√©n pueden servir como una oportunidad para que la desigualdad se arraigue m√°s profundamente. Y lamentablemente no faltan se√Īales, que vinieron desde atr√°s, de un problema entre generaciones en este sentido.

Volviendo al principio de este texto: la escuela era el mundo com√ļn de los ni√Īos, del que carec√≠an en proporci√≥n a una estela de injustas desventajas que perduraban de por vida. Pero, incluso antes, este mundo com√ļn se estaba erosionando. De la misma forma que las casas con una gran red Wifi, amplios salones para cada uno, balcones silenciosos, sol, luz y aire fresco, que contrastaban con el edificio de estrechos ventanales, departamento oscuro, cuartos compartidos, etc., ya antes de que el floreciente negocio pagado por las explicaciones tuviese el mismo efecto.

Con la pandemia, el encubrimiento de la desigualdad sembrada en la educación solo se redobló. Porque sin duda son los vecinos de las mejores casas quienes también pueden garantizar tutores privados que saben que los hijos de otras personas no los tendrán. Este encubrimiento raya en una hipocresía intergeneracional en la que a algunos no les importa dejar desigualdades intrageneracionales más profundas como legado a las generaciones futuras, en beneficio de su propia descendencia.

En esto, la generaci√≥n Covid es m√°s v√≠ctima de decisiones individuales que de cualquier pol√≠tica gubernamental, pero tambi√©n hay algo en estas pol√≠ticas. Cuando asistieron a la escuela, la generaci√≥n del 11-S utiliz√≥ tutores para recuperarse de los malos resultados, una ¬ęnegaci√≥n¬Ľ o la falta de clases debido a fallas del sistema.

Pero el sistema ha acogido demasiado bien que hoy los alumnos tienen tutores para llegar a los 19 o 20 y aprovechar esto en el acceso a la educación superior. La demanda y la calidad de la educación no pueden depender de la desigualdad. Matemáticas para genios, o que solo remedian a los que tienen entre bastidores lo que la escuela no puede ofrecer a todos, es mucho más connivencia que calidad, es mucho más apropiarse de las oportunidades de los demás que de la autoestima.

Ocultar la desigualdad intrageneracional de quienes nos siguen a través de generaciones es lo peor que podemos hacer. La generación Covid merece una ola de reciprocidad, solidaridad, en el sentido exacto de una interdependencia que nos une a todos. El ejemplo lo dan los más jóvenes en la pandemia. Pero si salen a la calle, quiero poder unirme a la protesta con la conciencia tranquila.

El autor escribe seg√ļn la ortograf√≠a antigua.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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