Estas casas no son para viejos





De una noche a la otra, varios metros de pasamanos fueron arrancados a la fuerza de un edificio de la Baja lisboeta. Unos kil贸metros m谩s arriba, en el Barrio Alto, desaparecieron misteriosamente las escaleras de la entrada de un edificio a caer a los bocados, que vino a ser transformado en alojamiento local. Cerca del Rato, ventanas y techos se rompieron, y nunca m谩s arreglados, dejando la lluvia entrar por todas las divisiones. L谩mparas, hilos y casquillos tambi茅n se evaporaron de los espacios comunes. En la zona del Castillo, siempre que el 煤nico inquilino de un edificio degradado sale a la calle encuentra otro billete amenazador de volcado. En algunos casos, la luz, el agua y el gas se cortan sin aviso, dejando inquilinos a las oscuras y sin las condiciones m铆nimas de supervivencia.





Este es el escenario reportado por muchas personas mayores que viven desde hace d茅cadas en el centro hist贸rico de Lisboa. Y que, de acuerdo con varias juntas de parroquia y asociaciones de inquilinos y moradores, se ha agudizado con la presi贸n inmobiliaria y el crecimiento galopante del turismo en la capital. Hay casos en el tribunal, algunos de ellos todav铆a sin soluci贸n a la vista.

Joaquim es uno de los 煤ltimos resistentes al acoso constante del nuevo se帽or铆o, una sociedad francesa que planea transformar el edificio cerca de Campo de Ourique en un condominio de lujo. En los 煤ltimos meses, los vecinos fueron cediendo a los argumentos monetarios y saliendo uno a uno. El reformado, que no quiso dar la cara por miedo a las represalias del se帽or铆o, no se quiere cambiar, pero el precio a pagar ha sido alto. En los 煤ltimos meses, alguien ha salido las doce ventanas del piso de arriba, que se encuentra vac铆o y cuyas llaves est谩n en manos de los propietarios del edificio. Resultado? Durante todo el invierno, el agua de las lluvias escurri贸 por la casa donde vive desde la juventud. "Una parte del techo del ba帽o se derrumb贸. Por suerte las piedras no alcanzaron a nadie ", relata. M谩s recientemente, tambi茅n la claraboya del edificio se qued贸 sin cristal, obligando al inquilino a colocar a alguien en todo el nivel. La lluvia cae directamente sobre los viejos hilos el茅ctricos. Es dif铆cil hacer acusaciones perentorias, pero los indicios est谩n ah铆. "Es una pel铆cula de terror, un desastre a la espera de suceder", resume Joaquim, que ya perdi贸 la cuenta de las quejas presentadas.

"La presi贸n de la vivienda no es s贸lo el aumento del turismo, sino por la codicia de los propietarios, que no se ven los medios para obtener los resultados deseados, es decir, los alquileres de dumping o el aumento de inasequibles para la mayor铆a de las familias portuguesas ", Defiende Rom茫o Lavadinho, presidente de la Asociaci贸n de los Inquilinos de Lisboa. Cr铆tica que no es aceptada por las principales asociaciones de propietarios.

ana bai茫o

Bullying II. La entrada de un edificio en el Bairro Alto fotografiada hace unos meses, cuando las escaleras de acceso a la calle fueron arrancadas por el se帽or铆o (foto arriba). El edificio fue restaurado y hoy es un alojamiento local (foto abajo)

Bullying II. La entrada de un edificio en el Bairro Alto fotografiada hace unos meses, cuando las escaleras de acceso a la calle fueron arrancadas por el se帽or铆o (foto arriba). El edificio fue restaurado y hoy es un alojamiento local (foto abajo)

ana bai茫o





En la parroquia de Santa Mar铆a la Mayor, que incluye las 谩reas del centro hist贸rico de Lisboa, hay una docena de casos documentados de llamada acoso inmobiliario donde las v铆ctimas son en su mayor铆a personas mayores de escasos recursos. El esquema m谩s frecuente entre los se帽ores que se quieren liberar de inquilinos es el de cerrar las escondidas las cuentas bancarias donde 茅stos depositan el valor de la renta. Y crear otra sin avisar a los arrendatarios. "Sin saberlo, los residentes entran en incumplimiento y acaban por dar argumentos a los se帽ores, que as铆 consiguen expulsarlos m谩s f谩cilmente", revela una fuente municipal.

Una familia de Alfama con dos ni帽as en edad escolar fue v铆ctima de este tipo de estratagema, pero se apercibi贸 a tiempo, durante un litigio con el propietario. Aconsejados por otra v铆ctima de un caso similar, los inquilinos decidieron depositar la renta a la consignaci贸n en la Caja General de Dep贸sitos, poco antes de terminar el plazo determinado por ley para el desalojo. S贸lo que el se帽or铆o no desisti贸 y subi贸 la parada, mandando cortar el agua y la electricidad de la casa. Los arrendatarios a煤n consiguieron recuperar el servicio del agua, pero pasaron a vivir a oscuras. La familia se quej贸 en la Protecci贸n Civil y acab贸 siendo alojada en una casa de emergencia de esta instituci贸n, a la espera de una decisi贸n del tribunal. Todav铆a tiene la esperanza de volver a residir en el Patio del Carrasco.

Salida de casa vedada

No todos tienen la misma fuerza de voluntad para luchar durante tanto tiempo. Aunque sientan que ese es un derecho leg铆timo. Silvina y su marido, una pareja en la casa de los 70 a帽os y con problemas de locomoci贸n, acabaron por aceptar una indemnizaci贸n choruda de un propietario que quer铆a transformar el edificio donde viv铆an en alojamiento local. Y que hizo todo para mandarlos.

Todo comenz贸 cuando recibieron mensajes alarmistas de que el edificio estar铆a en peligro de ruir y que nada pod铆a hacerse para asegurar la integridad f铆sica de la pareja. Como las alertas ca铆an en saco roto, el due帽o decidi贸 avanzar con una soluci贸n radical. Una ma帽ana, cuando Silvina y su esposo se preparaban para salir de casa, se dieron cuenta de que no pod铆an sobrepasar el umbral de la puerta. Las escaleras que daban acceso a la calle hab铆an sido arrancadas durante la noche. Sin la ayuda de los vecinos quedaban atrapados en casa, pues en el lugar de los escalones hab铆a un foso entre la puerta y la calzada. "La pareja fue obligada a comprar un peque帽o escal贸n que pas贸 a usar para poder entrar y salir de la habitaci贸n. "Algo que hac铆an a costa", cuenta Lu铆s Paisana, presidenta de la Asociaci贸n de Vecinos del Barrio Alto, que acompa帽贸 todo el proceso.

Derrotados, Silvina y su marido fueron "vivir a la tierra". El edificio fue completamente restaurado y ahora alberga a decenas de turistas j贸venes que visitan Lisboa. "Las personas mayores, sin formaci贸n y que no tienen conocimiento de las leyes son las m谩s fr谩giles. Y f谩cilmente manipuladas porque, en muchos casos, conf铆an en los se帽ores con quienes a lo largo de los a帽os tuvieron relaciones de confianza ", recuerda Lu铆s Paisana.

El caso de Silvina y del marido tiene demasiadas similitudes con el de Odete para poder ser considerado una excepci贸n a la regla. Odete es una anciana de 94 a帽os que es la 煤nica inquilina de un edificio en la Rua dos Fanqueiros, en la Baja. Sufr铆a represalias por no haber aceptado un aumento de renta de los 176 a los 825 euros, impuesto por el heredero del se帽or铆o. El nuevo gestor del edificio mand贸 retirar los pasamanos y los interruptores de las escaleras, impidi茅ndole salir de casa. Pero a diferencia de la pareja del Barrio Alto, Odete, que pidi贸 ayuda al gabinete jur铆dico de la junta de freguesia, opt贸 por quedarse, aguantando la presi贸n. Y s贸lo el orden de un juez la har谩 cambiar de ideas.

No son raros los brazos de hierro que terminan en casos de polic铆a, aunque, al contrario de lo que ya ocurri贸 en algunos pa铆ses europeos, no existan registros de delitos graves relacionados directamente con 贸rdenes de desalojos.

La PSP fue llamada varias veces a un edificio en el Callej贸n del Arco Oscuro, cerca del Terreiro do Pa莽o, por quejas de ruido y estragos causados 鈥嬧媝or obras ilegales a mitad de la noche, en ausencia de los inquilinos que rechazaron salir del edificio. Pero la polic铆a nunca consigui贸 atrapar a los trabajadores en flagrante, a pesar de que existen videos que comprueban su presencia en el lugar en el per铆odo nocturno. "Fuego por las traseras apenas se perciben de la presencia de los agentes", cuenta una fuente cercana al proceso.

En otro caso, en Benfica, un propietario decidi贸 asustar a los inquilinos ancianos, colocando fotograf铆as suyas en las cajas del correo en que aparece armado con cuchillos y pu帽ales, acompa帽ados de insultos y frases de contenido amenazador. El gabinete jur铆dico de la Asociaci贸n de Inquilinos de Lisboa est谩 analizando el proceso y plantea pedir la intervenci贸n del Ministerio P煤blico. En cuesti贸n est谩n los cr铆menes de amenazas e injurias.

"Hace dos meses, el se帽or铆o nos cort贸 el agua y la electricidad porque quiere verse libre de nosotros a la fuerza. "Vivo desde hace 53 a帽os y me gusta mucho, pero empiezo a cansarme de esta presi贸n", cuenta una inquilina que, a los 88 a帽os, est谩 obligada a subir y bajar las escaleras del edificio con pesados 鈥嬧媑arrafones de agua, a las oscuras y de linterna en la mano .

Ana Gomez

Ana G贸mez. Naci贸 en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a帽os. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi茅n me considero una Geek, amante de la tecnolog铆a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:聽https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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