Estados Unidos cambió el futuro de sus hijos por una visita al bar





Una breve historia de los √ļltimos cuatro meses en los Estados Unidos:





Expertos: no apresuren la reapertura, el problema a√ļn no ha terminado.
Donald Trump: ¬°LIBERACI√ďN!
Covid-19: ¬°Guau!
Subordinados de Trump: mira lo que dice nuestra investigación negativa sobre Anthony Fauci.

Y ahora nos enfrentamos a una elecci√≥n ag√≥nica: ¬Ņreabrimos las escuelas, creando el riesgo de una nueva explosi√≥n viral, o mantenemos a los ni√Īos en casa, con graves efectos negativos en su aprendizaje?

Nada de esto tenía que suceder. Otros países persistieron con sus medidas de bloqueo el tiempo suficiente para reducir el contagio a una tasa mucho más baja que la que prevalece aquí; La cantidad de muertes de Covid-19 en la Unión Europea, en términos per cápita, es solo el 10% de la registrada en los Estados Unidos, y está disminuyendo, mientras que la nuestra ha aumentado rápidamente. Como resultado, están en condiciones de reabrir sus escuelas con una seguridad razonable.

Y la experiencia de la regi√≥n noreste del pa√≠s, el primer epicentro de la pandemia en los Estados Unidos, muestra que podr√≠amos haber logrado resultados similares aqu√≠. El n√ļmero de muertos ha disminuido considerablemente, aunque sigue siendo m√°s alto que en Europa. El s√°bado, por primera vez desde marzo, la ciudad de Nueva York registr√≥ cero muertes por Covid-19.

¬ŅUn per√≠odo de confinamiento m√°s largo habr√≠a sido econ√≥micamente sostenible? Si.

Es cierto que los requisitos para una fuerte distancia social conducen a un alto desempleo y perjudican a muchas empresas. Pero incluso Estados Unidos, con su precaria red de seguridad social, ha logrado proporcionar asistencia suficiente a los afectados por el desastre, no vamos a llamar a estas medidas de estímulo, para proteger a sus ciudadanos de las consecuencias más graves.





Gracias principalmente a la ampliaci√≥n de los beneficios para los desempleados, la pobreza no se dispar√≥ durante el cierre. Algunos indicadores se√Īalan que incluso puede haber ca√≠do.

Es cierto que hubo brechas en la red de seguridad y muchas personas sufrieron. Pero podríamos haberlos reparado.

Sí, las medidas de emergencia cuestan mucho dinero, pero podemos pagarlo. El gobierno federal ha estado prestando grandes sumas, pero las tasas de interés siguen siendo históricamente bajas.

Podemos expresar la situaci√≥n de la siguiente manera: en su forma m√°s severa, el bloqueo habr√≠a reducido el PIB (Producto Interno Bruto) de los Estados Unidos en poco m√°s del 10%. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos gast√≥ m√°s del 30% de su PIB en defensa durante m√°s de tres a√Īos.

¬ŅPor qu√© no hubi√©ramos podido absorber un costo mucho menor durante unos meses?

Por lo tanto, hacer lo necesario para controlar el coronavirus habría sido molesto pero completamente factible.

Pero ese no fue el camino tomado. En cambio, muchos estados no solo se han apresurado a reabrir sino que lo han hecho est√ļpidamente. En lugar de ser tratados como una forma econ√≥mica y efectiva de combatir el contagio, las m√°scaras protectoras se han convertido en un frente en la guerra cultural. Las actividades que generaron un claro riesgo de alimentar la pandemia se liberaron sin control: se autorizaron grandes congregaciones de personas. Las barras reabrieron.

Y el costo de estas fiestas y bares abiertos va m√°s all√° de los miles de estadounidenses que morir√°n o sufrir√°n da√Īos permanentes en la salud como resultado del resurgimiento de Covid-19. La reapertura mal gestionada tambi√©n pone en riesgo algo que, a diferencia de la idea de beber en grupo, no puede suspenderse sin causar da√Īos a largo plazo: la educaci√≥n cara a cara.

Algunas actividades funcionan bien cuando se transfieren a Internet. Sospecho que la cantidad de personas que viajarán al otro lado del país para ver presentaciones de PowerPoint será menor en el futuro que antes de Covid-19, incluso cuando definitivamente hayamos derrotado al virus.

La educación no es una de esas actividades. Ahora tenemos una confirmación clara sobre algo que ya sospechábamos: para muchos estudiantes, quizás la mayoría de ellos, no hay sustituto para el estudio en el aula.

Pero las habitaciones llenas de estudiantes pueden convertirse en zonas de reproducci√≥n de la propagaci√≥n de la enfermedad, aunque la probabilidad de muerte por Covid-19 es menor entre los j√≥venes que entre las personas mayores. Otros pa√≠ses han logrado reabrir sus escuelas con relativa seguridad, pero lo han hecho con tasas de contagio muy por debajo de las que prevalecen hoy en los Estados Unidos, y con procedimientos de examen adecuados, que a√ļn no tenemos en muchos de los puntos focales de la enfermedad.

As√≠ que ahora nos enfrentamos a un dilema terrible e innecesario. Si reanudamos las clases presenciales, corremos el riesgo de alimentar una pandemia incontrolada. Si no, obstaculizaremos el desarrollo de millones de estudiantes estadounidenses, lo que infligir√° da√Īos en sus vidas y carreras a largo plazo.

Y la razón por la que estamos en esta situación es que los gobiernos estatales, alentados por Trump, se han apresurado a permitir grandes partidos y la reapertura de los bares. Estados Unidos literalmente cambió el futuro de sus hijos por un viaje al bar.

¬ŅY ahora? En este punto, el n√ļmero de estadounidenses infectados es probablemente tan alto como en marzo. Entonces, lo que debemos hacer es admitir que cometimos un error y volver a entrar en un estricto bloqueo, pero ahora escuchamos las recomendaciones de los expertos antes de reabrir. Desafortunadamente, es demasiado tarde para evitar la interrupci√≥n de la educaci√≥n, pero cuanto antes abordemos el problema, antes podremos volver a encauzar a nuestra sociedad.

Pero no tenemos el tipo de líderes que necesitamos. En cambio, tenemos figuras como Donald Trump y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, políticos que se niegan a escuchar a los expertos y nunca admiten que se equivocaron.

Entonces, si bien las autoridades han ajustado de mala gana algunas de sus políticas, la respuesta principal que estamos viendo al fracaso colosal de nuestra política es un intento histérico de echarle la culpa a otra persona. Algunas figuras del gobierno están tratando de manchar la reputación de Fauci, y otras se están sumergiendo en teorías de conspiración completamente locas.

Como resultado, nuestras perspectivas son sombr√≠as. La pandemia empeorar√° antes de mejorar y el pa√≠s sufrir√° da√Īos permanentes.

Financial Times, traducción de Paulo Migliacci

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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