Esta noche puede ser demasiado tarde





– Cuento contigo para mi vejez.





Declaró una amiga a otra amiga, en un ser de conversaciones profundas.

– ¡Y yo cuento contigo para toda la vida y más allá!

Respondió la otra, sin vacilar.

Muy nuevas las dos, guardaron esta frase para siempre. Llenas de complicidades y afinidades se mantuvieron fieles en la amistad y en la cercanía. Vivían en ciudades diferentes, pero se visitaban, pasaban vacaciones y muchos fines de semana en compañía de otros buenos amigos, en grupos más o menos alargados. Pasaron sucesivos años juntos, viajaron todos a otros países y ciudades, vivieron experiencias únicas y acumularon memorias que guardaban para esa otra vida más allá, que nadie sabe con certeza cómo será.

Tenían todo el tiempo por delante. Una de estas dos amigas ya tenía un hijo, pero la otra aún no estaba casada. Se enamoró más tarde y se casó muy apasionada. Se les dio tres hijos casi después. Una chica, un muchacho, una chica. Tres hijos que combinan la belleza de la madre y del padre, pero por encima de todo revelan lo mejor del amor, del gran amor entre los dos.

Pasaron trece años. Tal vez ni tanto. Pasó todo muy rápido, porque la vida es realmente acelerada. Un día los hijos se dormían con la certeza de que la madre no volvería esa noche, ni en la otra, ni en las que habrían de suceder. Tres noches y cuatro días en el hospital marcaron un tiempo que nadie esperaba, un tiempo brutal de sufrimiento, aturdimiento e incredulidad para todos, menos para los hijos, que empezaron por ser ahorrados a los acontecimientos torrenciales y, de esta forma, aún consiguieron permanecer razonablemente felices su ignorancia. Esperaba simplemente que la madre regresara del hospital.





No volvió. Y, de repente, todos estábamos abrazados unos a otros a llorar. Nuestra querida amiga murió nueva, demasiado joven, bonita, bonita, sin que ninguno de nosotros le pudiera valer. Una enfermedad galopante, fulminante. Dicen que puede suceder a cualquiera, pero no sabíamos y no estábamos preparados. Nunca estamos, sobre todo para estas muertes súbitas.

Bien nos pueden decir y repetir que muere temprano quien los dioses aman, que la frase no encuentra eco absolutamente ninguno en el momento del partido. Tampoco tiene sentido buscar explicaciones y, menos aún, dejar que el pensamiento vuelva incesantemente atrás, al primer momento del primer síntoma, para concluir que se ha ahorrado a muchos sufrimientos. Fue con certeza. Fue ciertamente ahorrada a un gran calvario, a una masacre sin fin, pero eso en nada ayuda a los adorados hijos y marido. No nos consuela a nosotros, los que la amábamos y la perdimos, los que quedamos para siempre sin ella y, de aquí en adelante, estaremos obligados a vivir sin su cálida presencia, sin su luz, sin su voz, sin su voz, sin su voz consejo.

Todo lo que se dice en estas alturas sabe a amargo. Y suena raro. La única pregunta que traemos en nosotros, incluso los que creen, es: ¿cómo es posible la vida terminar así, sin aviso, sin despedidas, de forma tan abrupta e irreal?

Vida breve. La vida es breve. Pasa corriendo. Sólo cuando nos sentimos sin pie, ahogándose en un tsunami de magnitud inabarcable, es que nos damos cuenta de que el mayor misterio es que hoy fue ella que partió de repente, pero mañana podemos ser nosotros. Incluso estando, como ella estaba, llena de alegría, espíritu, proyectos, sueños e hijos pequeños.

Nos murió y todos fuimos obligados a despedirnos de quien no nos fue dado tiempo absolutamente ninguno para despedidas. Parece que se quedó todo por hacer y casi todo por decir. Cuesta mucho.

En un instante todo en nosotros son lágrimas y memorias. Todavía la tenemos allí a nuestro lado, pero ya no está con nosotros, entre nosotros. Me duele verla tan nueva, tan bonita, allí acostada tan quieta. Era alegre y observadora. Vía el todo, como los pájaros vienen de lo alto, pero pensaba en profundidad. Era al detalle. Elegante, siempre elegante, era muy original. Nadie, como ella, combinaba colores y detalles. Podía dictar una moda. O todas las modas. Tenía amigas y amigos de todas las edades que la apreciaban por su singularidad. Era muy culta, respondía a muchas preguntas y nos daba dudas a todos.

Inimitable, irrepetible, inigualable, tenía criterios afinados y no le faltaba el coraje para estar en contracorriente. No pensaba como los demás, no actuaba según las expectativas de los demás, no esperaba de los demás que la comprendieran siempre. Era genuinamente buena. Verdadera y libre. Tenía sus cosas y sus manías, pero unas y otras le daban gracia y hacían de ella una referencia, pues sobre todo era una persona sensible y auténtica, sin poses ni máscaras. A veces incluso sin filtros, con una franqueza desconcertante.

Amaba a sus hijos ya su marido por encima de todas las cosas. Vivía para ellos, por ellos. Tengo la certeza de que no sería capaz de vivir sin ellos, y porque esta certeza me atravesó el espíritu más de una vez en estos días, me di a pensar que su partida prematura la ahorró al sufrimiento de las grandes pérdidas. No sirve de consuelo y tampoco tiene mucho sentido, pero me doy a pensar que no ha perdido ninguno de aquellos sin los cuales no sabría vivir. También a este sufrimiento se le ahorró.

Si ahora escribo sobre esta querida amiga a quien, tantos como yo, todavía tienen el impulso de llamar para conversar, para pedir consejo o, simplemente, a oír reír y preguntar por nuestras cosas, es para hacer memoria de alguien que me hace una falta (era una de mis mejores amigas), pero también para rendir tributo a todos los buenos amigos cuya amistad nos olvidamos de alimentar. Son tantas veces que cambiamos una visita por un sms o un abrazo por un whatsapp, y son tantas veces que aplazamos una conversación para después, que siento el irreprimible impulso de escribir para subrayar que mañana puede ser demasiado tarde. Hoy mismo podremos tener que despedirnos de alguien con quien contábamos para nuestra vejez.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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