En las redes sociales como en la vida





Tras el intento de golpe de Estado que tuvo lugar el 6 de enero en Estados Unidos, al todavía presidente Donald Trump se le prohibió la entrada a medios digitales como Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat o Youtube.





El argumento utilizado por los gestores de estos canales digitales tenía que ver con la vulneración de las políticas de uso, es decir, la incitación a la violencia y la difusión de mentiras, prácticas repetidas de Donald Trump en estos medios, pero que ahora alcanzaron su punto álgido con la incitación a la invasión. Capitol Building y el posterior discurso de disculpa por ese incidente sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos.

Tras esta prohibición, se alzaron voces críticas, diciendo que no se puede dejar a la discreción de los gestores de redes sociales lo que se pueda o no decir en esas mismas redes.

Lo cierto es que esta ya es una vieja discusión, sobre el problema de la fuerza (consecuencia misma de la estructura oligopólica de este mercado) que pueden tener las redes sociales para manipular las percepciones y comportamientos de las personas.

Además, se discute por qué las redes sociales serán una especie de realidad paralela sin ley, donde todos pueden decir todo, incluso lo que no pueden decir en otros medios o en público.

Seamos claros: los gestores de redes sociales siempre han impuesto sus deseos y han diseñado sus leyes. En las redes sociales, que no son más que servicios digitales prestados por empresas privadas, con el objetivo de lucrar, manda la voluntad de los propietarios.

En Instagram, Facebook o Youtube hay políticas muy claras en cuanto a la desnudez: aplicar un criterio puritano muy discutible, desde los genitales hasta los simples pezones femeninos (porque nadie censura a los varones) está totalmente prohibido, aunque sea la reproducción de un cuadro , una fotografía artística o una fotografía de ocio de una familia nudista.





Nunca he visto una conmoción especial por tal censura de la libertad de expresión. Al mismo tiempo, se toleran muchas imágenes de violencia y se permiten todo tipo de discursos insultantes.

Creo que es muy bueno discutir estas políticas y cuestionar el poder que tienen estas redes para alimentar mentiras o teorías conspirativas. Sin embargo, al final del día, son empresas privadas, con la libertad de definir las reglas de sus servicios.

Estoy en contra de las normas puritanas ya mencionadas. Pero no defiendo que las empresas tengan que cambiar sus reglas a mi gusto (Twitter, por ejemplo, ya no destierra la desnudez).

Al mismo tiempo, soy partidario de crear reglas para combatir la violencia, el insulto y la mentira. Pero mientras tanto, solo uso las redes sociales si quiero. Yo y todos.

Lo único que está por encima de las políticas de uso de redes es el derecho internacional. Y esto tiene que aplicarse en las redes como se aplica en la vida: castigar la calumnia, castigar el discurso de odio, castigar la propaganda nazi y fascista, castigar la incitación a la violencia o al suicidio, el bullying y todo tipo de delitos que puede suceder a través de las redes sociales, como podría suceder a través del teléfono, por ejemplo.

Ahora, una red social tiene todo el derecho a recibir y rechazar a quien quiera, como el dueño de un restaurante tiene derecho a no aceptar a nadie que vaya acompañado de un perro, que esté borracho o que esté alterando el orden del establecimiento. En los clubes nocturnos, por ejemplo, muchas personas hacen fila felizmente en el frío esperando poder entrar, y muchas veces no lo hacen. ¿Por qué no debería ser así en una red social?

Ya existen redes de citas para católicos, para homosexuales o para gente de izquierda. En estas redes sociales, aquellos que no cumplen los criterios iniciales no son bienvenidos. Al principio, Facebook era solo para estudiantes de una universidad determinada.

Esta peregrina idea de que Twitter será el canal oficial de comunicación política es absurda. Los políticos, especialmente los que están en el poder, tienen canales de comunicación propios y oficiales, no pueden depender de canales de terceros, es decir, de las redes sociales privadas. A lo sumo, crear una red social pública (ya que existen medios de comunicación públicos), donde los políticos tengan libre acceso, siempre y cuando cumplan con las reglas de la nación.

Curiosamente, en el caso de Donald Trump, solo logró ganar la Presidencia en 2016 gracias al uso maquiavélico y científico de estas redes sociales, dándose cuenta de lo que tenía que decir a diferentes públicos y alimentando la circulación de las mentiras que más le convenían, todas con cobertura. Cuidado compasivo de los gestores de estas redes, que siempre lo han permitido todo (en campaña y durante la presidencia).

A menudo se dice que quien vive por la espada, muere por la espada. Trump, un monstruo que vivió a través de las redes sociales, es bueno morir por ellas.

En el resto, no le demos demasiada importancia a las redes, pero inspeccionémoslas bien, para que lo que no está permitido en la calle tampoco lo esté en el mundo digital.

El autor escribe según la ortografía antigua.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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