El virus, la muerte y la ceguera.









De S√≥crates a Plat√≥n, de Schopenhauer y Nietzsche a Heidegger, no faltan reflexiones filos√≥ficas que buscan explicar nuestra relaci√≥n con la muerte y la forma en que determina nuestra existencia y nuestra relaci√≥n con el mundo. La conciencia de nuestra finitud, de ser un ¬ęser que camina hacia la muerte¬Ľ, a veces moldeada por la preocupaci√≥n, la angustia, la culpa, ahora alienada en los apetitos humanos o en la exorcizaci√≥n del sufrimiento, se encuentra en el anhelo por el infinito, en la liberaci√≥n del cuerpo. y en la utop√≠a de la eternidad, los t√≥nicos para superar los intentos que, aun as√≠, no resuelven una evidencia insuperable: la muerte f√≠sica es, para todos nosotros, una fatalidad inevitable. Si la muerte f√≠sica nos lleva a un vac√≠o, a la eternidad completa, o nos vuelve a cerrar en ciclos de retorno a una naturaleza reencarnada, es un misterio que queda por resolver, dejando espacio para el miedo y lo desconocido despu√©s de miles de a√Īos. A√ļn no podemos resolverlo.

¬ęAl d√≠a siguiente, nadie muri√≥¬Ľ. As√≠ comienza y termina un romance que anuncia el primer d√≠a del a√Īo, de cualquier a√Īo, en cualquier lugar, un nuevo tiempo sin muerte. Una muerte personificada, burocratizada y humanizada decide, por razones que solo le conciernen, suspender su trabajo durante largos meses, dejando a toda una poblaci√≥n aturdida, en crisis, ante el cambio absoluto de lo que deber√≠a ser, empujando a toda una sociedad hacia caos pol√≠tico, econ√≥mico y social y el desorden m√°s grave. Saramago, en el libro ¬ęAs Intermit√™ncias da Morte¬Ľ, nos hace esta propuesta audaz, alegre y controvertida. Una propuesta que expone los problemas de algo que aparentemente ser√≠a tan consensuado como suspender la Muerte. Adem√°s de las diversas provocaciones y citaciones √©ticas y morales que contiene el trabajo (y que no es nuestra intenci√≥n aqu√≠ resolver o reprender), Saramago merece ser le√≠do a la luz de la crisis actual, ya que transforma nuestra aspiraci√≥n por la inmortalidad (o el nuestro miedo a la muerte) en una distop√≠a donde su suspensi√≥n lleva a un pa√≠s imaginario a una profunda perturbaci√≥n y al colapso de las estructuras pol√≠ticas, sociales y religiosas.

¬ęThe Intermittences of Death¬Ľ est√° escrito en l√≠nea con el ¬ęEnsayo sobre la ceguera¬Ľ, una novela m√°s grande donde Saramago nos describe, aqu√≠ de una manera brutal y, digamos, no doctrinal, el colapso de una sociedad causada por un repentino e inexplicable epidemia que ciega a la poblaci√≥n, que se enfrenta a un enorme desaf√≠o de supervivencia ante una fatalidad repentina. Saramago nos invita aqu√≠ a reflexionar sobre el impacto que una ceguera colectiva puede tener en la supervivencia y la convivencia social, mostrando de manera cruda c√≥mo la degradaci√≥n √©tica, el autoritarismo y la indiferencia hacia los dem√°s est√°n ganando espacio como la misteriosa enfermedad. se hace cargo de los ciudadanos.

Saramago nos ofrece dos novelas que en su caricatura que nunca imaginamos podría ser tan terriblemente real, retratando cómo la aspiración de una eternidad sin muerte puede convertirse en un infierno, abriendo el espacio para el caos político, económico y social; y también mostrándonos cómo, ante circunstancias adversas, la ceguera de la razón saca lo peor del hombre, deshumanizándolo.

En las √ļltimas semanas, hemos tratado de alertar, en art√≠culos escritos aqu√≠ sobre el Observador, sobre el peligro que plantea la ceguera causada por el miedo, corroyendo el esp√≠ritu y el discernimiento individual y colectivo, y las decisiones condicionantes. Expresamos nuestra preocupaci√≥n por la demanda alienada de soluciones implacables y simplistas, inmediatas, dr√°sticas y m√°gicas, basadas en suposiciones no reales que ignoran la complejidad de la realidad, sus interdependencias y la multiplicidad de intereses leg√≠timos en juego. Intentamos se√Īalar la necesidad de comenzar a preparar la conciencia colectiva y cada uno de nosotros para el retorno a la normalidad, una nueva normalidad con restricciones naturales y por etapas, pero donde la mayor√≠a de nosotros tendremos que vivir con el virus y aceptar riesgos inevitables. Tambi√©n llamamos la atenci√≥n sobre las consecuencias que sufrir√≠amos si no consideramos el impacto de las medidas a tomar, reduciendo toda nuestra acci√≥n colectiva para combatir el virus.

En las √ļltimas semanas tambi√©n hemos comenzado a tener signos claros de las consecuencias que las decisiones de cierre y encierro tienen en la vida de los portugueses. Aqu√≠ en The Observer, podemos leer, por ejemplo, que hay estudios que indican que el a√Īo 2020 tuvo los √ļltimos diez d√≠as de marzo con m√°s muertes en los √ļltimos 12 a√Īos, donde un exceso de 702 muertes (el triple de muertes identificadas por COVID-19 en fecha) no puede explicarse en la pandemia del nuevo coronavirus. Tambi√©n hay inquietudes sobre la Orden de m√©dicos sobre la existencia de pacientes que dejan de tomar medicamentos o posponen tratamientos por temor a ser infectados en las unidades de salud, as√≠ como la existencia de personas que optaron por esperar varios d√≠as en casa despu√©s de sufrir un Accidente cerebrovascular que se niega a ser transportado al hospital.





Con respecto a la educaci√≥n, la decisi√≥n del Gobierno de mantener abierto el regreso a clases presenciales durante los a√Īos 11 y 12, e incluso durante esos a√Īos de manera limitada, tambi√©n plantea preguntas importantes sobre los impactos a corto, mediano y largo plazo. t√©rminos para estudiantes afectados. Si en la educaci√≥n superior estos impactos pueden ser, en la mayor√≠a de las √°reas, relativamente limitados por la posibilidad de sustituci√≥n por medio de la ense√Īanza no presencial, para los niveles de educaci√≥n restantes, los impactos ser√°n necesariamente pesados ‚Äč‚Äčy dif√≠ciles de limitar, especialmente para estudiantes de diferentes contextos. grupos sociales y familiares. Adem√°s del impacto en el aprendizaje, tenemos que considerar las p√©rdidas resultantes de la socializaci√≥n, los deportes e incluso los riesgos de abuso que aumenta el encierro y cuya se√Īalizaci√≥n lo hace m√°s dif√≠cil. Solo el clima generalizado de miedo puede explicar que, con los datos conocidos, a principios de abril se decida mantener una cuarentena educativa generalizada hasta junio. En vista de la incertidumbre que a√ļn existe, no ser√≠a aconsejable el regreso simult√°neo de todos los estudiantes a las escuelas, pero tendr√≠a sentido considerar y dejar abierta la posibilidad de un retorno gradual al mismo tiempo que se monitorean los efectos respectivos.

En otro sentido, hay estimaciones que apuntan a una recesi√≥n que puede fluctuar entre p√©rdidas de 2.7% y 20% del PIB, escenarios que nos empujan a la peor recesi√≥n que el pa√≠s haya experimentado en los √ļltimos tiempos (el PIB se contrajo 5.1 % en 1975 y 3,2% en 2009). La informaci√≥n que hemos recibido de Europa muestra que, a pesar del optimismo pol√≠tico y las grandes proclamaciones que, comprensiblemente, se hacen para el consumo interno, es poco probable que cada pa√≠s absorba gran parte de las p√©rdidas resultantes de la pandemia.

Intentar suspender la muerte suspendiendo a un pa√≠s entero puede ser un deseo latente, pero en s√≠ mismo es una imposibilidad, un absurdo, y tambi√©n refleja una profunda ceguera y deshumanizaci√≥n. Podemos aceptar medidas restrictivas, incluido el confinamiento, en respuesta a las necesidades provisionales de reorganizaci√≥n de los servicios de salud y retrasar la propagaci√≥n del contagio, pero esto no puede cambiar y escalar, como ha sido el caso, para convertirse en la forma estructurante c√≥mo enfrentamos la adversidad y enfrentamos un virus. Muchos de los que ahora se han paralizado y est√°n disponibles para capturar o entregar las libertades para operar esta ¬ęlucha contra el virus¬Ľ, lo hacen desde una posici√≥n c√≥moda, en muchos casos, ilusoriamente c√≥moda, olvidando que las crisis tienen impactos asim√©tricos.

Cuarentenas y confinamientos no son todos iguales. Y hacen m√°s da√Īo a los m√°s pobres y fr√°giles, as√≠ como a todos aquellos que no tendr√°n los medios u oportunidades para reconstruir las vidas que pueden estar desorganizadas o destruidas. Un estudio importante y oportuno realizado por el Centro de Estudios de Encuestas y Opiniones de la Universidad Cat√≥lica destaca precisamente estos efectos profundamente asim√©tricos del encierro. Sobre la base de una muestra representativa de la poblaci√≥n portuguesa, se concluye, por ejemplo, que ¬ęla proporci√≥n de [j√°] vieron que una reducci√≥n en los salarios al final del mes es m√°s alta entre aquellos que ganaron menos: el 43% de aquellos que ten√≠an un ingreso de hasta 1,000 euros por mes perdieron ingresos ‚ÄĚ. Sin olvidar que ser√°n los j√≥venes en busca de su primer trabajo, los trabajadores precarios, los trabajadores independientes y menos calificados, los inmigrantes y los peque√Īos empresarios, los comerciantes y los agricultores los m√°s castigados por la crisis.

El discurso dominante simplista y aparentemente altruista, que requiere ¬ęla colaboraci√≥n de todos¬Ľ, ¬ęmovilizaci√≥n general¬Ľ, la socializaci√≥n de los da√Īos y que promete que ¬ętodo estar√° bien¬Ľ, contiene de hecho un profundo ego√≠smo: el de ignorar que tenemos la obligaci√≥n moral de asumir gradualmente algunos riesgos para poder cancelar el da√Īo que resulta hoy del encierro y minimizar el da√Īo que inevitablemente resultar√° de una recesi√≥n importante. Es cierto que todav√≠a hay un margen sustancial de incertidumbre, pero con los datos que ya conocemos, no es racionalmente aceptable que sigamos exigiendo de manera tan poco cr√≠tica el sacrificio de nuestro presente y nuestro futuro para combatir una amenaza concreta. , creando condiciones significativas de vulnerabilidad para enfrentar todas las amenazas restantes que enfrentamos.

Despu√©s de llamar a la sociedad a ser ¬ęguerrillas de sof√°¬Ľ, se requiere un llamamiento para que se levante gradualmente, los que est√°n sentados, los apoyan y cada uno asume los riesgos apropiados para su propia condici√≥n, y regresa con prudencia. pero tambi√©n con sentido de responsabilidad, a una posible normalidad. La crisis que estamos cavando ser√° la que tendremos que soportar. En la vida En sue√Īos destruidos o pospuestos. Podemos cerrar los ojos pero, aquellos que a√ļn no son ciegos, tenemos la obligaci√≥n de advertir: nadie enfrentar√° la crisis por nosotros.

Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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