El virus del nacionalismo





La crisis pand√©mica por la que atraviesa el mundo, que sin duda comenz√≥ como una crisis de salud p√ļblica, ahora se reconoce ampliamente que r√°pidamente se convirti√≥ en una crisis financiera, econ√≥mica y social.





Como resultado de las medidas que se adoptaron en todas partes para combatir una nueva enfermedad de la manera m√°s efectiva posible, a√ļn sin vacuna ni cura, las econom√≠as mundiales quedaron pr√°cticamente paralizadas, la mitad del mundo estaba confinada a sus hogares, la producci√≥n de bienes y los servicios se resentieron de inmediato, pronto surgieron la escasez, las dificultades y las necesidades econ√≥micas, y los estados en general no consideraron los medios o recursos para inyectar en sus econom√≠as nacionales fondos astron√≥micos como nunca antes, como si se tratara de la reconstrucci√≥n de un verdadero conflicto militar del que habl√°bamos.

Como resultado de esto, salvo por otra y mejor opini√≥n, el mundo se recuperar√° mucho m√°s r√°pido de la verdadera crisis de salud p√ļblica inicial y resolver√° primero el problema de la pandemia que todos los dem√°s que se han unido a √©l. Puede parecer una verdadera paradoja, pero estamos realmente convencidos de eso.

Mientras tanto, sin embargo, mientras algunos se ocupan de la salud p√ļblica y otros ya est√°n preocupados por el d√≠a siguiente y las consecuencias financieras, econ√≥micas y sociales del mismo, comienzan a hacer las primeras cuentas sobre el costo efectivo de la pandemia para diferentes Estados , hubo impl√≠cita y subrepticiamente algunos cambios y transformaciones pol√≠ticas que el analista no puede ignorar o dejar de mencionar.

El primero y m√°s relevante de todos tiene que ver con un claro refuerzo de los nacionalismos. Las fronteras estaban cerradas, cada Estado y cada gobierno se preocupaban solo por la situaci√≥n experimentada en su territorio, ignoraban, cuando no contradec√≠an, las solidaridades internacionales acordadas e incluidas en los tratados internacionales, se crearon obst√°culos al libre comercio internacional, se encontraron situaciones de competencia pura y dura entre estados que contin√ļan afirmando ser aliados.

Por otro lado, pocos o ninguno han tratado de abordar el problema a escala transnacional. El ejemplo de la Uni√≥n Europea fue, una vez m√°s, tristemente paradigm√°tico. En un bloque pol√≠tico-econ√≥mico de unos 400 millones de ciudadanos, pocos o ninguno estaban preocupados por la lucha global y concertada contra la pandemia. ¬ŅPodr√≠as haberlo hecho? Creemos que s√≠, a pesar de las limitaciones de las que la Uni√≥n es consciente en t√©rminos de competencias en el √°mbito de la salud p√ļblica, donde se le hace referencia a un papel complementario en relaci√≥n con las pol√≠ticas de sus Estados miembros.

Lo que es seguro es que, en la Europa de la Unión, para combatir una amenaza como la que surgió, no había una estrategia general, una visión global sobre la mejor manera de enfrentar el virus, antes de que hubiera 27 estrategias nacionales diferentes, a menudo contradictorias entre sí mismo.





La preocupaci√≥n de los l√≠deres del turno fue, sin duda, la de tratar de curar y cuidar a sus ciudadanos, teniendo poco o nada que ver con lo que estaba sucediendo en el Estado vecino o en la Uni√≥n en su conjunto. ¬ŅPodr√≠a haber sido diferente? Si, podria; podr√≠a y deber√≠a. Sin descuidar las situaciones dom√©sticas y la atenci√≥n que el caso merec√≠a en sus Estados, podr√≠a haber quienes se hab√≠an preocupado por la situaci√≥n global, con el panorama general, honrando los principios fundamentales de los tratados a los que se suscribieron.

Lamentablemente, nada de esto sucedió. La visión puramente nacionalista terminó imponiéndose, cada uno trató de salvar su propia casa, independientemente del estado de la casa del vecino, como si ambas opiniones fueran mutuamente excluyentes, lo cual es manifiestamente falso.

Pero esta deriva nacionalista fue acompa√Īada por otras peque√Īas manifestaciones que no se pueden olvidar. De inmediato, y en gran parte debido al discurso oficial chino, que se encuentra en una fase de autojustificaci√≥n de sus responsabilidades en la propagaci√≥n de la enfermedad, la tesis: ¬°falso! – que los reg√≠menes autoritarios eran m√°s capaces y m√°s capaces de combatir una crisis de esta magnitud que las llamadas democracias liberales occidentales.

El error de la declaraci√≥n es, a todas luces, evidente. Pero a√ļn es sintom√°tico ver que, en algunos estados llamados afluentes de esta democracia liberal occidental, nos hemos enfrentado a ligeras aproximaciones al principio.

Hubo parlamentos que cerraron; otros han disminuido sustancialmente su actividad; los poderes ejecutivos aprovecharon la oportunidad para reforzar sus poderes y competencias de una manera absolutamente inconstitucional (no necesitamos ir muy lejos: ver el caso de Espa√Īa); Los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos han sido incomprensiblemente comprimidos y cuestionados√≠dem); El poder judicial a menudo ha renunciado a muchos de sus poderes en muchos casos mucho m√°s all√° de lo previsto en la legislaci√≥n (y Portugal es, lamentablemente, un caso paradigm√°tico con nuestro sistema judicial pr√°cticamente paralizado y una actividad de control nulo de constitucionalidad de gran parte de la legislaci√≥n aprobada, incluso en casos donde las inconstitucionalidades son demasiado evidentes).

En otras palabras, y en resumen: no pensemos que hemos estado viviendo solo bajo los efectos de una pandemia de crisis de salud p√ļblica (que se superar√°) y que generar√° inevitables consecuencias financieras, econ√≥micas y sociales. Tambi√©n generar√° consecuencias pol√≠ticas que seguir√°n teniendo repercusiones en los tiempos por venir y que sin duda afectar√°n a nuestras democracias.

El rescate de nuestras democracias es algo que no puede dejar de estar sobre la mesa de todos aquellos llamados a pensar en la reconstrucción de nuestros Estados en un mundo pospandémico. Esta reconstrucción no solo será financiera, económica y social. También tendrá que ser político y deberá involucrar el rescate de las democracias liberales occidentales.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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