El trauma impregna la vida del hombre que salvó a su hijo en la masacre de Nueva Zelanda





A menudo ve a su hijo de tres a√Īos maldecir al mundo, gritar ¬ęQuiero irme a casa¬Ľ y cubrirse los ojos para no ver a nadie como los musulmanes que fueron asesinados a su lado.





A veces abraza a su hijo con fuerza. Pero en general, se siente culpable por llevar a su hijo a la mezquita donde los disparos terminaron la oración del viernes y por no evitar que lo golpeen.

¬ęVi humo saliendo de un agujero en su pa√Īal¬Ľ, dice Zulfirman Syah, recordando el d√≠a en que un francotirador ingres√≥ a dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, hace un a√Īo, matando a 51 personas e hiriendo a docenas m√°s, incluidos √©l y su hijo. ¬ęNo pude protegerte¬Ľ.

Syah, un artista con ojos oscuros y desganados, sabe que la culpa es irracional; no pudo ayudar a su hijo porque estaba inconsciente despu√©s de zambullirse sobre el ni√Īo y recibir un disparo en la espalda y la ingle.

Pero el terrorismo deja heridas en cuerpos y mentes. Para Syah, su esposa, Alta Sacra, y su hijo, Roes, los √ļltimos 12 meses han sido definidos por la angustia que retrocede y luego regresa con fuerza.

El dolor llega cuando tienen que lidiar con un sistema de atención médica que les permite valerse por sí mismos. Cuando se enfrentan a teóricos de la conspiración que usan un video de Syah para negar la realidad.

Cuando la psique lesionada de su hijo los aleja de la normalidad. Y ahora, cuando el aniversario del ataque el 15 de marzo de 2019 les da otro shock emocional.





Su dolorosa experiencia apunta a fuerzas que el mundo a√ļn no ha contenido: armas, tecnolog√≠a y racismo.

En su vida cotidiana, documentada en varias visitas de un reportero y fotógrafo del New York Times, la historia es más simple. Es un amor terco que lucha contra un trauma que no desaparecerá.

¬ę¬ŅCrees que el analg√©sico funcion√≥?¬Ľ, Pregunt√≥ la enfermera unos d√≠as despu√©s del ataque. Syah niega con la cabeza. √Čl est√° acostado en una cama de hospital en Christchurch.

La enfermera se quita el vendaje que cubre su espalda y revela un agujero rojo y h√ļmedo del tama√Īo de una pelota de tenis.

Al examinar la herida con lo que parece una pajita estrecha, sigue un camino sinuoso de unos 30 cm dentro de su cuerpo, uno de los muchos signos que llevan a los médicos a creer que el francotirador usó balas de punta hueca, que desgarran más la carne. que la munición ordinaria

Syah, de 41 a√Īos, un pintor cuyas obras fueron exhibidas en una galer√≠a respetada en su Indonesia natal, trata de no ser una molestia para su esposa.

Sacra, de 35 a√Īos, maestra de Delaware (EE. UU.), Es m√°s acalorada y exigente con un sistema de salud que nunca ha visto tantas heridas de bala.

Lo que enfrentan juntos es un conjunto complejo de lesiones. Adem√°s de la espalda, las balas atravesaron el muslo de Syah, su codo, parte de su pene y escroto.

Al igual que muchas otras v√≠ctimas, son inmigrantes en esta ciudad de 380,000 habitantes, atrapados entre las monta√Īas y el Pac√≠fico azul.

Llegaron con visas de trabajo temporales dos meses antes del ataque, se casaron tres a√Īos despu√©s de que se conocieron a trav√©s de una aplicaci√≥n de boda musulmana. ¬ęAlta vino a m√≠ como un regalo de Dios¬Ľ, dice Syah.

Su versión es menos mística. Es hija de cristianos fundamentalistas, se casó joven, se divorció, se mudó a Bali, se convirtió al Islam, conoció a su esposo, se casó y tuvo Roes (pronunciado Rou-is).

La parte feliz de la familia ¬ęsucedi√≥ muy r√°pido¬Ľ, dice ella.

Y es con eficiencia que pretende preservarlo. En un minuto, se detiene en la tienda a comprar una tableta para que su esposo pueda ver pel√≠culas y conectarse; el otro est√° en su habitaci√≥n, poniendo ung√ľento en sus labios agrietados, bromeando acerca de c√≥mo espera que √©l sostenga sus g√©rmenes.

Sin embargo, cuando regresó a casa dos semanas después del ataque, ella luchó.

Syah llegó al departamento de dos habitaciones en el primer piso, con equipo que drena el pus de la herida en su espalda, pero el hospital olvidó incluir un portero.

Tambi√©n tiene un cat√©ter, pero vino sin instrucciones, lo que provoc√≥ fren√©ticas b√ļsquedas en YouTube.

Tampoco hay un plan claro para su medicaci√≥n, o para terapia f√≠sica o psicol√≥gica. ¬ęNo hay nada en los documentos del hospital que me diga qu√© hacer¬Ľ, dice Sacra.

Mientras Syah est√° acostada en la cama, tratando de atraer a Roes con chocolate, Sacra intenta organizar la terapia para su hijo y conseguir un m√©dico general para su esposo. Lo que m√°s lo consume es lo m√°s elemental: ¬Ņy si muere?

Una noche, unas semanas despu√©s, la presi√≥n se hizo demasiado fuerte. Ella grita por su esposo, por su hermana mayor, Leah Sacra, quien vino de los Estados Unidos para ayudar, y al mundo. ¬ęMe voy a cortar el cuello¬Ľ, grita.

Su hermana se sienta con ella cuando cae al suelo y llora. ¬ęMe siento como un fracaso¬Ľ, dice Alta. ¬ęNo soy una buena madre. No soy una buena esposa¬Ľ.

La noticia de que Syah salvó a su hijo se extendió rápidamente por Indonesia y los Estados Unidos, con una mezcla de artículos un tanto precisos y publicaciones en las redes sociales.

Para Sacra, parece ser una tragedia invasiva; las personas distantes se sienten bien y las personas traumatizadas se sienten usadas. Pasa horas enviando mensajes a fuentes, plataformas, la policía y el FBI, pidiendo que se eliminen las imágenes y publicaciones.

Cuando ocurri√≥ la masacre, Sacra estaba preparando el almuerzo. Recibi√≥ una llamada de su esposo, quien cay√≥. Ella volvi√≥ a llamar. ¬ęSolo escuch√© sonidos horribles¬Ľ, dice ella. ¬ęGente en agon√≠a¬Ľ.

Hubo oraciones mezcladas con llanto, árabe mezclado con inglés.

¬ęDi algo, di algo¬Ľ, recuerda haber gritado. ¬ę¬°Solo una palabra!¬Ľ ¬ęCaos, caos, caos¬Ľ, respondi√≥ su esposo. ¬ęEstaba herido¬Ľ.

El teléfono se quedó en silencio. Syah se había desmayado en la alfombra. En el video, Roes tira de su padre, tratando de subirse a su cuerpo y alejarse de un hombre en un refugio gris que está a centímetros de distancia, y parece muerto.

Roes fue alcanzado por la metralla. Recibi√≥ puntos de sutura en las nalgas y las piernas. Si no fuera por tu padre, hubiera sido peor. ¬ęHice lo que cualquiera hubiera hecho¬Ľ, dice Syah.

Pero no puede evitar preguntarse si podría haber hecho más. Se sienta en unas almohadas adicionales en el sofá, el mismo sofá donde su esposa estaba luchando contra las teorías de la conspiración.

Al principio, Roes llevaba gafas de sol en el interior. Cuando su padre regresó del hospital, lo miró, luego evitó su mirada y se mantuvo alejado del hombre que lo acostaba todas las noches.

Lo que más odia Roes es ver a su madre o padre tirado en la alfombra, lo que claramente le recuerda el tiroteo. Pero las caras y los objetos también lo perturban. Un día, la policía trajo los zapatos que había dejado en la mezquita, y los zapatos se convirtieron en uno de sus muchos factores desencadenantes.

La cura, para todos ellos, es lenta e incompleta. Una semana después del tiroteo, una enfermera llena formularios para poner a Roes en actividades de terapia de arte.

Pero no lo hace. Se cancelan las consultas. Se cae entre las grietas.

Luego, en junio, Sacra ¬ęse vuelve loca¬Ľ. Busca a alguien en Nueva Zelanda que practique una terapia de narraci√≥n de cuentos conocida como desensibilizaci√≥n y reprocesamiento del movimiento ocular, en la cual el trauma se recuerda en dosis breves mientras un terapeuta distrae ligeramente al paciente.

La Dra. Allister Bush, una psiquiatra infantil en Wellington, responde de inmediato a su correo electrónico.

√Čl le pide que escriba la historia de su familia para Roes, pasando de un comienzo c√≥modo a los momentos de trauma a su vida actual de amor y seguridad.

¬ęUn d√≠a, Roes levant√≥ la vista y vio a mam√° tirada en el suelo¬Ľ, escribe en ingl√©s e indonesio. ¬ę√Čl era ‘takut’ [assustado] y dijo: ‘¬°Mam√° no se acuesta! ¬°Mam√° no se acuesta! Pero todo estaba bien, mam√° estaba cansada ¬ę.

Cuando ella le lee la carta completa en la primera sesi√≥n con Bush, Roes participa, pero se irrita. La segunda vez, sin embargo, el ni√Īo parece estar al borde de las l√°grimas. Para su madre, el dolor parece progreso.

Pero el problema no desaparece. Incluso despu√©s de las sesiones con un terapeuta local, incluso despu√©s de mudarse a un nuevo hogar con paredes blancas y tragaluces, Roes contin√ļa comport√°ndose de manera confusa.

Algunos d√≠as juega sin incidentes. Ponte los zapatos como cualquier ni√Īo de 3 a√Īos. Pero tambi√©n hay episodios inesperados de ira. Sin embargo, la angustia se disipa lentamente.

Sacra va a terapia para el trastorno de estrés postraumático. Ella comenzó un nuevo trabajo como defensora de la salud mental, poniendo su enfoque intransigente en el trabajo para los demás.

La rutina de Syah comienza con oraciones al amanecer. Prepara el desayuno para Roes, luego monta su bicicleta a la clase de ingl√©s o pinta en el garaje. La √ļnica pieza que ha terminado desde el tiroteo se titula ¬ęMomentum¬Ľ.

Roes ya no aparta la vista de su padre. Por lo general, toma un libro llamado ¬ęPor favor, oso de peluche¬Ľ, que cuenta la historia de un padre que le ense√Īa a su hijo sobre la amistad.

Hacia el final, cuando el oso da un abrazo, a Roes le gusta huir, y luego regresar a los brazos de su padre, exprimiendo la culpa restante.

El fin de semana pasado, Syah y Roes se quedaron dormidos en una alfombra gris suave en casa. Con los cuerpos abraz√°ndose, el padre abrazando a su √ļnico hijo, fue una secuencia maravillosamente com√ļn el 15 de marzo.

Esta vez no hubo armas ni heroísmo. Solo paz

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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