El presidente venezolano, Hugo Chávez,



Cuando Lula y FHC llegaron al poder, ambos corrieron para ajustar el Itamaraty a sus promesas de campaña.

En los dos casos, hubo ocupación de la máquina con embajadores simpatizantes, y el Planalto operó para garantizar que las ideas del presidente crear la raíz institucional lo suficientemente fuerte para atravesar las vicisitudes de un mandato.

Petista y tucano apostaron por el fortalecimiento de la burocracia, utilizándola como instrumento para aumentar el prestigio del mandatario en el país y en el exterior. El Itamaraty empoderado era una herramienta formidable en la mano de un presidente ambicioso y lleno de ideas.



No es así con Bolsonaro. El presidente abrió la mano de construir un consenso tecnocrático y de que se valiera. En vez de eso, el grupo que está en el poder operó desde el principio para impedir que la máquina impusiera límites a las ideas revisionistas prometidas en la campaña.

El gobierno ataca a Itamaraty porque, ahora, un ministerio fuerte podría contener y barrar las propuestas exóticas que circulan en el Planalto.

El bolsonarismo entiende la dinámica del juego. "El cuerpo diplomático", concluyó el asesor presidencial Felipe Martins, "tendrá que ser observado de cerca y encabezado por un diplomático que tenga la capacidad de evitar que sus subordinados, macaqueando el 'deep state' americano, se conviertan en un factor desestabilizador del gobierno Bolsonaro".

"Lo que yo escucho hablar", afirmó a continuación Eduardo Bolsonaro, "es que Itamaraty es uno de los ministerios donde está más arraigada esa ideología marxista y donde habría una mayor repulsa al presidente".

No sorprende, por tanto, que Bolsonaro haya escogido para ministro del Exterior a alguien para defender al gobierno ante una burocracia hostil y arriesgada, y no para coser un consenso favorable a las tesis del Planalto.

El canciller modificó el organigrama del ministerio, hizo ajustes al currículo del Instituto Rio Branco, sacó de puestos cómodos viejos exponentes del tucán-petismo y premió a individuos dispuestos a mostrar fidelidad al nuevo orden.

En ningún momento, sin embargo, apostó las fichas en construir una comunidad de diplomáticos comprometidos con la concepción bolsonarista de relaciones exteriores y así institucionalizar las ideas de política exterior de derecha que el candidato consagró en las urnas.

No hubo apuesta en la construcción institucional, pues, para hacer algo de esa naturaleza, las ideas de política exterior, incluso discutibles, tendría que hacer algún sentido, ofreciendo perspectiva política futura a los diversos intereses brasileños.

Sin doctrina diplomática para llamar la suya, el gobierno continuará en la misma dirección, destruyendo la capacidad del Itamaraty de contener, retardar o obstaculizar la agenda revisionista, sin capacidad de poner una alternativa en el lugar.


Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *