El pasado secreto de un príncipe que vivía aislado en un palacio forestal en India





Una tarde de primavera de 2016, mientras trabajaba en India, recib√≠ un mensaje telef√≥nico de un ermita√Īo que viv√≠a en un bosque en medio de Delhi.





Ya sab√≠a sobre la familia real de Oudh. Ella era uno de los grandes misterios de la ciudad. Su historia se transmiti√≥ entre los vendedores de t√©, los conductores de tuk tuk y los comerciantes de la vieja Delhi: en un bosque, dijeron, en un palacio apartado de la ciudad circundante viv√≠an un pr√≠ncipe, una princesa y una reina que ser√≠an los √ļltimos descendientes de un Famosa l√≠nea de sangre real musulmana chi√≠ta.

Hubo diferentes versiones de la historia, dependiendo de quién la contó. Algunas personas dijeron que la familia Oudh había vivido en el palacio desde que los británicos anexaron su reino en 1856, y que el bosque había crecido alrededor del palacio, cuidándolo. Para otros, era una familia de genios, seres sobrenaturales del folklore árabe.

Una cosa era segura: no quer√≠an compa√Ī√≠a. Viv√≠an en un pabell√≥n de caza del siglo XIV, que ellos mismos rodearon con alambre de p√ļas y perros salvajes. Pero cada pocos a√Īos la familia acord√≥ recibir a un periodista, siempre extranjero, para escuchar sus quejas contra el estado.

Los periodistas salieron del palacio con relatos deliciosamente macabros. En 1997, el pr√≠ncipe y la princesa le dijeron al London Times que, en un √ļltimo gesto de protesta contra la traici√≥n de Gran Breta√Īa e India, su madre se hab√≠a suicidado al tomar veneno hecho de diamantes y perlas desmenuzadas.

Pod√≠a entender por qu√© estas historias se hicieron eco. El pa√≠s estuvo marcado por un trauma, la traici√≥n √©pica de la conquista brit√°nica y luego el derramamiento de sangre de la partida brit√°nica, conocida como la Partici√≥n, en la que una parte de la India fue tomada para formar Pakist√°n, desatando agitaciones de violencia entre hind√ļes y musulmanes.

Al exponer su propia ruina, esta familia era una representación física de todo lo que India había sufrido.





El d√≠a despu√©s de recibir el mensaje, llam√© al n√ļmero de tel√©fono. Despu√©s de que el tel√©fono son√≥ varias veces, alguien respondi√≥. Escuch√© una voz d√©bil y temblorosa desde el otro lado.

El lunes siguiente le ped√≠ a nuestro conductor que me llevara al bosque a las 5:30 p.m., seg√ļn las instrucciones.

La persona en el teléfono me dijo que dejara el auto al final de la calle y me acercara solo. Esto no me sorprendió: era bien sabido que la familia Oudh se negó a encontrarse con indios. Le pedí al conductor que me esperara en la distancia y me paré en el bosque, un poco incómodo, sosteniendo mi cuaderno en la mano y tratando de adivinar lo que vendría después.

Los arbustos se movieron y apareció un hombre.

Era delgado con rasgos delicados y vestía jeans de cintura alta. Tenía los pómulos altos, las mejillas hundidas y el cabello gris y erizado.

"Soy Cyrus", dijo el pr√≠ncipe. Era su voz delgada lo que hab√≠a escuchado en el tel√©fono. Hablaba en peque√Īos comienzos, como una persona que pasaba la mayor parte del tiempo sola.

Luego se volvi√≥ y me condujo al bosque. Trat√© de seguirle el paso, pisando una mara√Īa de espinas y ra√≠ces de √°rboles. Sub√≠ unos escalones por una gran escalera de piedra que conduc√≠a al antiguo pabell√≥n de caza. El lugar estaba medio arruinado, a la intemperie, y rodeado por una rejilla met√°lica.

Entr√© en un escenario de austera grandeza medieval: una c√°mara de piedra, casi vac√≠a, pero con palmeras de cobre en macetas a lo largo de sus paredes y piso de alfombra desgastada, que alguna vez hab√≠a sido elegante. En la pared hab√≠a una pintura al √≥leo de la madre del pr√≠ncipe con t√ļnicas oscuras y voluminosas, con los ojos cerrados como en trance.

Mi idea era entrevistar al príncipe y escribir el informe. Cuando le pregunté por su familia, se lanzó a un discurso agitado sobre la traición de los gobiernos británico e indio.

"Me estoy encogiendo", dijo. “Nos estamos reduciendo. La princesa se está encogiendo. Nos estamos reduciendo ".

Cuando le pregunté si podía publicar la entrevista, él dudó. Para eso, explicó, necesitaría el permiso de su hermana, la princesa Sakina, que no estaba en Delhi. Tendría que volver.

La historia comenzó con su madre. Apareció en la plataforma de la estación de autobuses de Nueva Delhi a principios de la década de 1970, aparentemente de la nada, anunciando que era Wilayat, el begum de Oudh (título real o aristocrático).

Oudh (pronunciado u-vud) era un reino que ya no existe. Los británicos lo anexaron en 1856. Su capital, Lucknow, nunca se recuperó del trauma. El corazón de la ciudad todavía está formado por los santuarios y palacios de Oudh.

Begum anunci√≥ que no abandonar√≠a la estaci√≥n de tren hasta que estas propiedades fueran devueltas. Se instal√≥ en la sala VIP de la estaci√≥n, donde descarg√≥ alfombras, plantas en macetas, un juego de t√© de plata esterlina, sirvientes nepaleses uniformados, palomas alemanas. Tambi√©n tuvo dos hijos adultos, el Pr√≠ncipe Ali Raza y la Princesa Sakina, que parec√≠an tener poco m√°s de veinte a√Īos y la trataban por "su alteza".

Los corresponsales extranjeros llegaron uno tras otro, y los lectores comenzaron a enviar cartas de todo el mundo expresando su indignación por la difícil situación de Wilayat. Esto impuso condiciones estrictas para las entrevistas: "solo podía fotografiarse con la luna menguante", anunció United Press International, que los periodistas aceptaron, amando la rareza gótica de todo.

En 1984 los esfuerzos de Begum dieron sus frutos. El primer ministro Indira Gandhi acept√≥ el reclamo de la familia y le dio el pabell√≥n de caza del siglo XIV conocido como Malcha Mahal. Begum y sus hijos salieron de la estaci√≥n de tren aproximadamente una d√©cada despu√©s de aparecer por primera vez all√≠. Wilayat nunca fue visto en p√ļblico otra vez.

Cuando mis conversaciones con el príncipe habían durado nueve meses, viajé a Lucknow, la gran ciudad del norte de la India que fue la cuna de la dinastía Oudh. Fui allí para cubrir un asunto no familiar, pero sabía que Cyrus había vivido en la ciudad con su madre y su hermana en la década de 1970, así que fui a un vecindario donde escuché que los descendientes de los habitantes de Oudh todavía vivían.

All√≠, para mi sorpresa, los residentes mayores recordaron a Cyrus y su familia. Pero me dijeron, casi a un lado, que eran vistos como impostores. Los descendientes de los Oudh en Kolkata, donde el √ļltimo nabo de Oudh muri√≥ en el exilio, tambi√©n hab√≠an rechazado su reclamo. Y hab√≠a preguntas que el propio Cyrus no parec√≠a capaz de responder. ¬ŅD√≥nde naci√≥ √©l? Quien era tu padre Y por cierto, ¬Ņc√≥mo se desmoronan los diamantes?

Una noche, Cyrus me llam√≥, llorando e ininteligible, para decirme que su hermana hab√≠a muerto siete meses antes. No se lo hab√≠a dicho a nadie. √Čl mismo hab√≠a enterrado el cuerpo. Hab√≠a pasado meses minti√©ndome sobre ella y parec√≠a estar un poco avergonzado por eso. Dijo que nunca deber√≠a volver a visitarlo y coment√≥ que estaba muy solo.

Esperé unos días y luego regresé al palacio con un McFish de McDonald's. Nuestra relación parecía reconstruirse. Incluso dijo que podía escribir algo sobre él siempre que no entrara en demasiados detalles.

"Tengo que decir la verdad", le dije.

"Est√° bien, tienes que decir la verdad", dijo.

Hab√≠amos estado debatiendo el problema durante 15 meses, y pronto me iba de la India para comenzar a trabajar en una nueva publicaci√≥n. En nuestras √ļltimas discusiones, trat√© de convencerlo de que revelara algo sobre sus or√≠genes, cualquier cosa, de hecho, mientras trataba de eludir.

La √ļltima vez que hablamos, unas horas antes de abordar un vuelo a Londres, Cyrus me pregunt√≥ c√≥mo alguien podr√≠a advertirme cuando muriera. Le pregunt√© si ten√≠a la intenci√≥n de suicidarse.

"Por el momento tengo la intención de preservarme", respondió.

"Genial", dije. "Entonces te encontraré de nuevo".

Creo que lo abrac√© adi√≥s. Fue la √ļltima vez que lo vi.

Tres meses después estaba en un aeropuerto cuando supe que Cyrus había muerto. Recibí la noticia en Facebook de un amigo de la BBC.

Fueron los guardias en el puesto militar de al lado, lo llamaron "rajah" o rey, quienes luego contaron cómo había muerto. Uno de los guardias dijo que Cyrus había contraído el dengue.

Varios meses después, subí los escalones de piedra de Malcha Mahal con una especie de curiosidad que de alguna manera parecía glotona. Había regresado a la India durante unos días para ver qué podía encontrar entre las pertenencias de Cyrus.

La muerte de Cyrus había recibido mucha cobertura mediática dentro y fuera de India, y los espectadores habían entrado en Malcha Mahal haciendo videos con sus teléfonos celulares, con la esperanza de ver un fantasma. El piso del vestíbulo estaba lleno de papeles que se sacaron del armario y el cajón y se arrojaron al suelo.

Escaneé los papeles esparcidos por el suelo, buscando un certificado de nacimiento, un pasaporte, algo para anclar a esta familia en el mundo de los hechos.

Dos cosas me sorprendieron mucho.

El primero fue una pila de peque√Īos recibos de transferencia de dinero enviados a trav√©s de Western Union de una ciudad en el norte de Inglaterra. El remitente se identific√≥ como el "hermanastro" de Cyrus.

La otra cosa era una carta. Estaba escrito a mano y había sido enviado en 2006. El tono de la carta era malhumorado pero íntimo, transmitiendo preocupación e irritación.

"Tengo tanto dolor que apenas puedo ir al ba√Īo", comenz√≥ el escritor de la carta. Despu√©s de destruir una extensa lista de sus enfermedades f√≠sicas, se quej√≥ de la pesada carga de proporcionar apoyo financiero continuo a Wilayat y sus hijos. Evidentemente no era un hombre rico.

"Por el amor de Dios, trate de cambiar financieramente si algo sale mal conmigo", preguntó el autor de la carta, agregando información sobre la transferencia más reciente de Western Union. "Dios nos ayude a todos".

La carta estaba firmada "Shahid" y había sido enviada desde una dirección en Bradford, Yorkshire, norte de Inglaterra.

Regres√© a Londres con tres pistas reales. La carta enviada por v√≠a a√©rea desde Yorkshire. Ese nombre, Shahid. Recibos de Western Union, evidencia de que alguien hab√≠a cuidado en secreto a Cyrus y su familia durante todos estos a√Īos.

Viajé a Bradford en tren y caminé hacia la dirección en el reverso del sobre. Llegué a una modesta casa de ladrillos a la vista rodeada por una gran colección de enanos de cerámica de jardín, ositos de peluche, cachorros, sirenas y hadas.

La puerta se abri√≥ y me encontr√© con un hombre que llevaba un pijama a rayas de tigre. Ten√≠a los hombros anchos y parec√≠a tener m√°s de 80 a√Īos. Y no se ve√≠a bien: sus ojos llorosos, su pecho encogido.

Pero su rostro era como el de Cyrus: los mismos pómulos prominentes, la misma nariz curva.

Me llev√≥ adentro, me se√Īal√≥ una silla y luego se acost√≥ en una cama de camping. Sus movimientos eran lentos, arduos. Ech√≥ un vistazo a las fotos que hab√≠a tra√≠do, sin mostrar ninguna reacci√≥n. Cuando le ofrec√≠ reproducir una grabaci√≥n de la voz de Cyrus, √©l se neg√≥, sacudi√≥ la cabeza y dijo que ser√≠a demasiado doloroso.

Al lado de su cama había dos cuadros enmarcados de Wilayat.

El era Shahid. El hermano mayor de Cyrus. Y ahora, finalmente, hubo algunos hechos reales.

Eran, o habían sido, una familia ordinaria. Su padre era el secretario de la Universidad de Lucknow, Inayatullah Butt.

El nombre de mi amigo no era el Pr√≠ncipe Ciro, el Pr√≠ncipe Ali Raza ni ning√ļn Pr√≠ncipe. Era Mickey Butt, simplemente.

Allí, en esa casa de ladrillos en Yorkshire, encontré la identidad que Cyrus y su familia trabajaron tan duro para mantener en secreto. Shahid, que pasó toda su vida adulta trabajando en una fundición, recordó una vida anterior a Oudh, cuando tenían una criada y vestían uniforme escolar. Cuando su madre no era una reina descarriada, sino una ama de casa.

Shahid se escap√≥ de su casa a los 14 a√Īos, emigr√≥ al Reino Unido y rara vez habl√≥ de su madre reclamando heredero de la familia real de Oudh. Cuando le pregunt√© sobre esta historia, fue evasivo. Dijo que ni siquiera sab√≠a con certeza si era indio o pakistan√≠.

"Estoy tan confundido que no s√© qui√©n soy", dijo. ‚ÄúSoy como un p√°jaro, un p√°jaro perdido, como un carnero callejero‚ÄĚ.

Intentar convencer a Shahid para que hablara de su madre y sus hermanos fue doloroso.

En mi cuarta visita a Bradford, la √ļltima vez que lo vi, su voz era ronca, pero me revel√≥ m√°s que nunca.

La historia, tal como la narró, comenzó con la Partición de la India.

El 3 de junio de 1947, el virrey británico Lord Mountbatten anunció que la retirada del Imperio Británico crearía dos países independientes, con Pakistán reservado para los musulmanes. Los musulmanes educados de Lucknow inmediatamente comenzaron a abandonar la ciudad hacia la nueva capital de Pakistán. Había cartas que prometían promociones lucrativas. Y, por otro lado, había rumores de posible violencia si se quedaban en Lucknow.

Los padres de Shahid tuvieron que tomar una decisión inmediata: quedarse en India o mudarse a Pakistán. Su madre, Wilayad Butt, nunca había sido tan feliz como él en Lucknow. Ella era fuerte y ardiente. Simplemente se negó a irse.

Pero luego lleg√≥ una tarde en la elegancia decadente de la ciudad nababo. El padre de Shahid, un distinguido hombre de mediana edad con gafas con montura de alambre, regresaba a su casa en bicicleta cuando estaba rodeado de j√≥venes hind√ļes que comenzaron a golpearlo con palos de hockey.

Decidió rápidamente transferir a toda su familia a Pakistán, donde, en una gran reubicación, le ofrecieron un trabajo en la agencia de aviación civil del nuevo país.
Shahid me dijo que Wilayat acompa√Ī√≥ a su esposo, pero nunca acept√≥ su decisi√≥n de abandonar la India.

Estaba obsesionada con todo lo que hab√≠a dejado atr√°s. En su cabeza, el resentimiento ech√≥ ra√≠ces y germin√≥, y su comportamiento se volvi√≥ vol√°til. Entonces su esposo muri√≥ de repente. Ahora, sin influencia para contenerla, furiosa por la expropiaci√≥n de sus activos, se acerc√≥ al primer ministro pakistan√≠ en un evento p√ļblico, dijo Shahid, y lo abofete√≥.

Eso cambió las cosas para Wilayat. Ya no se la veía como una viuda con buenas conexiones, cada vez más dudosa.

Estuvo internada durante seis meses en un hospital psiqui√°trico de Lahore, la √ļnica forma, dijo Shahid, de evitar una larga pena de prisi√≥n. Shahid record√≥ haberla visitado en el hospital, entre los gritos y las blasfemias de los otros pacientes. "Fue horrible", coment√≥.

Cuando fue dada de alta, Wilayat reuni√≥ a sus hijos m√°s peque√Īos, llen√≥ los cofres con alfombras y joyas, y lo llev√≥ de regreso a la India para reclamar su hogar. Shahid se fue con ellos, pero finalmente los dej√≥. No pod√≠a poner en palabras por qu√© los dej√≥. Tu historia termina en este punto.

Shahid murió a principios de este mes en la sala de su casa, sosteniendo la mano de su esposa.

Fue la Partición de la India la que arruinó a su madre, me había dicho Shahid, lo que la puso en el camino que eventualmente la llevaría al palacio en ruinas. "Teníamos que empezar de nuevo", explicó.

A principios de la d√©cada de 1970, todav√≠a con las manos vac√≠as y comport√°ndose de manera cada vez m√°s extra√Īa, Wilayat anunci√≥ al mundo que era la reina de Oudh y exigi√≥ el regreso de las extensas propiedades de un reino que ya no exist√≠a.

Una afirmaci√≥n com√ļn que ha sido ignorada ha hecho met√°stasis en una queja √©pica.
El resto de la historia ya la conoces.

Wilayat y sus hijos fueron tan convincentes e insistentes que durante 40 a√Īos la gente crey√≥ en ellos.

Así que eso es todo: les robé su secreto. Cyrus lo hubiera odiado. Se negó a responder preguntas sobre su pasado; Ese fue uno de los temas esenciales de nuestra amistad.

Trato de imaginar c√≥mo reaccionar√≠a √©l ante todo esto si estuviera vivo. Pero, ¬Ņpor qu√© invitar a un periodista a su vida si no quiere que eso suceda?

En mi √ļltimo viaje a Delhi, fui al cementerio donde enterraron a Cyrus. Tuve la idea de colocar una piedra en su tumba, algo que dec√≠a "Pr√≠ncipe Ciro de Oudh".

Fue enterrado en un cementerio p√ļblico como indigente, recibiendo el n√ļmero DD33B. Las tumbas indigentes est√°n marcadas solo con marcas de piedra, y los mont√≠culos se extienden en todas las direcciones, fuera de la vista. Despu√©s de pasear por el cementerio durante lo que parecieron horas, me sent√© sudorosa y angustiada.

"Est√° perdido en una ciudad de los muertos", escrib√≠ en mi peque√Īo bloc.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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