El mito de la Nueva Guerra Fría es perjudicial para Brasil





¬ŅNos enfrentamos a una Guerra Fr√≠a entre Estados Unidos y China? Lejos de ser un mero ejercicio te√≥rico, esta pregunta definir√° los c√°lculos estrat√©gicos de todos los pa√≠ses, incluido Brasil, en las pr√≥ximas d√©cadas. Dependiendo de la respuesta en Brasilia, los caminos que se abren a nuestra relaci√≥n con el mundo conducen a diferentes lugares.





Quienes hablan de la nueva Guerra Fría se refieren a la idea de antagonismo, a escala global, entre dos superpotencias. De hecho, la disputa entre China y EE. UU. Ya se ha extendido a todos los continentes y temas de la agenda global, desde el Mar de China Meridional hasta el futuro de TikTok.

Pero la Guerra Fr√≠a del siglo XX fue mucho m√°s que el enfrentamiento entre las dos naciones m√°s poderosas de la √©poca. Y la analog√≠a hist√≥rica ¬ęconfunde m√°s que explica¬Ľ los desaf√≠os de hoy, se√Īala Odd Arne Westad, uno de los m√°s grandes historiadores de la √©poca.

El sistema internacional que duró desde finales de la década de 1940 hasta 1991 tenía dos características básicas. El primero fue el duelo entre ideologías universalistas y antitéticas: comunismo y capitalismo. El leninismo soviético creía que su triunfo dependía de la destrucción completa (e inevitable) del sistema capitalista.

La confrontación ideológica permitió a las superpotencias solo compromisos temporales y relativos. Al final, prevalecería un juego de suma cero: una derrota soviética era una victoria estadounidense, y viceversa.

Hay quienes ven la China de Xi Jinping como un proyecto internacionalista, como si Beijing quisiera exportar una ideología a todo el mundo. Esta es la creencia del gobierno de Bolsonaro, comenzando con la cumbre de Itamaraty. Y, si el choque entre Estados Unidos y China es una confrontación entre modelos políticos, Brasil, una democracia de libre mercado, inevitablemente tiene un lado: Washington.

Esta interpretaci√≥n, sin embargo, viola los hechos. China tiene capitalismo de estado, y su fuerza impulsora a nivel global no es un proyecto internacionalista, sino el nacionalismo. Beijing reclama un ¬ęlugar leg√≠timo¬Ľ entre las potencias, que los chinos habr√≠an ocupado hasta hace dos siglos.





Desde el punto de vista chino, Washington representa el principal obstáculo para la expansión de su influencia, con Asia en el centro de la disputa, así como una amenaza para el propio régimen del Partido Comunista de China. Pero durante cuatro décadas, el pueblo chino no ha creído que destruir el sistema de gobierno estadounidense, o la democracia occidental, sea una condición previa para lograr sus objetivos estratégicos.

El segundo rasgo distintivo de la Guerra Fría se relacionaba con la distribución del poder en el mundo, que era profundamente diferente de lo que tenemos hoy. Especialmente en sus primeras décadas, la Guerra Fría tuvo una estructura clara: dos bloques ideológicos opuestos, liderados por Estados Unidos y la URSS, mirándose al borde del precipicio de la guerra atómica (en otras palabras: la destrucción de la humanidad).

Juntos, el enfrentamiento ideol√≥gico y la bipolaridad bajo las armas nucleares dieron como resultado la m√°xima de Raymond Aron: ¬ęPaz imposible, guerra improbable¬Ľ.

Entre China y Estados Unidos hoy, la paz es absolutamente posible y la guerra total es a√ļn m√°s improbable.

La economía global, con una enorme interdependencia entre estadounidenses y chinos, también ha cambiado drásticamente. Los bloques capitalista y socialista comerciaban entre sí, pero estaban relativamente aislados. Hoy en día, es difícil decir dónde termina la economía estadounidense y dónde comienza la china: más de la mitad de los aviones comerciales en China son fabricados por Boeing, y Starbucks planea abrir una tienda cada 15 horas en suelo chino para 2022.

Después de que se deshaga el mito de la Nueva Guerra Fría, Brasil enfrenta un enfrentamiento por el poder y la influencia entre sus dos socios comerciales más importantes, con todos los problemas (y oportunidades) que conlleva.

Las alineaciones autom√°ticas no tienen sentido. Y los costos de una cosmovisi√≥n divorciada de la realidad se vuelven a√ļn m√°s evidentes.

Las opiniones expresadas anteriormente no reflejan necesariamente la posición del Consejo de las Américas.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *