El Ministerio Público pensó acusar a la jerarquía de la Iglesia por no haber denunciado sacerdote


El padre sólo contrató a abogado el día de la noticia que dio origen a la investigación

Fue el día en que la PJ empezó a investigar que el padre António Júlio dos Santos se puso en contacto con el abogado Rui Rodrigues, de la Marina Grande, para representarlo legalmente. El nombre del abogado, conocedor de la realidad eclesiástica, fue sugerido al sacerdote por alguien en el interior de la estructura de la Iglesia. Al Observador, Rui Rodrigues aseguró que la Iglesia actuó "de forma ejemplar" en este caso. "La postura del obispo fue la de" investigar lo que hay para investigar "y él prefirió mantenerse distanciado del caso", dijo el abogado.

Rui Rodrigues cree que "si no hubiera habido noticia en el periódico, la Iglesia iba a denunciar" el caso. Pero no concreta por qué. "Me quedé con esa idea", dice Rui Rodrigues, que durante la defensa de António Júlio dos Santos, se puso en contacto frecuentemente con la diócesis de Santarém. "Tenía que hacer la investigación canónica y, si hubiera crimen, se avanzaba con la queja", dijo al Observador.

Lo que no quiere decir que la estructura de la Iglesia no haya sido rigurosa con el padre António Júlio dos Santos. A pesar de haber acogido en el seminario, la diócesis de Santarém sacó al sacerdote el salario que recibía como párroco en la Golegã. Antonio Júlio dos Santos, que tenía que soportar un préstamo referente a un apartamento que había comprado, pasó dificultades para pagar los honorarios al abogado y llegó a creer que la Iglesia lo estaba a un lado. D. Manuel Pelino, sin embargo, "no abandonó" al sacerdote, explica el abogado.

"La Iglesia funcionó como su familia. No veo que la Iglesia tenga que dejar a la suerte a los miembros de su familia ", argumenta Rui Rodrigues.


En el momento en que fue contratado por el sacerdote en cuestión y no por la estructura de la Iglesia, Rui Rodrigues recuerda que la primera acción que tomó, al día siguiente de aquel en que fue contactado, fue a ir con las familias de las víctimas para pedirles disculpas en nombre del sacerdote.

La investigación encontró a dos víctimas más

Durante la investigación, la Policía Judicial tuvo conocimiento de que había más quejas contra el sacerdote, que nunca habían sido relatadas ni a la jerarquía de la Iglesia, ni a las autoridades, pero cuyos plazos legales para acusar podían ya haber sido superados. Sin embargo, los inspectores escucharon a las dos supuestas víctimas y sus familiares. Y, el 24 de mayo de 2014, enviaron la información al Ministerio Público para que el procurador decidiera qué hacer.

Una de las víctimas se quejaba de que en 2009, el Viernes Santo, se fue a confesar y el sacerdote le tocó la pierna, "acariciándola", tenía ella 14 años. Dijo además que consideraba el comportamiento sospechoso porque, en la fecha, no tenía ningún vínculo espiritual con aquel sacerdote. La segunda víctima contó que era acólita y que, en dos ocasiones, en la sacristía, el sacerdote le había tocado. Una vez en el pecho, otra en la nalga. Dijo que se desvió y que él no hizo nada más. Ambas víctimas tenían una conexión familiar y ya habían hablado de ello con sus familias. El caso fue mantenido en secreto hasta que los dos restantes llegar a la barra del tribunal.

La decisión sobre estos dos casos figura también en el auto final de la investigación, cuando se refiere a los hechos que se archivaron. El procurador concluyó, para ambos, no estar ante un crimen de abuso sexual – por las víctimas tener ya 14 y 16 años -, sino de un acto sexual con adolescente. Lo que significa que, no siendo un crimen semi-público, el plazo para la queja se extinguió en seis meses. El Ministerio Público aún ponderó si podía estar ante un caso de importunación sexual, este sí de naturaleza pública, pero, al no haber constatado, limitación o coacción de la acción de la víctima, acabó por archivar el caso en relación a ellas. De este comportamiento no resultó "un perjuicio real e injusto", fueron sólo "contactos fugaces", concluyó.

El mismo no se consideró en relación a las dos víctimas cuyos crímenes se habían practicado ya en 2013. El informe psicológico hecho a las dos menores reveló que ninguna de ellas estaba a fantasiar y ambas revelaron tener conciencia de lo que había sucedido, a pesar del poco conocimiento que mostraron tener, sobre el sexo. Las víctimas dijeron a los expertos que, meses después, todavía tenían dificultades para dormir. Y que muchas veces se sintieron afectadas en su rutina diaria a causa de lo que vivieron a las manos del sacerdote. A una de ellas se le diagnosticó trastorno de estrés traumático, como se comprobó en el tribunal y puede leerse en la sentencia.

El despacho de acusación refiere incluso que el sacerdote "utilizó su influencia junto a aquella comunidad escutista, en calidad de su asistente espiritual católico, y también en la parroquia de la Golegã, como párroco católico de esa parroquia junto a aquellos niños". Y acabó por acusarlo de dos delitos de abuso sexual agravado, el 27 de junio de 2014.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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