El microcrédito y la economía de la vergüenza





La reciente noticia sobre la condena del economista y premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus por violar las leyes laborales en Bangladesh ha reavivado un debate más amplio sobre los méritos y deméritos del microcrédito. Yunus se hizo conocido por fundar Grameen Bank, hace unos 40 años, con la misión de apoyar a las pequeñas empresas y liberar a las personas de la pobreza.





En sus orígenes, el microcrédito tiene como objetivo aumentar el acceso al crédito de personas, especialmente mujeres, con bajos ingresos que normalmente no tienen acceso a los mercados financieros, con el objetivo de iniciar o desarrollar pequeñas empresas, promover el empleo y reducir la pobreza. Aunque hay informes de éxito, también se multiplican situaciones en las que el microcrédito no mejoró la reducción de la pobreza entre sus beneficiarios e incluso empeoró su situación al ser un motor de creación de deuda.

En 2010, en la India, la noticia de centenares de casos de suicidio relacionados con el microcrédito tuvo una importante repercusión mediática. El microcrédito se concede principalmente a mujeres con el argumento de que son más responsables a la hora de invertir los fondos y más cumplidas con los pagos.

De hecho, las tasas de cumplimiento en materia de microcréditos son sorprendentemente altas a pesar de los bajos ingresos de los beneficiarios. Sin embargo, existen innumerables testimonios de situaciones en las que este “éxito” se logró a costa de tácticas agresivas de cobro de deudas, en lo que se conoce como la “economía de la vergüenza”.

Las personas que no pueden cumplir sus compromisos son humilladas, amenazadas, deshonradas públicamente, chantajeadas, coaccionadas física y psicológicamente y empujadas a espirales de endeudamiento en las que se toman nuevos créditos para pagar préstamos anteriores.

Una mujer denunció que no le permitieron llevar a su hijo que estaba enfermo de diarrea al hospital sin antes pagar una deuda. A otra mujer le sugirieron prostituir a su hija para saldar la deuda. Una joven de 18 años, obligada a entregar tres dólares que había ahorrado para pagar la matrícula escolar, se suicidó dejando la nota: “Trabaja duro y gana dinero. No pidas préstamos”.

La importancia del honor y el buen nombre para las mujeres en estas comunidades pobres las hace más vulnerables a las estrategias de intimidación. Las mujeres a menudo se ven obligadas a organizarse en grupos y es dentro de estos grupos donde se conceden los préstamos, siendo todas las mujeres corresponsables de los pagos. Así, el incumplimiento de cualquiera de las mujeres penaliza a todo el grupo, lo que aumenta la presión social, y todas ellas se transforman en inspectoras de facturación, encargadas de supervisar al resto, lo que mina las relaciones sociales entre ellas.





La “economía de la vergüenza” conduce a la destrucción abrupta del tejido social que sustenta el modo de vida de las mujeres y la subsistencia de sus familias, creando situaciones de impotencia y resultados dramáticos, sin posibilidad de retorno.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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