El mal menor





Desde que comenzó la pandemia se ha acalorado el debate sobre cuáles son las mejores estrategias para combatirla y, en particular, si debemos proteger más la salud, con encierro, o no dejar morir la economía, manteniendo, en la medida de lo posible, vida normal.





A nivel internacional, incluso ha habido diferentes enfoques, desde los suecos que nunca se limitaron por completo, a los chinos y otros asi√°ticos que se limitaron fuertemente.

En cualquier caso, la pandemia nos ha colocado en la peor posición posible en cuanto a decisiones: tener que elegir entre males, con gran incertidumbre. Es muy fácil decidir cuando conocemos bien los resultados de las decisiones, cuando estos resultados son muy diferentes entre sí, y hay buenos y malos.

En el caso de las estrategias para combatir la pandemia, el escenario es el contrario: no podemos anticipar bien los efectos de cada estrategia, diferentes estrategias pueden tener resultados similares y, lo peor de todo, siempre estamos perdidos, teniendo que elegir entre las malas. y lo muy malo.

No es de extra√Īar, por tanto, que exista un escenario de pol√©mica, opiniones t√©cnicas y pol√≠ticas divergentes e incluso rumores, mentiras y soluciones milagrosas.

Lo que deb√≠a ocurrir, sin embargo, era lo contrario: un discurso claro, en el que las incertidumbres y responsabilidades pol√≠ticas fueran asumidas por quienes deciden. Y decir que, ante una pandemia, las sociedades perder√°n. Es importante minimizar el da√Īo.

En este sentido, hay que tener en cuenta la propagación de la pandemia, cuál es su velocidad y mortalidad, los efectos que la misma causa sobre la economía y otras enfermedades, así como los efectos de diferentes estrategias para combatir todas estas variables.





Decir que no podemos limitarnos, porque destruye la economía y causa muchas muertes de no Covid, es una pregunta falsa. Es que si no nos confinamos (total o parcialmente), la propagación de la pandemia es tal que los hospitales dejan de responder, no solo a los pacientes de Covid sino a todos los demás. Además, en un escenario de pandemia explosiva, son las propias personas las que tienen miedo y abandonan la casa lo menos posible, incluso si no hay confinamiento decretado por el Gobierno.

De manera similar, decir que limitar es la solución está mal. El confinamiento total provoca un trastorno social y económico que provoca víctimas fatales (desde enfermedades no Covid, desde cardiovasculares hasta cánceres, pasando por enfermedades mentales), víctimas económicas (las empresas que cierran, las personas que están desempleadas) y víctimas sociales (estudiantes sin aprender, mayor desigualdad, mayor soledad).

Un discurso serio sobre la pandemia, y estrategias para combatirla, debe comenzar por aceptar pérdidas: siempre empeoraremos que si no hubiera una pandemia (y ahora no importa, atribuir responsabilidades al origen de la misma). Luego, encontrar un equilibrio, serio y justo, sin demagogías ni soluciones mágicas, entre la lucha directa contra Covid y su propagación (donde el confinamiento es la mejor solución) y el posible mantenimiento de la vida normal (de modo que los efectos de terapia no son peores que los de la enfermedad).

En la pr√°ctica, esto implica diferentes soluciones para diferentes sectores, grupos de poblaci√≥n y una din√°mica de prueba y error, adaptativa a los cambios socioecon√≥micos y de salud p√ļblica.

En este sentido, me parece racional:

  1. Uso de m√°scara en todas las situaciones posibles (incluso en exteriores). Es un sacrificio muy peque√Īo en comparaci√≥n con las ganancias que tenemos en t√©rminos de ralentizar la propagaci√≥n del virus;
  2. Prohibición de actividades de vida nocturna en el interior de la casa, porque son muy propicias para la propagación del virus
  3. Consolidar el teletrabajo, siempre que sea posible;
  4. Mantenimiento de clases presenciales, por razones de eficiencia y equidad, con uso obligatorio de mascarilla y otras normas sanitarias;
  5. Mejora de los servicios en el hogar, ya sean privados o p√ļblicos, permitiendo que las personas en riesgo casi nunca tengan que salir de casa;
  6. Permiso para actividades deportivas individuales al aire libre (siempre que no provoquen grandes concentraciones). En cuanto a colectivo y interior, siempre con m√°scara (sacrificio necesario);
  7. La asistencia a actividades culturales o deportivas puede suceder siempre que tenga grandes distancias y con una m√°scara (por ejemplo: imponer limitaciones del 10% en un estadio de f√ļtbol, ‚Äč‚Äčpero permitir que una animadora se una como antes, es una estupidez; 10% de la capacidad, s√≠ , pero con asistencia distribuida por todo el estadio).

De todos modos, ninguna solución es perfecta o indiscutible. Pero este virus no desaparecerá por sí solo y llevará mucho tiempo tener una vacuna eficaz. Hasta entonces, todos perderemos calidad de vida.

Sin embargo, podemos concluir que estos fenómenos son inherentes a la globalización. Por lo tanto, también allí tendremos que tomar decisiones. O ralentizamos la globalización o creamos nuevas herramientas de protección.

El autor escribe seg√ļn la ortograf√≠a antigua.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *