El hombre que quer√≠a ser polic√≠a y acab√≥ robando a McDonald & # 039; s durante 12 a√Īos









Las probabilidades estaban lejos de jugar a su favor, pero a√ļn as√≠ era posible. Y el funcionario de McDonald's que estaba de servicio aquel d√≠a, de vuelta del tel√©fono, no ten√≠a como dudar de que el hombre que hab√≠a contactado con la l√≠nea de asistencia a decir que hab√≠a vencido el premio principal del Monopolio de la cadena de restaurantes ten√≠a, de hecho, su posesi√≥n la tarjeta rara que le daba derecho a reclamar el "trofeo" por valor de un mill√≥n de d√≥lares. A no ser, por supuesto, que ya hubiera sospechas de fraude y la polic√≠a ya hab√≠a puesto a decenas de sospechosos bajo escucha, controlando las llamadas telef√≥nicas que hac√≠an entre s√≠, como era el caso.

En cualquier caso, el 3 de agosto de 2001, Michael Hoover, el hombre que el juego había hecho una excepción -las hipótesis de ganar el premio principal eran de uno en 250 millones- recibía en casa en la ciudad de Westerly, Rhode Island, una equipo de McDonald's deseoso de filmar con el cheque gigante y simbólico en las manos. Alentada a explicar cómo había conseguido la tarjeta de acceso al paraíso, Hoover dio una justificación tan fantasiosa como aleatoria, contrastando su nerviosismo con el regocijo de los dos hombres que lo filmaban en aquel momento, que no trabajaban para la cadena de televisión de la red de restaurantes , sino para el FBI.

Michael Hoover fue la √ļltima pieza de un esquema que dur√≥ al menos 12 a√Īos y que ten√≠a a la cabeza a un hombre nacido en 1943 en Youngstown, Ohio, llamado Jerome Paul Jacobson. Con sue√Īos de envergar un uniforme policial desde muy joven, Jacobson tuvo que ir abdicando de ese plan por razones de salud. Usamos el gerundio porque fueron, de hecho, varias veces en que √©l insisti√≥ en cumplir lo que consideraba ser su designio, pero siempre sin conseguirlo. Las alergias cr√≥nicas y algunas lesiones le impidieron entrar en la Marina y otro problema en un pulso, seguido del diagn√≥stico de una enfermedad neurol√≥gica muy rara, le sac√≥ el lugar en el departamento policial de Hollywood, en Florida.

A falta de otras alternativas, acabó aceptando un empleo como mecánico en Atlanta, en el estado de Georgia, hacia donde se había mudado con la mujer. De ahí pasó para auxiliar de seguridad en la empresa donde ella trabajaba, en Oakwood, también ubicada en aquel estado norteamericano. A poco, fue sobresaliente dentro de Dittler Brothers, a punto de ser invitado a supervisar toda la producción de uno de los principales clientes de la empresa Рni más ni menos que McDonald's.

"√Čl inspeccionaba los zapatos de los trabajadores para ver si no hab√≠a all√≠ tarjetas"

Era all√≠, en la secci√≥n que Jacobson dirig√≠a, que se imprim√≠an las tarjetas del famoso juego que McDonald's manten√≠a desde 1987 como forma de aliciar a sus clientes en varios pa√≠ses a consumir sus productos. Los premios que se promet√≠an eran, para muchos, irrecusables – desde consolas de Sega a vacaciones en Jamaica – y la b√ļsqueda de las tarjetas, que ven√≠an con los envases de patatas fritas, copas y anuncios de la marca en revistas, alternaba entre lo divertido – con las personas a intercambiar tarjetas en eBay – y el verdaderamente desesperado, habiendo quienes asaltar tiendas de la cadena de restaurantes para exigir tarjetas del juego (a√ļn este a√Īo, un hombre encapuchado entr√≥ en una de las tiendas de la cadena en el Reino Unido para robar los preciosos papeles).

El premio m√°ximo era de un mill√≥n de d√≥lares y era por eso que Jacobson patrullaba casi militarmente los corredores de su secci√≥n para ver si nadie robaba tarjetas. "√Čl inspeccionaba los zapatos de los trabajadores para ver si no hab√≠a all√≠ tarjetas", cont√≥ uno de los trabajadores. Otro dijo que no estaba autorizado a ir al ba√Īo solo, no fuera a darse el caso de caer en la tentaci√≥n de esconder piezas por debajo de la ropa. El premio m√°ximo val√≠a todo el dinero y fue precisamente por causa de que Jacobson decidi√≥ hacer lo que pasaba sus d√≠as para impedir que otros hicieran.





Siendo Jacobson de las pocas personas dentro de la empresa que ten√≠an acceso a las tarjetas con premio – era √©l que depositaba esas tarjetas en cofres ultra protegidos y luego los colocaba en sobres sellados que transportaba, escondidos en un bolsillo secreto que el mismo cocer en su chaleco, para las las f√°bricas de la cadena de restaurantes esparcidas por el pa√≠s donde deb√≠an ser envasados ‚Äč‚Äč- decidi√≥ comenzar a robar algunas de estas tarjetas y dividir el premio con aquellos que consiguiera recaudar para su esquema.

"Me dirig√≠a siempre al ba√Īo del aeropuerto, el √ļnico lugar en que estaba de hecho solo [era uma mulher, funcion√°ria da empresa, que o acompanhava nessas viagens], abr√≠a los sobres [Jacobson arranjara uma forma eficaz de o fazer e que nunca levantou suspeitas] y cambiando las piezas con premio, que guardaba para m√≠, por piezas sin valor alguno ", vendr√≠a a contar el propio muchos a√Īos m√°s tarde, a la polic√≠a.

Una de sus principales compinches en el esquema era un hombre llamado Gennaro Col√≥n, nacido en Sicilia, que Jacobson conoci√≥ en el aeropuerto de Atlanta en 1995. Gennaro viv√≠a en aquel momento en Carolina del Sur, donde era due√Īo de varios bares de alterne y casinos, si a√ļn a gastar dinero en apuestas deportivas. "Era fan de la trilog√≠a de Coppola (" El Padrino ") y tal vez por eso no dud√≥ cuando Jacobson le propuso un pacto (tambi√©n quer√≠a ser actor, pero para eso ya no tenemos ninguna teor√≠a). La entrada de Col√≥n permiti√≥ ensanchar la red de contactos de Jacobson y profesionalizar un esquema que, a la salida y para cualquier persona que fuera fuera, ten√≠a todo para ir mal.

El plan era siempre el mismo. Jacobson cambió las tarjetas, guardaba lo más valioso y lo entregaba a una persona que manifestara interés en participar, desde personas de su familia a amigos, conocidos y desconocidos; esa persona debería luego reclamar el premio junto a McDonald's, quedando con una parte del dinero y entregando el resto al jefe. Una de las personas que estaba al lado del esquema era Robin Colombo, mujer de Gennaro, que vendría a ser determinante para el desenlace de este caso.

Esto porque, cuando Gennaro Colombo muri√≥ en un accidente de coche, Robin, que estaba al volante del veh√≠culo, fue acusada por la familia del marido de haber deliberadamente acelerado hacia un cami√≥n que circulaba en sentido contrario. No s√≥lo la acusaron como la importunaron varias veces, hasta el punto de que Robin no dud√≥ de que fueron los Col√≥n a denunciar a su padre, William Fisher, as√≠ como a su primo y su mejor amiga, que tambi√©n participaron en el esquema de Jacobson. "Fue la forma en que se encontraron con la muerte de su hijo", dijo Robin Colombo a√Īos despu√©s.

"Respuesta final", la operaci√≥n que permiti√≥ desentra√Īar el esquema

La pista lleg√≥ al FBI, que en los meses siguientes mont√≥ una operaci√≥n gigantesca a la que dio el nombre de "Respuesta final" y en que participaron 25 agentes responsables de seguir el rastro de m√°s de 20 mil n√ļmeros de tel√©fono y o√≠r 235 casetes con grabaciones de llamadas. Al mando, estaba Richard Dent, un veterano del FBI que tendr√≠a un papel determinante en la operaci√≥n, desde luego cuando consigui√≥ convencer a McDonald's para mantener el juego incluso despu√©s de saber que √©ste hab√≠a sido defraudado, como forma de ayudar a la polic√≠a a a los sospechosos en flagrante.

"Tuve que hacer lo correcto. Cualquier persona que estuviera en mi lugar seguramente habría hecho lo mismo. "Si fuese hoy, haría lo mismo", vendría a afirmar más tarde a Jack Greenberg, presidente ejecutivo de la cadena de restaurantes, al diario "Chicago Tribune". "Lo que descubrimos al mantener el juego permitió al FBI terminar su investigación", agregó Greenberg, y en eso tenía razón. Pista detrás de la pista, la policía acabó golpeando a la puerta de Michael Hoover, en Rhode Island, cuya historia abre este texto.

Más de 50 personas fueron acusadas de fraude, unas fueron detenidas y otras quedaron en libertad condicional y tuvieron que pagar multas. Jacobson intentó aliviar su pena de prisión compartiendo con la policía información incriminatoria sobre la empresa para la que trabajaba, pero eso no tuvo efecto. Fue condenado a 37 meses de prisión ya la salida del tribunal, el día de su juicio, apretó la mano a Richard Dent, el policía que probablemente le gustaba haber sido, pero que jamás consiguió ser.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *