El futuro del trabajo: ¿’olhó robot’?









La revolución digital de las últimas décadas ha reavivado un debate recurrente desde la Revolución Industrial: cómo el progreso tecnológico conduce a la sustitución del hombre por la máquina, amenazando su trabajo y su subsistencia. En las controversias más recientes entre economistas, la inteligencia artificial finalmente reemplaza cuello blanco y crea una jerarquía de trabajadores, donde los menos calificados vivirán con un ingreso básico universal.

Paralelamente a estas inquietudes, surgieron formas de organización del trabajo a la tarea, gestionadas por plataformas digitales, cuyo ejemplo más conocido probablemente sea Uber. Si inicialmente asumieron que se basaban en la economía colaborativa, haciendo uso de las actividades existentes, como los desplazamientos en automóvil, rápidamente se convirtieron en una alternativa de contratación barata y con mínimas cargas sociales para los empleadores, amenazando las actividades económicas instaladas y con ellas sus trabajos tradicionales.

En esta lógica, cada individuo es un trabajador liberal, que decide cuántas horas trabajar y a qué hora. La relación con el empleador cambia radicalmente y el control de la predisposición al trabajo es mecánico: un trabajador parado no recibe ingresos. El trabajo se vuelve precario y la conexión con la empresa tenue, si no múltiple, ya que nada impide que un trabajador se conecte a varias plataformas.

La reciente aceleración de la imposición del trabajo a distancia ha provocado el cambio a prácticas laborales que liberan ecos del mismo tipo de automatización del trabajo, ahora extendido a trabajos más cualificados y hasta ahora mejor remunerados.

Al igual que las plataformas digitales de agregación y asignación de servicios, la teletrabajo provoca cambios profundos en la vida privada, incluido el uso de los bienes y servicios privados de los trabajadores en una dimensión sin precedentes. En Dinamarca se discute si, en teletrabajo, Se puede evitar que los trabajadores fumen en sus hogares durante las horas de trabajo, ya que normalmente no podrían hacerlo en las oficinas.

La situación que merece especial atención son las descripciones relacionadas con las nuevas contrataciones, generalmente trabajadores más jóvenes, que en el contexto actual no tienen la oportunidad de conocer personalmente y en persona a sus compañeros, ni a su lugar de trabajo. Un puesto de trabajo virtual justifica un determinado ingreso a fin de mes, pero hace que todo el componente de relación social sea secundario, comprometiendo la realización personal y la productividad de la generación involucrada.





La motivación de los trabajadores ha sido referida por la ciencia económica como un determinante de su desempeño productivo. La teoría de los salarios eficientes, por ejemplo, establece que, para aumentar la productividad, las empresas tendrán interés en pagar salarios altos, logrando así mantener ocupados a sus trabajadores. Zanahoria, y al mismo tiempo temeroso de perder un trabajo bien remunerado, el látigo. Recientemente, la teoría económica ha demostrado que el salario no es el único factor que conecta a un trabajador con la empresa, y estos dan importancia a aspectos no pecuniarios del trabajo, como tener un trabajo que tener sentido.

Los trabajadores desmotivados podrán cumplir con las tareas que se les asignen, como los robots, sin embargo, los efectos en su productividad se sentirán a largo plazo por lo negativo, con repercusiones en la productividad de la empresa y la economía en general.

Hoy, en una sociedad preocupada por dar respuesta a un problema de salud pública cuya complejidad se revela cada día, el imaginario que se ha instalado en torno a los beneficios de las plataformas digitales para la asignación de servicios y la teletrabajo ha contribuido a ocultar sus innumerables contrapartes negativas. En el corto plazo, estas nuevas soluciones pueden contribuir a resolver problemas urgentes, pero en el mediano plazo, la pérdida de interacción social comprometerá la dinámica de la innovación y, en consecuencia, se traducirá en una pérdida de valor agregado para las empresas y economías en su conjunto.

En el futuro imaginado, el trabajador sería reemplazado por robots, en realidad se está instalando, como parte de una plataforma virtual, los trabajadores reemplazan al robot.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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