el elefante en el cuarto





Para alivio de todos, terminó la campaña electoral más populista jamás realizada en el país.





La jornada de reflexión esta vez debería haber tenido lugar después de las elecciones y no antes, tal fue la miseria mostrada por el Gobierno y los partidos políticos.

Si la defensa de la democracia es una prioridad y merece nuestro máximo compromiso, no posponer las elecciones presidenciales en medio de un encierro obligatorio fue una decisión grotesca ante la situación epidémica del país.

Un día después de que pasamos el umbral de las 10,000 víctimas por el Covid-19, y tuvimos el peor día desde el inicio de la pandemia, con 15.333 personas infectadas y 274 muertas, a pedido del Gobierno y las partes, tuvimos 4.261.209 personas en calle para votar.

En estas terribles circunstancias, la apelación al voto pasó de un acto de ciudadanía a una superposición de la agenda política con los intereses de la ciudadanía y la propia democracia.

En cuanto a los resultados, el elefante en la sala no es el ascenso de la extrema derecha, que en las elecciones presidenciales con mayor abstención jamás representa sólo el 4,63% de todos los votantes registrados, sino la corrupción, el socialismo, la globalización, que van dejando más en desventaja detrás.

Quien ofreció los votos al partido de extrema derecha fue la izquierda, insistiendo en campañas fascistas de caza de brujas en lugar de apoyar sus propuestas sobre los problemas reales que sacuden al país. La insistencia en la misma doctrina durante décadas, el mismo discurso reduccionista por parte del pueblo que usa al pueblo. Y en esta letanía, durante décadas, estamos entre los países más pobres y corruptos de la Unión Europea, con la mayor carga fiscal frente a los ingresos.





La candidata Ana Gomes tiene razón: si no fuera por su candidatura, el ascenso de la extrema derecha sería aún mayor. El problema es que ella también realizó una campaña populista, junto a los demás candidatos, y eso explica esta derrota de la izquierda.

También los medios de comunicación, al apoyar este tipo de política, están, en esencia, dando votos al enemigo. Basta ver que durante la campaña, y la noche de las elecciones, no vimos ni un solo miembro de la comunidad gitana ni un negro comentando en televisión. Son los invisibles. El país real que todos dicen que existe pero nadie está dispuesto a dar voz.

Medio millón de personas no son fascistas ni nostálgicas de Salazar, están hartas de este sistema. Así como el Alentejo no migró su voto del Partido Comunista Portugués al partido de extrema derecha porque habían cambiado radicalmente sus creencias. Simplemente, como siempre, votaron por los más agresivos del concurso. Y, en este momento, el PCP, al aliarse con el Gobierno y silenciar su protesta en tantos asuntos importantes, ya no cuenta con su apoyo.

Sabemos que estas elecciones presidenciales solo han servido de trampolín para que algunos candidatos y partidos se aseguren un buen lugar en las próximas elecciones municipales. Queda por ver si con todo este autismo frente al país real y lidiando con la epidemia y una crisis económica sin precedentes, la protesta es tal que avanzamos hacia las elecciones legislativas antes.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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