El dilema del prisionero Lula






El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció hoy que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama,
GloboNews / reproducción
¿Por qué el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva desistió del pedido para ser liberado por el Supremo Tribunal Federal (STF)? De acuerdo con el propio PT, porque el plenario aprovecharía para discutir la legalidad de su candidatura – y él podría ser declarado inelegible.
Como no hay posibilidad de recurso de una decisión tomada por el plenario del Supremo, él prefirió quedarse preso. Pero Lula no será declarado inelegible de ninguna manera más adelante? Será, una vez que el registro de su nombre sea impugnado por el Tribunal Superior Electoral (TSE), con base en la Ley de la Ficha Limpia. ¿Qué diferencia hace entonces? Mucho.
Para la población, lo ideal sería conocer a todos los candidatos luego, si es posible desde el cierre del plazo para la definición de los nombres, agotado ayer. Para Lula, el cálculo es diferente. La prisión se ha convertido en un ingrediente esencial en la estrategia electoral petista.
Esto resulta de una paradoja. Al mismo tiempo que despertó las manifestaciones populares que desencadenaron impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff, la Operación Lava Jato contribuyó a elevar la popularidad de Lula. Permitió a la propaganda del PT adoptar el discurso – eficaz – de que él es víctima de injusticia y persecución.
Será también el alma de la campaña electoral petista. El ex alcalde paulistano Fernando Haddad, vicario provisional en la placa encabezada por Lula, fue presentado como la "voz" que representa al candidato preso, a clamar por justicia y por el rescate de las políticas que, en la visión del petismo, los mayores éxitos de la Era Lula.
Cuanto más pueda diseminar la versión de la persecución, cree el PT, más Lula tendrá el poder de transformar su popularidad en votos para Haddad. Y la perspectiva de poder es, para Lula y para el PT, mucho más importante que la perspectiva de ser soltado. Aunque su liberación pudiera representar la justicia a la que anhelan.
La paradoja es más que aparente. Revela el dilema esencial a atormentar al prisionero Lula. ¿Cómo es más valioso para la campaña de Haddad? Solto, subiendo en el escenario o, al menos, puede grabar mensajes para el horario gratuito en la televisión? ¿O preso, para mantener viva entre sus acólitos la esperanza y que pueda, él mismo, ser candidato y volver al poder en los brazos del pueblo?
Por el momento, Lula prefiere quedarse en la cárcel. El mantenimiento de la ilusión y la fantasía le parece más preciosa que la libertad. Si puede mantenerla hasta el final del mes, en vísperas del estreno de la campaña televisiva, él transformará el debate electoral hasta entonces en una discusión sobre la candidatura Lula – y eso puede hacer votos.
Si, por el contrario, fuese suelto o apenas declarado inelegible desde ahora, el discurso de la victimización estaría vaciado. Los adversarios del PT pasarían a concentrar sus ataques en Haddad, y Lula pasaría del noticiero político al policía.
Lo que Lula quiere es mantener su nombre en las primeras páginas y en la boca del pueblo. Quiere poder controlar el momento en que desistirá de la candidatura en favor de Haddad. Quiere poder convertirlo en showmicio, como lo hizo con su prisión. Lo que Lula no quiere es someterse a una decisión ágil y definitiva del Supremo, que le impida mantener el control sobre el paso de la campaña.
Pero eso no extingue el dilema. La candidatura Haddad -la única real y viable- aún patina en las encuestas. El poder de transferencia de voto de Lula es una incógnita. Sin empezar a pensar desde ahora en una campaña capaz de elegir a su único candidato viable, el PT corre el riesgo de ni pasar a la segunda vuelta.
El discurso básico de la campaña petista debería ser obvio a cualquier marquetero: rescatar el "esplendor" y el "pasado glorioso" de los gobiernos petistas (recuerde que la verdad no es exactamente el alma del marketing político …), aunque sin Duda Mendonça ni João Santana, .
Se sabe allí si eso convence al elector después de Mensajero, Lava Jato y de los crímenes fiscales que llevaron a la caída de Dilma. Pero insistir en la conversación de victimización del preso es una estrategia aún más frágil. Puede incluso agradar a la militancia o al elector ya convencido, pero no atrae un solo voto más para Haddad. La terquedad puede costar caro al propio PT.





Arte / G1

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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