El crack





Vivimos d√≠as como nunca antes. Tratando de encontrar una normalidad dentro de las cuatro paredes, donde de repente todas las rutinas, las del trabajo, las de la escuela, el hogar y el ocio, deben encajar. Dentro de cuatro paredes, tratando de transmitir se√Īales a trav√©s de muchas ventanas que se mostrar√≠an si en realidad no fueran demasiadas veces, trompe l‚Äôoeil digital





Afuera, en el camino al supermercado, nos alejamos el uno del otro y sonre√≠mos como para disculparnos con aquellos que no conocemos por esta fobia que no quer√≠amos, pero tenemos que querer, contacto y proximidad. Como si no pudi√©ramos estar sobre nuestra piel y nuestros cuerpos fueran demasiado. Como si estuvi√©ramos jugando ¬ęs√≠, no, blanco y negro¬Ľ. La angustia de que estalle una tos desde adentro, que una distracci√≥n me haga extender mis manos a mi amigo, esas repentinas y grandes amenazas que llevamos a cada lado del cuerpo.

El periódico gallego se sorprendió al no darse cuenta de lo malo que era tener una cubierta que era un balcón donde un abuelo estaba con una nieta en su regazo, o aquellas damas con una máscara puesta y que se encontraban, de nuevo sin darse cuenta, felizmente se los quitan para besarse.

Aquí hay una distopía en formación, consentida, que tenemos que tolerar temporalmente en la convicción de que, de lo contrario, terminaremos sufriendo una distopía no aceptada. Mientras los sacrificios sean nuestra elección, es seguro que estaremos en una tierra de libertad. Pero lo que aguantaremos en los próximos días y semanas, con suerte no mucho más que eso, es la libertad de vivir con distopía.

La amenaza inmediata que nos desaf√≠a no es humana, es un virus y para muchos de nosotros ya nos lavamos las manos o levantamos una de ellas para acusar, con el dedo en la mano, a cualquiera que se interponga en el camino. Pero una gran parte de la amenaza es en realidad responsabilidad global. Porque no es viral, sino econ√≥mico y social. Nos quedamos sin tiempo sabiendo que la ventana que nos dieron hasta el colapso es peque√Īa, a pesar de ser nuestra construcci√≥n. M√°s grave que el virus es el tiempo que requiere que nuestro sistema socioecon√≥mico no nos otorgue. Y esta es nuestra responsabilidad.

Una econom√≠a resistente no debe ser una econom√≠a que siempre se esfuerza, sujeta al dictado ¬ęcrecer o morir¬Ľ, con un umbral de tolerancia casi cero para perturbaciones, aplazamientos, lo inesperado. El sistema est√° cosido con l√≠neas que no permiten que aparezcan grietas desde el interior. No podemos parar, no podemos dejar de sobrevivir. El tiempo se ha convertido en una cadena inquebrantable de flujos financieros, global, una temporalidad sincronizada √ļnica, en la que nada se pierde, todo se transforma, generaci√≥n tras generaci√≥n.

La economía de mercado global imaginó, en una utopía equivocada, un sistema cerrado, un lenguaje universal, una especie de Traductor de google valores, productos, actividades. Sin ecología de temporalidades, espacialidades, humanidades. Ahora, el crack viene de afuera. Y la suposición de todo el sistema, soberbio con el mundo, era que no habría afuera. Todo comenzó a ser percibido como un recurso, todo podría ser capital: el agua como recurso hídrico, los árboles y otros recursos, y nosotros los recursos y el capital humano, cuando lo que importa es que imaginamos que estamos cada vez más en este mundo como un martillo que no puedes ver más que clavos para martillar.





Pero siempre hay un exterior. Incluso dentro de cada uno de nosotros hay un exterior de lo que podemos explorar. Y afortunadamente Sin eso, estamos perdidos.

Hoy, el Consejo de Estado está discutiendo si se declara o no el estado de emergencia, una de las formas de estado de excepción que contempla la ley portuguesa. Pero realmente, el estado de excepción que necesitamos es uno que nos coloca en una posición para decidir un cambio de paradigma. No podemos seguir relacionándonos con el mundo y con nosotros mismos como un sistema de recursos en un dispositivo de producción global sin exterior. Hay quienes se sorprenden de la vaguedad con que la ley formula las condiciones bajo las cuales se puede justificar el estado de excepción. Pero esta vaguedad es esencial: es precisamente el reconocimiento de que todo el sistema tiene un exterior.

En estos días, estamos experimentando el significado de la interdependencia como nunca antes, pero deberíamos haber estado más dispuestos a entenderlo en el pasado. Cuanto mayor es la globalización, mayor es la urgencia de este entendimiento. Porque la interdependencia hace que cualquier problema local sea global, especialmente cuando lo local es cada vez más lo global en cada ubicación. Y porque la interdependencia, como vemos ahora, es una parte cada vez más esencial de la respuesta.

La crisis de Covid-19 no anuncia el fin de la globalizaci√≥n, sino el de la globalizaci√≥n de espaldas al resto. Existir sobre una base planetaria es existir en interdependencia. Mejor a√ļn: es convivir. Pero decir esto implica elegir otro idioma para que podamos hablar entre nosotros: en lugar de leer el mundo a trav√©s de la lente de los recursos y el capital, las relaciones de medios, leerlo a trav√©s de la lente de las relaciones entre los fines. E implica redefinir la comunidad para incluir, como partes completas, a otros humanos, siempre, pero tambi√©n a todo el planeta. Es una revoluci√≥n paradigm√°tica, pero necesaria: en lugar de tratar todo y a todos, con desafortunado √©xito, como medio, invirtiendo la perspectiva y tratando a todo y a todos como fines.

La segunda declaración del imperativo categórico de Kant se aprende en la escuela. Requiere que usemos a la humanidad, ya sea en persona o en otros, siempre y al mismo tiempo como un fin y nunca simplemente como un medio. Esto ya no es suficiente. De hecho, nunca fue suficiente. Déjame explicarte. No es suficiente porque el mismo imperativo debe aplicarse de alguna manera hoy, en una existencia planetaria, más allá de la humanidad. Nunca use el agua, los árboles, el ecosistema, el planeta como medio, sino siempre al mismo tiempo que termina para seguir la fórmula de Kant.

Pero nunca fue suficiente porque la distinci√≥n entre un medio y un fin es, por lo tanto, la ra√≠z del problema al permitir que se use como un medio siempre que est√© protegido, no solo como un medio. Es demasiado f√°cil garantizar que la humanidad nunca se usa solo como un medio y termina explot√°ndola, especialmente en la persona de los dem√°s, pero cada vez m√°s en la propia persona, ¬Ņno es eso uberizaci√≥n? Revertir el paradigma presupone mirar a las personas, ciertamente con prioridad, pero para todo lo dem√°s con lo que coexistimos, los √°rboles, los ecosistemas, el planeta, nunca como un medio.

Para pensar de manera sostenible en una ecología, es necesario cambiar, por lo tanto, la forma en que definimos quiénes son los sujetos de nuestra comunidad ética global. Y cambie las implicaciones que asociamos con la definición de esa comunidad. Una ecología seria tiene que ser, en esencia, el reconocimiento de un principio de convivencia relacional. Irónicamente, mirar el mundo no como una gran empresa productiva sino como un lugar de relaciones, tal vez, nos hubiera dado expectativas menos angustiadas para los días que vivimos.

Recuerdo aquellos economistas que, con tantas certezas como estas, que ahora se dedican al ejercicio de proyecciones basadas en modelos (ahora como antes, demasiada metodolog√≠a y poca epistemolog√≠a), hace algunos a√Īos, en el apogeo de la otra crisis, la de las deudas. , que ten√≠amos que abandonar la Uni√≥n Europea o ser√≠a un desastre. No estaba de acuerdo en ese momento, pero hay una distinci√≥n que hicieron y que conservo. Una cosa era abandonar la Uni√≥n Europea de manera abrupta y desordenada, otra cosa era hacerlo con un plan, a trav√©s de nuestras elecciones que nos mantienen en el campo de la libertad. Ahora, eso es precisamente lo que est√° en juego con respecto a esta revoluci√≥n o transici√≥n de paradigma.

Un virus nos ha puesto al borde de un precipicio que, en su mayor parte, es trabajo humano. Necesitamos permitirnos m√°s grietas, discontinuidades que son lugares y tiempos de diversidad, para que ninguna grieta nos amenace de manera tan inquietante. Esto pasar√°, pero ¬Ņpodremos parar y pensar?

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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