Dos décadas después del 11 de septiembre, Nueva York cambió para seguir su ejemplo.





La ma√Īana del 11 de septiembre de 2001, me despert√≥ el hoja con la misi√≥n de intentar llegar al World Trade Center e informar de lo que estaba pasando. Era corresponsal de un peri√≥dico en Nueva York y viv√≠a en el East Village en el bajo Manhattan, a 20 cuadras de distancia.





La primera información fue que un bimotor había chocado accidentalmente con una de las torres. Las instrucciones eran claras: debía invitar a mi esposa, que también es periodista Teté Ribeiro, para que ayude con la investigación y tome fotos.

Llevaba consigo una c√°mara de pel√≠cula port√°til en formato Advantix, que Kodak dejar√≠a de producir en 2011. Sal√≠ armada con un bol√≠grafo, una libreta y un celular prepago con poco cr√©dito, en un mundo donde los tel√©fonos inteligentes eran un sue√Īo lejano.

El resultado es el texto que apareció en la versión impresa del periódico el 12 de septiembre de 2001; la mayoría de las fotos permanecieron inéditas.

Veinte a√Īos despu√©s, este s√°bado por la ma√Īana (11), volvimos sobre la ruta. Si el cielo sigue siendo de un azul intenso como hace 20 a√Īos, la ciudad debajo de √©l ha cambiado.

Para empezar, la ruta original ganó decenas de nuevos edificios, algunos que habrían sido un obstáculo para la vista que teníamos ese día y que era el norte de nuestra caminata: primero las torres, luego el humo negro, luego las cataratas y finalmente el nube de polvo blanco.

Nueva York ha experimentado un boom inmobiliario en estas dos décadas. Solo en la región del World Trade Center, hubo una inversión de US $ 20 mil millones (R $ 110 mil millones). Esa parte de la ciudad, hasta entonces con vocación comercial, ganó varios edificios residenciales, con incentivos fiscales.





Parad√≥jicamente, el camino est√° salpicado de decenas de locales vac√≠os y carteles con locales comerciales en alquiler. Es la secuela de casi dos a√Īos de pandemia. Solo en los primeros cinco meses de la crisis sanitaria, 7.100 empresas cerraron sus puertas en la ciudad.

Se est√° intentando una recuperaci√≥n en este semestre de 2021, pero poco a poco. La excepci√≥n son las tiendas de dise√Īo del SoHo, que esta ma√Īana ten√≠an colas en las puertas de los clientes, que ingresan siguiendo los l√≠mites de una capacidad predefinida. Y los puestos de marihuana en Union Square.

El estado de Nueva York legaliz√≥ el uso recreativo de la marihuana para adultos mayores de 21 en julio; la marihuana medicinal est√° permitida desde 2014. Ahora, junto con los quioscos que ofrecen queso cheddar de Vermont envejecido y ar√°ndanos org√°nicos, los clientes pueden elegir las variedades ¬ęNerds¬Ľ, ¬ęOrange Fruit¬Ľ y ‚ÄúLucky Charm‚ÄĚ, entre otros, para fumar.

En 2001, dependiendo de la cantidad de marihuana encontrada en una persona, esa persona ser√≠a arrestada. El alcalde fue Rudolph Giuliani, quien en los d√≠as posteriores al ataque del 11 de septiembre fue apodado ¬ęel alcalde de Estados Unidos¬Ľ y vio c√≥mo su popularidad se disparaba. A√Īos m√°s tarde, el republicano se convertir√≠a en un paria pol√≠tico al apoyar ciegamente a Donald Trump en sus maniobras legales.

Otro efecto de la pandemia se puede observar en las aceras a lo largo del camino: hay más personas sin hogar que piden dinero. Al comienzo de la crisis, para evitar un mayor contagio, el alcalde demócrata Bill de Blasio decidió trasladar a 8.000 personas que utilizaban los refugios municipales para dormir, donde a menudo hasta 70 de ellos compartían el mismo ambiente, a hoteles pagados por la ciudad. La acción fue muy criticada y hoy en día le resulta difícil revertirla.

El impacto de Covid está en todas partes. Los restaurantes exigen comprobante de vacunación para los clientes que quieran comer en mesas interiores, y sus propietarios han obtenido autorización de la ciudad para construir anexos exteriores en aceras y calles, muchos decorados con flores y luces. Con eso, el paisaje cambió. El Village adquirió un cierto aire de fiesta.

En bares abarrotados, ya antes del almuerzo, polic√≠as y bomberos de Nueva York, uniformados pero fuera de servicio, enmendaron los honores de la ma√Īana con reuniones de ex socios. En los mostradores y al aire libre, las m√°scaras no son obligatorias, y cada vez menos personas las usan en las calles.

Las farmacias y oficinas ofrecen dosis de vacunas, muchas de ellas con carteles que anuncian a los fabricantes. No hay ley contra los ‚Äúsumilleres‚ÄĚ, cada uno elige su favorito, entre Moderna, Pfizer y Janssen. Nueva York tiene al 67% de sus adultos inoculados con al menos la primera dosis, m√°s alto que el promedio nacional del 63%, pero el n√ļmero no est√° aumentando.

La ciudad ofrece un bono de $ 100 (BRL 550) a cualquier persona que lleve a un amigo o familiar a vacunarse por primera vez en una de las cl√≠nicas municipales. Tambi√©n hay un programa de vacunaci√≥n domiciliaria p√ļblica, con registro en l√≠nea. B√°sicamente, cualquier persona se vacuna donde y cuando quiera y todav√≠a se le puede pagar por ello en algunos casos.

Cuanto m√°s nos acercamos al lugar donde esta ma√Īana los familiares honran a los que perdieron hace 20 a√Īos, mayor es el movimiento de personas.

En su discurso en Pensilvania m√°s tarde, Joe Biden volvi√≥ a citar la polarizaci√≥n pol√≠tica que est√° experimentando el pa√≠s. En una tienda de mascotas esta ma√Īana se puede tocar y morder: el escaparate muestra mu√Īecos de trapo con la figura del dem√≥crata y su adjunta, Kamala Harris, junto a las de Donald Trump y Bill Clinton.

A pocos metros de donde termina la ceremonia, un hombre de larga barba lleva un cartel que anuncia que ‚Äúla verdad est√° llegando‚ÄĚ e insta a la gente a ‚Äúdespertar suavemente‚ÄĚ. Canta en ingl√©s ‚ÄúPr√©dio Sete / 11 de Setembro‚ÄĚ. Es uno de los varios negadores que aprovechan la concentraci√≥n para anunciar su teor√≠a.

La torre siete fue la √ļltima en derrumbarse el 11 de septiembre de 2001. A pesar de no haber sido alcanzada por aviones, como las torres norte y sur, el edificio de 47 pisos sufri√≥ un gran incendio y sus estructuras da√Īadas, lo que finalmente llev√≥ al edificio a la tierra a las 5:20 pm. El problema era que estaban las instalaciones del FBI y la CIA en Nueva York.

Fue suficiente para crear la teor√≠a de la conspiraci√≥n: el gobierno aprovech√≥ la oportunidad para poner el edificio en el suelo, ardiendo junto con la evidencia de que estaba involucrado en el ataque terrorista. Los agentes de polic√≠a observan al activista estupefacto con una mirada ir√≥nica. Veinte a√Īos despu√©s, Nueva York cambi√≥ para permanecer igual.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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