Donde la medicina y la espiritualidad se encuentran









La forma en que pensamos, sentimos y reaccionamos ante las situaciones puede ser la clave que cerrar la puerta de la enfermedad o abrirla de par en par de vez.

Investigadores de todo el mundo demuestran cada vez más la conexión entre la espiritualidad y la aparición de enfermedades, como las cardiovasculares.

De hecho, el medicina y espiritualidad nacieron juntos. En los primeros tiempos de la humanidad, las enfermedades estaban relacionadas con la influencia de espíritus y dioses. El tratamiento y la curación se atribuían a los responsables de los cultos religiosos, los “médicos” de la época.

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Fue sólo durante la Ilustración que los seres humanos se convirtieron en agentes de causa y prevención de enfermedades, más alineados con la medicina que conocemos ahora. Hoy vemos ocurrir un nuevo (bueno) cambio, con la recuperación de la conexión entre cuerpo y alma, entre medicina y espiritualidad.

Para entender esta ecuación, primero debemos definir el concepto de espiritualidad. Es la forma en que el individuo busca y expresa el significado y propósito de la vida y los medios que encuentra para conectarse consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con lo sagrado.





Aquí hay una advertencia: quienes son más espirituales tienden a cuidarse a sí mismos, lo que elimina factores de riesgo cardiovascular, como fumar y comer poco saludable. Además, quienes se cuidan acuden periódicamente al médico y se someten a exámenes, cumpliendo con el tratamiento, minimizando la probabilidad de que las enfermedades se les acerquen sigilosamente.

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La espiritualidad es también un atajo hacia el perdón, que, a su vez, es un antídoto contra las dolencias físicas. El argumento fue mi tesis de maestría, basada en la investigación Evaluación de la voluntad de perdonar en pacientes con infarto agudo de miocardio (IAM).

La metodología implicó la formación de dos grupos homogéneos. En el primero reunimos a pacientes que habían sufrido un infarto; en el segundo, personas sin antecedentes de patología cardiovascular.

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En el primero, teníamos miembros menos dispuestos a perdonar y menos espirituales. En el grupo sin antecedentes de ataque cardíaco, prevalecía la voluntad de perdonar, al igual que la espiritualidad.

La investigación reveló un hallazgo interesante: la religiosidad formal era más recurrente entre los afectados por el infarto, un indicio de que la rigidez religiosa no se refiere necesariamente a la espiritualidad o la salud.

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Vemos muchas personas religiosas que no son espirituales y otras que descubrieron su propia espiritualidad sin tener una creencia religiosa. Pese a ello, no se puede negar que la religión puede actuar como facilitadora en esta búsqueda. Hay estudios que demuestran que los asistentes frecuentes al templo son menos susceptibles a enfermedades cardiovasculares, cáncer y suicidio.

Para los más escépticos, no es fácil aceptar que el estado de ánimo sea capaz de prevenir o favorecer enfermedades graves, como las cardiovasculares, que causan 400.000 muertes al año sólo en Brasil.

Pero los análisis experimentales y observacionales proporcionan información importante sobre la acción positiva del perdón sobre la salud física y mental y la calidad de vida. Y todo indica que el corazón es el órgano que más se beneficia del acto de perdonarse a uno mismo y a los demás.

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Independientemente de las creencias tradicionales o del escepticismo, no hay forma de separar el desequilibrio espiritual y las enfermedades. Nos acercamos más a las enfermedades cuando elegimos acciones y reacciones negativas ante los desafíos que trae la vida y cuando no perdonamos las ofensas sufridas.

Por otro lado, promovemos nuestro bienestar y prevención modificando patrones de conducta, encontrando propósito a nuestra existencia, ejerciendo el perdón, la gratitud y la comprensión y reverberando positividad.

Sabemos que, incluso “gratis”, este medicamento no es fácil de administrar. Requiere cambios profundos, que deshagan años y años de patrones negativos. Pero vale la pena empezar hoy – especialmente porque la espiritualidad no tiene efectos secundarios ni restricciones – y lo mejor: ¡es gratis!

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*Suzana Avezum es psicóloga, psicoanalista y directora ejecutiva del Departamento de Psicología de Socesp. También es miembro del proyecto Socesp Mulher.

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Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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