Dios en Itamaraty





"Dios en Davos. "He hablado de ello en mi presentación en la apertura del seminario Globalismo", informó el ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, en su cuenta en Twitter.





Es una visita al sitio de la Fundación Alexandre de Gusmão para escuchar las conferencias del seminario. Especialmente, las de dos figuras importantes en la política exterior brasileña: el jefe de la diplomacia y el asesor internacional de la Presidencia.

Durante largos 45 minutos, el canciller apiló ideas y citas en el esfuerzo de explicar que el "globalismo" es una especie de religión atea, cuyo evangelio junta "ambientalismo", la idea de derechos
humanos universales y lo políticamente correcto. Todo producto del "gramscismo" (de Antonio Gramsci, pensador y líder comunista italiano que murió bajo el fascismo, en 1937) y del "fisiologismo" (muy probablemente el ministro quería decir materialismo).

Según su teoría, cuando descartó la idea de Dios, al final de la Guerra Fría, el liberalismo occidental habría abierto el camino para la expansión de la ideología globalista. Al llevar a Dios al Foro Mundial de Davos, el presidente Jair Bolsonaro había comenzado a alinear a Brasil con la cruzada conservadora mundial.

Su asesor internacional Filipe Martins fue más directo. El globalismo es la ideología de una tecnocracia apátrida y cosmopolita, instalada en las organizaciones multilaterales, queriendo destruir la soberanía nacional.

El nacionalismo versus globalismo, he aquí el gran combate del siglo XXI, proclamó el profesor que se notó también en enriquecer la agenda del país con la lucha contra la toma de tres pines, las urnas electrónicas y la reforma ortográfica. En la guerra del siglo, advirtió, estamos al lado del nacionalismo, abrazados a Trump, al húngaro Orban, al indio Modi.

No es posible evaluar el impacto de ese libre pensamiento sobre la política exterior de Brasil. Esta no depende sólo, ni principalmente, de la voluntad de los gobernantes, sino de la presión de intereses internos, así como de la geopolítica y de los recursos de poder e influencia al alcance de un país como éste.





Muchas cosas seguirán moviéndose sobre los mismos carriles desde hace mucho asentados y bajo la conducción de un cuerpo diplomático entrenado para buscar lo mejor para el país.

Pero el nacionalismo miope a la existencia de problemas globales -como la degradación ambiental, las migraciones o las pandemias- sumado a alineamientos automáticos a gobernantes extranjeros, en la base de proximidad ideológica, pueden aislar a Brasil y condenarlo a la insignificancia.

El Dios de Bolsonaro pasó por Davos sin sacudir el orden mundial. El presidente de Brasil, Luiz Inácio,

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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