Después de la victoria de Lacalle Pou, América Latina necesita rayos X urgentes





Después de la victoria muy limitada de Luis Lacalle Pou en Uruguay, es pertinente someter a América Latina a una radiografía urgente. Por lo tanto, podremos ver con mayor claridad el escenario ideológico y geopolítico que se elaboró ​​a fines de 2019, que puede ser útil para tratar de predecir lo que sucederá en 2020.





Con una tranquilidad envidiable, en contraste con el resto de la región, el candidato derechista Luis Lacalle Pou logró una victoria estrecha que terminó con 15 años de progresión en Montevideo, aunque sin la holgura en las encuestas. Este escenario lo obligará a buscar el consenso con una izquierda que sabe cómo conducirse en el poder en Uruguay y se esforzará por mantenerlo.

No obstante, la promesa de orden y seguridad, junto con una agenda económica de austeridad fiscal y una mayor participación del sector privado, formaron los ingresos exitosos que le dan margen de maniobra al presidente electo. Como resultado, Lacalle se une a Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, y a Jeanine Áñez, presidenta interina de Bolivia, para inclinar el equilibrio político y económico en tres países que fueron gobernados por la izquierda durante gran parte del siglo XXI. .

La renuncia de Evo Morales ha dividido una vez más la región entre aquellos que lo consideran un golpe de estado y aquellos que lo ven como resultado del pisoteo constitucional del ex presidente. Si bien persiste la controversia, el papel de las Fuerzas Armadas de Bolivia merece prominencia; sumados al discurso religioso, se convirtieron en la antítesis programática del progreso indígena del régimen de Morales.

La derecha boliviana parece haber seguido el libreto de Bolsonaro, que sabía cómo crear un personaje que combina la audacia característica de los trolls de Internet con el discurso polarizador y conservador.

La liberación del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva reinsertó a la izquierda en la batalla política. El lulismo podría debilitar a Bolsonaro, que aún no ha implementado las medidas más controvertidas, y atractivas para su constituyente, en la agenda que lo llevó al poder.

En cualquier caso, la estabilidad y el éxito de Bolsonaro se derivaron de su capacidad para mantener la unidad de sus seguidores más recalcitrantes, que son fundamentales para la movilización electoral.





Mirando hacia el Pacífico, Ecuador y Chile enfrentan crisis de proporciones extraordinarias, que en ambos casos han forzado una revisión del contrato social que vincula las relaciones de poder y el orden legal en ambas latitudes.

Aun así, es incorrecto decir que la movilización en ambos países está siendo impulsada por la izquierda. Más precisamente, las demandas ecuatorianas y chilenas lograron impregnar el tejido social a lo largo del espectro ideológico y socioeconómico, lo que resultó en acciones tardías por parte de los presidentes Lenin Moreno y Sebastián Piñera, ambos identificados como de derecha. En ambos casos, las crisis pueden crear oportunidades para el progresismo para tratar de volver al poder lo antes posible.

Del mismo modo, Colombia se ha unido a la ola de descontento que está sacudiendo el continente, con protestas de un volumen sin precedentes en décadas. Por lo tanto, el regreso del liderazgo progresista al Ayuntamiento de Bogotá puede ser el preludio del escenario electoral que enfrentará el gobierno del uribista Iván Duque.

Si la alcaldesa Claudia López logra combatir la lucha contra la corrupción con una agenda de liberalismo social y apoyo al proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a las que Duke se opone, los izquierdistas colombianos podrían considerar llegar a la presidencia. por primera vez en la historia del país.

Los analistas coinciden en que Perú ha escapado de una explosión social gracias a la popular decisión del presidente Martín Vizcarra de disolver el Congreso. La ventaja de Vizcarra se basa en los errores y presuntos delitos cometidos por sus rivales políticos en el pasado.

Aun así, la liberación de Keiko Fujimori, quien salió de prisión a principios de esta semana, cambiará la dinámica política justo antes de las elecciones legislativas de enero. Además, la gente critica lo que parece ser una falta de ideas por parte de un presidente que ya no tiene a los oponentes a quienes culpar por lo que hace o deja de hacer.

Por otro lado, el gradualismo improductivo de Mauricio Macri condujo a reformas no concluyentes que, con la ayuda de la estrategia efectiva del kirchnerismo, fueron culpadas de someter a la población a medidas de ajuste sin resultados tangibles.

Así, el heredero del kirchnerismo, Alberto Fernández, se ha convertido en la única hélice de una agenda democrática tradicional de izquierda que revierte lo que Macri ha logrado y toma el camino propuesto por su líder, Cristina Kirchner, quien será vicepresidenta de Argentina. .

Fernández tiene un importante brazo de apoyo programático en México.

Andrés Manuel López Obrador ha logrado romper la hegemonía del poder por parte del PAN y el PRI en este siglo, y así ha llegado a la presidencia con una plataforma de izquierda que tenía como objetivo fortalecer el papel de las empresas estatales como Pemex, para aumentar la inversión pública y aumentar La capacidad de consumo de los más pobres a través de transferencias directas de ingresos.

Pero la reanudación de la brutalidad criminal por parte de los narcotraficantes amenaza con socavar la credibilidad y finalmente debilitar la presidencia de López Obrador.

En dirección al Caribe, Nicolás Maduro sobrevive como heredero de un régimen plagado de corrupción y pisoteo sistemático de los derechos humanos. Por su parte, la oposición venezolana no logró posicionar a Juan Guaidó como presidente. Cerca del primer aniversario del "gobierno interino", el contexto indica que el oxígeno de Guaido se ha ido y que Maduro retiene el poder sobre la situación.

Este ha sido un año políticamente agotador para la región, y no hay indicios de que las presiones y tensiones disminuyan en el corto plazo.

El equilibrio ideológico parece haberse inclinado ligeramente hacia la derecha electoral al sur de los Estados Unidos.

Aun así, el descontento social manifestado en inmensas protestas puede ser la chispa que la izquierda requiere para reactivar sus bases para recuperar protagonismo y poder.

En este sentido, es plausible inferir que el discurso en ambos lados del espectro político se radicalizará, lo que puede generar caldos de cultura que conduzcan a la aparición de personajes y movimientos que pongan en peligro el orden democrático y la sostenibilidad a largo plazo.

Estamos advertidos

Álvaro Zapatel El es economista. Fue consultor en el área de educación en el Banco Mundial y profesor en la Universidad de Lima. Se graduó de Boston College y tiene una maestría en administración pública de la Universidad de Princeton.

www.latinoamerica21.com, un proyecto plural que difunde diferentes puntos de vista sobre América Latina.

Latinoamerica21, traducción de Paulo Migliacci

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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