(Des) contacto seguro









Uno de los mayores logros de la humanidad, responsable de la prosperidad material lograda hoy, fue aprender a confiar en extra√Īos (como dice Harari). Aunque enmarcado por instituciones y reglas creadas mientras tanto, fue esta capacidad de confiar no solo en los m√°s cercanos a nosotros, los que conocemos, lo que permiti√≥ a la humanidad conectarse a escala mundial y construir el mercado global.

El dominio que los seres humanos tienen en el planeta y la capacidad que tienen de transformar el medio ambiente natural en bienes y servicios para su conveniencia, solo es posible gracias a esta confianza. Resulta que la velocidad y la interconectividad de la globalización actual imponen desafíos adicionales, que nos obligan a repensar cómo creemos en los demás y cómo podemos vivir juntos de manera segura.

Con el advenimiento del SARS-CoV2 y la pandemia posterior, han surgido tesis de conspiraci√≥n (en las que China, o el club Bilderberg, o los responsables de 5G idearon un plan diab√≥lico para aniquilar a parte de la poblaci√≥n y someter al resto), pero tambi√©n teor√≠as punitivas, que asocian el virus a cualquier da√Īo, principalmente porque estamos ¬ęabusando¬Ľ de la naturaleza, ideas que reflejan sentimientos de desconfianza e inseguridad.

Dejando a un lado los delirios divinos o conspiradores, una cosa es cierta: este virus solo se convirtió en pandemia porque vivimos en velocidad y conexión, sin haber implementado el mecanismo de seguridad adecuado.

Este exceso se refiere a la circulación de bienes, servicios, personas y capital, en todo el mundo, sin la existencia de instituciones efectivas, democráticas y de escala global que puedan supervisar estos flujos. La mano invisible del mercado global carece de una mano visible para la gestión y el control de riesgos, lo que permite disfrutar de los beneficios de esta hiperconectividad, sin el riesgo literal de morir por accidentes de tráfico.

Podemos, filosóficamente, hablar en exceso porque los flujos de globalización están mucho más allá de lo necesario para la vida y su reproducción. Y hablamos de inseguridad, ya que hemos permitido que estos flujos sean altamente incontrolados, con altos grados de incertidumbre y peligro.





Como muchos ya han notado, los efectos nocivos de la falta de regulación de la globalización se sintieron mucho antes de la pandemia. La destrucción progresiva del estado de bienestar social en Occidente se debe a la reubicación de fábricas hacia el Este y la fuga de capitales a paraísos fiscales.

Las migraciones económicas y de guerra surgen debido a la ineficacia de las políticas de desarrollo de los países pobres, ubicadas en círculos viciosos de pobreza después de la descolonización (los imperios terminaron pero las dependencias permanecieron).

La contaminación de los océanos, la atmósfera y la destrucción de los recursos ecológicos también es en gran medida el resultado de evadir las regulaciones ambientales de los países emergentes (y también de los Estados Unidos), con total complicidad y uso por parte de las multinacionales occidentales.

Además, las consecuentes desigualdades crecientes en el mundo, que generan una tensión que propicia crisis y guerras, que hacen que el sistema mundial sea altamente inestable.

Lo que ha sucedido ahora es que, más directamente, se ha puesto en tela de juicio la vida de las personas en Occidente. Y no solo no necesitamos teorías de conspiración, sino que evitan la respuesta adecuada. Esta pandemia no fue obra de un complot, fue obra de una globalización descuidada.

Para mitigar estos riesgos sistémicos, lo que se necesita son nuevas instituciones globales y democráticas y la conciencia de que hemos estado tomando demasiados riesgos. Si queremos disfrutar de los beneficios de la globalización, no podemos seguir permitiendo que el sistema escape, en la protección de las personas, el medio ambiente y los estados.

Si no construimos estas instituciones r√°pidamente, cualquier cosa mala que suceda en cualquier parte del mundo, llegar√° a todos y cada uno de nosotros. En forma de virus, bacterias, tormentas, plagas, escasez de agua u ox√≠geno, ataque cibern√©tico o distop√≠a tecnol√≥gica. Confiar en extra√Īos es fruct√≠fero. Pero es hora de que nos protejamos de riesgos innecesarios.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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