De mayo a abril …





António Costa, en el campo de la maniobra política, es un actor hábil, generalmente eficaz y notoriamente agresivo; tiene el killer instinct que muchos aprecian en el arte. Curiosamente, estas características sólo se revelan cuando la marea le es favorable y el viento de aspecto. Apenas las circunstancias se revelan adversas, y Costa se ve desenmascarado en su circunstancia, el tono cambia, el humor indispensable se desvanece, la educación se esfuma y el verdadero carácter se revela.





Ha sido as√≠ en casi todos los debates quincenales con Asunci√≥n Cristas; una clara antipat√≠a mutua conduce a una crispaci√≥n poco bonita de verse, a la sumersi√≥n de los argumentos, por mejores que sean, al ataque por el ataque. Nadie gana, Costa sale peor porque, a pesar de todas las cuotas y discursos correctos, a nadie le gusta ver a una se√Īora ser maltratada gratuitamente.

En democracia, el escrutinio al ejercicio del poder es normal y deseable. Costa y los suyos, conviven muy mal con este escrutinio, en su postura de due√Īos y se√Īores del Estado. Si las preguntas inc√≥modas de Cristas en los debates quincenales, quedaban por all√≠ mismo y no sobreviv√≠an a la brutal m√°quina de comunicaci√≥n socialista, limitando la exasperaci√≥n intolerante y poco racional del primer ministro a unos breves toma en los noticieros del d√≠a, lo mismo no pas√≥ con la revelaci√≥n del familygate en toda su monstruosa dimensi√≥n. Ante la dimensi√≥n y la evidencia del esc√°ndalo, Costa perdi√≥ completamente la cabeza y la habilidad que lo caracteriza.

En el recinto del discreto apartamento de Lapa, Cavaco Silva, hombre de larga e implacable memoria, emerge del silencio y sirve fr√≠o un comentario letal en medio de la constataci√≥n p√ļblica del esc√°ndalo socialista.

La respuesta de Costa no pod√≠a ser m√°s grosera y agresiva, a convocar en cada palabra al ex Presidente para la confrontaci√≥n p√ļblica. Y lo consigui√≥. Desde entonces, no hay semana en que Cavaco Silva no aparezca, no hace una semana en que Costa no sea fustigado por el hombre que, a pesar de todo, le lleva una considerable ventaja. Fue una p√©sima maniobra, esta de despertar a Cavaco Silva. Es a√ļn peor idea, para Costa, pegarlo al PSD en plena campa√Īa para las europeas.

Cavaco Silva, sin la cultura o el encanto de Mário Soares, se equipara como "animal político", en tanto hombre que ha gestionado siempre sus ambiciones y su proyecto personal de poder con rigor milimétrico y eficacia comprobada.

Es verdad que los gobiernos de Cavaco han dado al pa√≠s una casta de corruptocratas, que a√ļn hoy pagamos con los impuestos al final de cada mes. Es verdad que los gobiernos de Cavaco disfrutaron de la mayor inundaci√≥n de dinero desde el 25 de abril y dejaron un pa√≠s atrasado atravesado por autopistas. Es verdad que habr√° habido mucho favorecimiento y amiguismo en el tiempo del poder de Cavaco. Es verdad que las presidencias de Cavaco fueron poco inspiradoras, poco movilizadoras y muy irregulares.





Por √ļltimo, m√°s relevante pol√≠ticamente, es cierto que Cavaco siempre tuvo el supremo arte de parecer siempre infinitamente mejor que sus acciones. De sus per√≠odos en el poder qued√≥ la memoria del hombre de seriedad incuestionable, del modernizador del pa√≠s, del gastador criterioso, del Presidente estable y riguroso.

Ant√≥nio Costa, en la desesperaci√≥n de verse enfrentado con su despotismo en la forma del mayor nepotismo jam√°s visto, olvid√≥ todo lo que hay que aprender sobre Cavaco. La guerra que emprendi√≥ es la m√°s est√ļpida que podr√≠a haber escogido. Al elegir a Cavaco, Costa no cuid√≥ que antes de repescar la realidad de los hechos tendr√≠a que vencer la consolidaci√≥n de la memoria colectiva.

En esta guerra, interesa poco lo que hizo en realidad, o permitió que se hiciera. En esta guerra, lo que cuenta es la memoria de Cavaco en el colectivo nacional. Lo que el pueblo ve es un prevaricador acosado a insultar a un senador del régimen, y un ex presidente seriamente preocupado e indignado con el regimiento de un primer ministro malabarista y de su banda. Este contraste es fatal para Costa.

La ceguera de no haber comprendido que Cavaco ya no tiene, ni tendrá cargos por qué responder, que está limpio en cuanto al pasado en la memoria colectiva, que juega como pocos con la gravitas que la historia que supo hacer le permite, es claramente el inicio del fin de Costa.

La impensada asociaci√≥n al PSD tiene respuesta en todos los sondeos desde entonces. Costa prueba que no sabe manejar contrariedades y dificultades. Donde hac√≠a falta humildad, cabalgan la agresividad. Donde se impon√≠a un mea culpa, disparan sobre el adversario. Donde deber√≠an jurar una caminata hacia la √©tica, se esconden detr√°s de la ley que no los control√≥. Est√°n desnudos en la plaza p√ļblica, a los gritos sobre las vestiduras de los adversarios.

Cuando se piensa en los escándalos de los gobiernos de ambos, Cavaco y Costa, puede decirse con propiedad que, de mayo a abril, hay poco que reír. La cuestión es que de los gobiernos Cavaco ya nos liberamos en las urnas, teniendo a Cavaco sabido sobrevivirles; del gobierno Costa se espera el mismo destino, con la diferencia que Costa no tendrá como no sumergirse con éste.

El autor escribe de acuerdo con la antigua ortografía.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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