De Londres a Hong Kong (vía Hillsdale College, USA)





El pasado viernes, en Londres, tuvo lugar una cena Churchilliano, con varios rasgos peculiares que tal vez merezcan nuestra atención.





Se celebraba la publicaci√≥n de los vol√ļmenes finales (23 y 24) de la larga biograf√≠a, seguida de correspondencia y documentos, de Winston Churchill. El emprendimiento se inici√≥ a√ļn en la d√©cada de 1960 por Randolph, hijo de Winston, y poco despu√©s prosiguido por Martin Gilbert (que fuera Asistente de Randolph en los vol√ļmenes iniciales) y ahora completado por Larry Arnn (un americano que fuera Asistente de Martin Gilbert en Oxford y que preside hoy al norteamericano Hillsdale College).

Un primer rasgo peculiar de este encuentro, sobre todo desde un punto de vista europeo continental, es que todo este gigantesco emprendimiento de varias d√©cadas no fue soportado por subsidios estatales. Todo se desarroll√≥ sobre la base de apoyos privados de la sociedad civil – de individuos, familias, empresas, colegios y asociaciones voluntarias. Sin embargo, se trata de una obra que se refiere al mayor estadista brit√°nico del siglo XX. S√≠nticamente, no hab√≠a en la cena ning√ļn representante oficial que en el continente llamamos "Estado" brit√°nico.

Un segundo rasgo peculiar de este encuentro residió en el hecho de que la mayoría de los participantes eran estadounidenses. Había ciertamente distintos participantes británicos Рdesde luego Randolph Churchill y Celia Sandys, (bisnieto y nieta de Winston), así como varios miembros de la Cámara de los Lores, y otros distintos Churchillianos británicos. Pero los estadounidenses estaban claramente en abrumadora mayoría entre los cerca de 300 participantes.

Un tercer rasgo peculiar residió en la atmósfera profundamente conmovedora y conmovida de la cena. Las intervenciones se conmovieron Рy había lágrimas en los ojos de varios actores, así como en la asistencia. Fue una inolvidable demostración de la "relación especial" anglo-americana que Winston Churchill siempre defendió.

No debe evitarse la cuesti√≥n crucial que surge de estas tres peculiaridades: por qu√© estuvieron cientos de estadounidenses (y algunas decenas de brit√°nicos) a celebrar en Londres la memoria de un l√≠der brit√°nico (aunque su madre hubiera sido americana), sin ning√ļn apoyo estatal y en un ambiente de gran conmoci√≥n? Estaban conmovidos acerca de qu√©?

Tal vez la mejor respuesta pueda ser vislumbrada a trav√©s de las fotos de las gigantescas manifestaciones que tuvieron lugar en Hong Kong, tambi√©n la semana pasada. Desafiando la violencia policial y el gaz lacrim√≥geno, cerca de un mill√≥n de ciudadanos de Hong Kong descendieron a la calle en d√≠as sucesivos. Protestaban contra una "ley" reciente que permite la extradici√≥n de ciudadanos de Hong Kong para ser "juzgados" en la China continental comunista. ¬ŅCu√°l fue el mayor s√≠mbolo desplegado en las calles por los manifestantes que desafiaban a la dictadura comunista? La bandera brit√°nica.





¬ŅPor qu√© desataron a los habitantes de Hong Kong la bandera de un pa√≠s que no es el suyo (y que, seg√ļn la ortodoxia pol√≠ticamente correcta, fue incluso un 'ocupante colonial')? ¬ŅPor qu√© celebraron cientos de estadounidenses en Londres la memoria de Winston Churchill, que no era un estadista estadounidense?

No tengo dificultad para sugerir una respuesta a estas preguntas cruciales. Me ense√Īaron a respetar la bandera brit√°nica siempre por fuera del Reino Unido: mis abuelos y mis padres, ciudadanos portugueses orgullosos primera; por el austr√≠aco Karl Popper, a continuaci√≥n; y, finalmente, por el alem√°n Ralf Dahrendorf. Tambi√©n por eso mismo, no me sorprendi√≥ -a pesar de haber quedado conmovido- por la cena de homenaje a Winston Churchill promovido en Londres el pasado viernes por el norteamericano Hillsdale College. Y tampoco me sorprendi√≥ -a pesar de haber quedado conmovido- al ver la bandera brit√°nica disfrutada por los valientes manifestantes en Hong Kong.

Todo esto es ciertamente incomprensible por la actual atm√≥sfera intelectual, dominada por el vac√≠o moral posmoderno y post-cristiano, de que resulta el culto y la obediencia al poder del (que parece) m√°s fuerte. Pero, como record√≥ incansablemente Winston Churchill, el poder sin fundamento en la justicia y en la ley es s√≥lo el poder arbitrario – y por eso no merece obediencia. Dijo Churchill en 1938, a√ļn antes del inicio de la II Guerra y de la alianza nazi-comunista que le dio origen:

"No tenemos una ideología propia -si tenemos que usar esa palabra horrible (ideología) Рno tenemos una 'ideología' propia, fundada en la libertad, en una Constitución liberal, en un gobierno parlamentario y democrático, en la Magna Carta y en la Petición de Derechos ? "

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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