Dame un teclado y soy un héroe





"Acordar y ver las notificaciones, saber si ha quedado alguna ofensa por escribir o una persona que no ha sido ajusticiada como debía ser, percibir si nadie se mete más conmigo para que yo tenga que injuriar aún más. Quedar luego enervado porque sólo le llamé (palabro medio). Pasar en el feed al azar y venga la primera ofensa del día (orgasmo). Era sobre no sé qué.





Pero ya pasa de las 10h y por eso perdí las noticias de la mañana. Pronto hoy que me desperté lleno de rabia, y esto ya viene de ayer. Aquellos (improperio) se sienten que son ellos los que saben que anda Cristina ahora (se puede Ferreira, pero podría ser otro), aunque sólo ayer vi un comentario sobre el mismo en una página de Facebook que dice que es otra (palabra más grande) . Y después fue la tarde toda a discutir con aquellos (palabro gigante) sobre la pelota, como si yo no hubiera visto el fuera de juego, estuve de las 11h a las 21h en eso pero me de cabo de ellos y amenazé al último con la hija menor. Fue un día lleno. Pero hoy está sol y apuesto que ya está todo metido en la meteorología a comentar el tiempo, cuando debía estar lloviendo porque me gusta la lluvia. "Y empieza así un día repetido y feliz.

¿El odio que se fomenta por quien sólo tiene opinión o las opiniones que arrojan odio a toa?

A las tantas ya no sabemos, tal es el ataque cerrado con que se propaga la violencia en una caja de texto. Sí, porque el teclado es la arma más grande del ser humano actual; la escopeta pasó a ser una tienda de informática y una tecla es el gatillo.

Tengo un teclado e internet y soy un héroe. Ya no es a los tiros, es a los entra. La sociedad ha cambiado y la gente también, pero los valores no se pueden perder en una línea de fibra y el respeto no puede chocar con la pantalla de un dispositivo móvil.

No sé si es el vagar que ofrece esta propicia innegable de odio al desbarato o si las redes sociales trajeron a la vida una cronología con cobardes sueltos.

La gente tenía miedo de decir las cosas en la cara de los demás, pero con un teclado creen que se puede decir todo, como si el mundo estuviera abierto a disparates instantáneos. Finan la cobardía detrás de la pantalla y cierran puertas a la frustración de un pasado que se hacía cara a cara, con cuidado. Cuando la gente tenía derechos, y la opinión era uno de ellos.





Pasamos por los demás y no decimos "Epá estás tan gordo", "Eres feo como tu Madre" o "Detesto esa ropa" pero si nos dan cajas de texto podemos duplicar aquellas ofensas, a veces triplicar y en la mayoría de las veces sobrepasar.

Porque no hay contención, es siempre a la exageración, como si ofender a los demás a través de un ordenador fuera el mejor pasatiempo de siempre.

Nadie puede escribir nada (no es decir), comentar lo que quiera o tener una opinión propia que es mal tratado por otra persona que a veces sólo puede haber discrepado de una coma.

El mundo real no es el virtual, aunque pueda parecer por la exageración con que se vive. Las personas viven de hecho más allá de las cajas de texto y es posible que no estemos ofendiendo sólo un icono sino una Madre o un Hermano y en la mayoría de los casos sólo una persona con derecho a expresarse.

No hay ni siquiera derecho a la discusión, si creemos que algo no está como queremos, ofendemos a otra persona sin dones ni piedad, sin que ninguna palabrita quede atrás. Antiguamente y en el contacto personal las personas se interesaban precisamente por tener una opinión distinta donde se pudiera argumentar y divergir en las razones. El debate era algo noble, hasta el horario. Sabemos que todo cambió con la evolución de los tiempos, pero el ajo público de las redes sociales debe ser uno de los mayores retrocesos del ser humano.

A veces, nuestro desconocimiento hace que personalmente no consigamos comentar determinado tipo de situaciones pero si estamos detrás de un ordenador ya creemos que sabemos todo sobre todas las cosas y que debemos escribirlo como si fuera la verdad absoluta. Y si alguien cree que no es así, el siguiente paso es ofender a esa persona sin ningún freno, ni el de la conciencia.

Facebook es el caso más gritante, es una guerra en un lugar donde se escribe el mayor número de disparates posible, parece una competición, que permite que cualquier vendedor de helados pueda ser el mejor mecánico de automóviles de siempre o que un panadero haga un proyecto para una urbanización y un cobarde pueda de repente hacerse pasar por valiente. Son personas cargadas de odio o apenas parvoíce, pero odio llevado a extremos, de la forma más vil que se logra.

Después todavía existen aquellos que sólo comentan porque les apetece, estaban sentados en el sanitario a hacer scroll al azar para después ofender al azar también. Son los héroes del inodoro.

No puede haber mundo más pobre que éste, donde las guerras son tomadas por cobardes. Por la insuficiencia de poder ser quien es. Por los que traban batallas sucias, sin razones pero con razón, que fomentan el odio de la misma manera con que se olvidan de posar la encimera del sanitario donde estuvieron sentados a destilar tanta mierda como aquella que escribieron. (Perdóneme el término pero hice investigación más).

Y así es como pasamos por la vida: a ofender con ligereza a aquellos que no piensan como nosotros, a través de una computadora. ¿Pueden imaginar algo más ridículo y despreciante que esto? ¿O pensar la cara de quien gastaba tiempo a sobrepasar el Cabo Bojador?

El hombre se volvió incluso un ratón (con las debidas excusas al propio ratón) que se esconde detrás de una máquina para maltratar a aquellos que le escriben lo contrario de lo que cree o simplemente aquellos con quienes se cruza en un comentario de un asunto que nunca oyó hablar.

No creo que exista nada más afrentos, vergonzoso, degradante, desalentador, deshonroso, humillador, ignominioso, rebajador o vejatorio que esto. Es vergüenza y vergüenza ajena, o sinónimos escasos para este modo de estar.

Si el mundo continúa la mutación que se le impone, que empiece por aquí y nos libre de esta plaga que nos traba por el cansancio y el insulto a la inteligencia. Que haga un escaneado de material o les corte la línea de la vida en un router cualquiera.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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