D. Duarte, el melancólico rey que murió de la peste.





Durante el brote de peste bub√≥nica que rode√≥ Marsella en el siglo XIX, las medidas de control de la poblaci√≥n fueron tan extremas que el fil√≥sofo franc√©s Michel Foucault escribi√≥ que ser√≠an la ¬ęutop√≠a de la sociedad perfectamente gobernada¬Ľ, es decir, la ciudad pestilente permitida una vigilancia y control total sobre cada barrio, cada calle, cada casa y, finalmente, el control de cada individuo. Las medidas disciplinarias y punitivas pasaron por familias enteras encerradas, con solo un peque√Īo wicket para recibir pan y vino, llamadas diarias en cada calle para ver si hab√≠a nuevos muertos o enfermos. La violaci√≥n de estas reglas, ya sea por los habitantes o por los soldados vigilantes, dio lugar a la pena de muerte.





La plaga individualiza la vida humana hasta el m√°s peque√Īo: prescribe su lugar en la ciudad, cada uno su cuerpo, cada enfermedad, cada muerte. No m√°s mezclas de clases, adulterio, vagancia, violencia y todos los comportamientos considerados desviados del orden p√ļblico. Esta ¬ęciudad ut√≥pica¬Ľ se logra menos por el poder de la vigilancia de las autoridades y m√°s por la vigilancia de uno sobre el otro y, finalmente, de cada uno sobre s√≠ mismo.

El modelo de sociedades pestiferadas, considerado un √©xito, fue replicado en escuelas, hospitales, prisiones, hospicios e incluso tuvo su expresi√≥n arquitect√≥nica con los famosos edificios dise√Īados por Bentham, el Pan√≥ptico. En pa√≠ses con largas historias dictatoriales, como la nuestra, con trescientos a√Īos de inquisici√≥n y cuarenta dictaduras m√°s, estos comportamientos vigilantes y denunciantes parecen estar en nuestra sangre, como dir√≠a Thomas Bernhard sobre los austriacos. Estamos en la calle llenos de furia porque los dem√°s est√°n en la calle, filmamos a los vecinos para romper la cuarentena, nos miramos con recelo, incluso dentro de las familias, con el deseo de asegurarnos de que no sufran enfermedades ni la muerte.

Hace unos d√≠as, en el programa Pros y Contras de RTP, una bi√≥loga e investigadora en biolog√≠a celular y molecular, Mariana Sottomayor, declar√≥, en un video que se volvi√≥ viral: ¬ęEl enemigo no es el virus, el enemigo es el otro¬Ľ. Se dijo que la frase recomendaba la importancia de usar m√°scaras porque la enfermedad se transmite por la boca, sin embargo, en ella resuena milenios de plagas, plagas, contagios, varios terrores que inevitablemente resultaron en violencia, esclavitud, hogueras, etc. El gran miedo siempre viene del Otro, ese portador, por excelencia, de lo desconocido, del peligro.

En las √ļltimas semanas hemos escuchado informes de personas que trabajan en hospitales y hogares de ancianos a quienes sus propias familias les impiden ingresar a sus hogares, personas enfermas abandonadas a su suerte, regiones que no quieren recibir personas enfermas. Esto se puede leer de dos maneras: superficial, pensando que son familias disfuncionales o locos. Y uno m√°s profundo es reconocer aqu√≠ los signos de la crisis social que est√° emergiendo lentamente. Por este miedo tan inflado en estas semanas ser√° lo m√°s dif√≠cil de erradicar, porque no hay vacuna ni medicamento para √©l. Ni siquiera hay una m√°scara para protegernos de ella. ¬ŅQu√© medidas est√° tomando el gobierno contra la abyecci√≥n y el odio que vemos crecer poco a poco?

La peste en Marsella, por Michel Serre, siglo XVIII





Sin embargo, el Otro, los demás son todo lo que tenemos, también el enorme sufrimiento de aquellos que tuvieron que enterrar a sus muertos sin decirles adiós. Es que para muchos de los que han perdido a familiares y seres queridos, tal vez el miedo a su propia muerte haya sido superado por el sufrimiento que la pérdida de los suyos les ha causado. Incluso hay quienes afirman que preferirían correr el riesgo de la vida, pero de la mano de sus padres, sus hijos, sus hermanos. Y los medios de comunicación han dicho poco sobre los traumas y la interminable culpa que generará esta ausencia de ritos funerarios en tanta gente. Recordemos que los rituales funerarios son una de las acciones primordiales de la humanidad que adquiere conciencia reflexiva.

Tambi√©n es cierto que lo que no falta hoy son recomendaciones de libros e incluso hay escritores portugueses que se reunieron para escribir sobre la pandemia y la relevancia que esto tendr√° en nuestra cultura o en la forma en que cada uno vive esta experiencia extrema. Tambi√©n sabemos que los m√©dicos y los cient√≠ficos todav√≠a tienen la costumbre de leer libros no cient√≠ficos: leer los reflejos de sabios antiguos como S√©neca, Marco Aur√©lio, Montaigne o D. Duarte I, ¬Ņser√° obligatorio alguna vez en las universidades m√©dicas o de la vida?

Pero hay mucho que aprender y hay muchas cosas importantes que debe saber fuera de los laboratorios que buscan vacunas, medicamentos o máscaras certificadas. El rey Duarte I, que reinó a principios del siglo XV, entre el medievalismo y el renacimiento, no parece haber sido un científico, ni Daniel Defoe ni Albert Camus, sin embargo, sería importante, si no urgente, que nuestros políticos y los funcionarios del gobierno los leyeron y adoptaron con D. Duarte la regla de incluir el estudio como un acto fundamental para la gobernanza. El libro, agotado desde hace mucho tiempo, se llama Consejero leal y entre sus muchas modernidades, se ha dedicado a una mujer, D. Leonor de Aragão. Una mujer cuyas opiniones a menudo no influyeron en el rey, quien al morir la coloca como regente del trono en lugar de uno de sus ilustres hermanos. Fue escrito en 1437.

Consejero leal, que ser√° uno de los primeros trabajos publicados en portugu√©s, es un afluente de fil√≥sofos como Cat√£o o S√©neca y en √©l el monarca reflexiona sobre diversos temas como las relaciones familiares entre padres e hijos, entre hermanos, sobre el amor, la amistad, la guerra, melancol√≠a y miedo a la muerte en un momento devastado por la peste bub√≥nica. El libro ahora est√° pr√°cticamente olvidado, su antiguo idioma portugu√©s hace que sea cada vez m√°s dif√≠cil de leer y ser√≠a importante que alg√ļn editor renuncie a otro libro. coaching invertir en una buena edici√≥n de la obra con un lenguaje actual, que no nos permita perder la conexi√≥n entre este pasado, despu√©s de todo, tan moderno y las nuevas generaciones de lectores. El rey fil√≥sofo es uno de los escritores analizados en el libro. La melancol√≠a, la tristeza y la curaci√≥n del alma, que re√ļne a Maria Filomena Molder, H√©lder Macedo y Adelino Cardoso, que se publicar√°n pr√≥ximamente.

Fue el primer hijo de D. João I y D. Filipa de Lencastre en sobrevivir, lo que lo convirtió en el heredero al trono a pesar de ser solo el primero de una variedad de hombres que marcaron la historia portuguesa, la llamada generación poco clara; como los infantes D. Pedro, un hombre muy culto, traductor de los clásicos, el infante D. Henrique que dirigió la conquista de la costa africana o D. Fernando que murió como rehén en una prisión en Marruecos.

Descrito por varios historiadores como ¬ędemacrado¬Ľ, ¬ęharto de la voluntad¬Ľ, ¬ęabulic¬Ľ, ¬ęneurasthenic¬Ľ, causando desastres de dimensi√≥n nacional como la incursi√≥n fat√≠dica en T√°nger donde morir√≠a el infante D. Fernando porque D. Duarte se neg√≥ devolver a Ceuta a cambio de la vida del hermano menor. Hay otros cronistas, como Rui de Pina, quien en el siglo siguiente lo describir√≠a como ¬ęingenioso¬Ľ, ¬ębuen caballero¬Ľ, ¬ęmuy humano allegre e gracioso¬Ľ. Y Rodrigues Lapa da a D. Duarte como ¬ęun ejemplo de introspecci√≥n y an√°lisis psicol√≥gico (…) alguien convencido de que debe subordinar la sensibilidad a la raz√≥n y la voluntad¬Ľ.

Estatua de D. Duarte I en Viseu, donde nació imagen: visitviseu.pt

Lo que es seguro es que m√°s de seiscientos a√Īos despu√©s, sigue siendo uno de los reyes m√°s fascinantes de nuestra historia, que le dio el nombre de ¬ęelocuente¬Ľ. Uno de los grandes intereses en la figura de D. Duarte, no proviene de la historia o la literatura, sino de la psicolog√≠a. No Consejero lealD. Duarte reflexiona extensamente sobre la patolog√≠a que lo ha afectado durante mucho tiempo: su ¬ęhumor menencorico¬Ľ, su ¬ępecado de tristeza¬Ľ.

Adem√°s de contar detalles de esta melancol√≠a, esta falta de placer en algo (anhedonia), trata de entender su sufrimiento de manera racional, aunque no deja de consultar a f√≠sicos (m√©dicos), confesores o amigos, reconoce que nada lo ayud√≥. Uno de los primeros en encontrar un paciente cl√≠nico ejemplar en D. Duarte fue el psicoanalista recientemente fallecido, Carlos Amaral Dias, en el ensayo ¬ęD. Duarte y la depresi√≥n ¬ę. Como √©l se√Īala, D. Duarte, que era una personalidad obsesiva y neur√≥tica, profundamente puritana y exigente, no solo era un hombre melanc√≥lico, era alguien que sufr√≠a de lo que ahora se llama ¬ędepresi√≥n cl√≠nica¬Ľ.

Una de las √ļltimas ediciones de la obra filos√≥fica de D. Duarte I, hoy dif√≠cil de encontrar.

La melancol√≠a que los griegos llamaban ¬ębilis negra¬Ľ o ¬ęestados de Saturno¬Ľ, se transform√≥, en la Edad Media cristiana, en un pecado, un rechazo de las alegr√≠as dadas por Dios, aliadas con el mal, con lo diab√≥lico. Esta melancol√≠a fue luego analizada y pensada por muchos escritores y poetas, como S√° de Miranda, luego por el m√©dico Filipe Elias Montalto, un jud√≠o portugu√©s que fue precursor de la psiquiatr√≠a, pero tambi√©n Baudelaire, Rilke, Novalis, Ces√°rio Verde. La melancol√≠a cultiva la soledad, el momento de alejarse del pensamiento, es ¬ęuna apat√≠a cargada y una buena disposici√≥n para hacer¬Ľ, resume Margarida Prieto en el ensayo ¬ęA Sol√£o Essencial¬Ľ. De hecho, D. Duarte, que prefer√≠a estudiar a cantar, aunque fuera un canto religioso, no ser√≠a un dandy en el Par√≠s de Baudelaire, ser√≠a m√°s, como escribe Amaral Dias, ¬ęalguien que construy√≥ un complicado sistema de defensas contra los afectos e impulsos b√°sicos¬Ľ.

Con solo 22 a√Īos, Duarte est√° obligado a reemplazar a su padre, el rey D. Jo√£o I, en varios asuntos burocr√°ticos del reino, como la justicia y la econom√≠a, mientras viaja a Lisboa para preparar la incursi√≥n en Ceuta. Temiendo que no har√≠a el trabajo y disgustando a su padre, un hombre al que sus hijos trataban como un dios y tem√≠a la decepci√≥n, el joven Duarte Nuno se vio obligado a trabajar hasta altas horas de la noche, sin tiempo para estudiar y contemplarlo.

Llegaron noticias de Lisboa de un nuevo brote de peste, con noticias diarias de pacientes a quienes aparecieron ¬ębubos¬Ľ y muertos, lo que aument√≥ sus preocupaciones y desesperaci√≥n. En alg√ļn momento, la depresi√≥n incluso dio paso a episodios de hipocondr√≠aco, que seg√ļn los f√≠sicos fueron anemias y dispepsia. Asumir√° que el miedo a la muerte lo estaba enga√Īando, e incluso tuvo un episodio que hoy se considerar√≠a ¬ępsicosom√°tico¬Ľ, con dolor intenso en una pierna y fiebre alta. Cre√≠a que hab√≠a contra√≠do la peste pero, despu√©s de todo, su madre, D. Filipa de Lencastre , con el que habr√° tenido una relaci√≥n privilegiada.

D. Filipa de Lencastre

D. Filipa, inglesa, gobernada y fr√≠a, devota, impone un estilo m√°s modesto en la corte portuguesa que su predecesora D. Leonor Teles. En su matrimonio con D. Jo√£o I no hay hijos bastardos, lo que los convertir√° en la pareja ejemplar que D. Duarte describir√° en Leal Conselheiro. Cuando la reina contrae la peste, D. Duarte asume que su deber como hijo y futuro rey es acompa√Īarla y eso es lo que hace, independientemente del peligro real de contagio.

Era 1414, en la puerta de salida de Ceuta, en la que participaron todos los hijos del rey. Superando el miedo a su propia muerte, sus fobias y su tristeza, D. Duarte permanece cerca de ella hasta su muerte. Sobre esto es posible escribir: ¬ęsin empat√≠a, como si tal dolor [ou seja, o medo da morte] no siento (…) y ese fue el comienzo de mi curaci√≥n, porque al sentirlo, dej√© de sentirlo ‚ÄĚ. Entonces sintiendo los dolores de la madre es decir poni√©ndose en su lugar, Duarte deja de sentir sus propios dolores y angustias y, parad√≥jicamente, es la muerte de su madre, debido a la peste, lo que lo curar√° de su depresi√≥n.

D. Duarte se casará tarde con Leonor de Aragão, será el mentor del cronista Fernão Lopes a quien le pide que escriba la crónica de Portugal, una crónica se convirtió en fundamental para legitimar la revolución de 1383/85 y la nueva dinastía iniciada por D. João I. Estaba a favor de una guerra justa, una que extendiera la fe cristiana y que conquistara las tierras, pero que permitiera a cada uno de sus pueblos (moros y judíos) vivir en paz y con sus propiedades protegidas. Su reinado fue breve y problemático: incluye el paso del cabo Bojador, pero también el desastroso intento de conquistar Tánger y el consiguiente arresto y muerte de D. Fernando.

Como toda su vida, su reinado fue entre la modernidad temprana y un apego a las tradiciones cristianas. Despu√©s de a√Īos de ayudar a D. Jo√£o I, cuando D. Duarte finalmente alcanz√≥ el trono, llegaron todo tipo de profec√≠as, sue√Īos, presagios y malas declaraciones. Pero en un corte extremo con su tiempo, D. Duarte rechaza todo este tipo de irracionalidad y escribir√° sobre la ¬ęforma muy dudosa de aquellos que quieren afirmar todo, ciertamente negarlo (…) es mejor dudar de eso sin descripci√≥n, determinar¬Ľ. Esta es la duda met√≥dica cartesiana 200 a√Īos antes y que si hoy lo alabamos por el visionario, los cronistas ver√°n en √©l las decisiones equivocadas tomadas por el rey. Y el episodio terminar√° apareciendo como un ejemplo del error cometido por aquellos que rechazan la profec√≠a: Mestre Guedelha, f√≠sico y astr√≥logo del reino, advierte que D. Duarte no podr√° asumir el cargo el d√≠a programado porque las estrellas no son favorables. Pero √©l rechaza esa idea y no cambia la agenda. El astr√≥logo profetizar√° que su reinado ser√≠a corto. Y, de hecho, solo dura 5 a√Īos y morir√° de peste, al igual que su madre, 23 a√Īos antes.

Por lo tanto, sin un laboratorio o vacunas y muriendo de peste, D. Duarte tambi√©n fue curada por ella. Adem√°s, un poco como los personajes de La peste, por Camus y, al contrario de lo que los cient√≠ficos nos advierten hoy, nuestro enemigo no es el Otro, √©l tambi√©n ser√° nuestra (¬Ņ√ļnica?) salvaci√≥n. Es necesario superar el miedo a la muerte, porque como dijo S√©neca, en una frase que a D. Duarte le gustaba citar, ¬ęQuien teme a la muerte pierde cu√°nto tiempo vive¬Ľ.

Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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