Cuerpos, escombros y horror: lea el texto del 11 de septiembre publicado en Folha en 2001





Los atentados del 11 de septiembre de 2001, que cumplen 20 a√Īos, dejaron profundas huellas en Estados Unidos.





Solo en Nueva York, 2.606 personas murieron en ataques al World Trade Center. El director editorial de hoja, S√©rgio D√°vila, era corresponsal del diario en la ciudad y vio de cerca los da√Īos causados ‚Äč‚Äčpor la acci√≥n terrorista. Lea un art√≠culo publicado en la edici√≥n impresa de hoja el 12 de septiembre de 2001.

El puente que conecta las dos torres del World Trade Center está a 10 metros de distancia, tendido en el suelo sobre dos coches de policía y cuatro camiones de bomberos. Cedió cuando la primera torre cayó al suelo. Dos enfermeras llevan una camilla con un cuerpo de bomberos. Está decapitado.

Protegido por una máscara que me dio uno de los bomberos, pude pasar tres retenes policiales y estoy a unos pasos de la parte trasera de lo que quedaba de las estructuras de las dos torres. El aire está lleno de una mezcla de polvo blanco y humo negro. Es mediodía, el sol brilla, pero al lado del World Trade Center está oscuro como la noche.

Además del aire sofocante y el calor que emana de los dos edificios en llamas, hay un olor dulce y desagradable a quemado que revuelve el estómago. El ruido de las alarmas de incendios de los edificios vecinos, todas apagadas, se une a las alarmas de los autos que no fueron completamente quemados y las sirenas de las ambulancias y vehículos que lograron escapar del segundo derrumbe.

Trastorno

No hay orden aparente. Los agentes de policía llegan, solos o en parejas, y gritan órdenes, que son modificadas por el jefe de bomberos, que anula a los agentes del FBI. En medio de la confusión, enfermeras, paramédicos y voluntarios no saben qué hacer.

Son los que quedan, la tercera ola del rescate. El primero quedó casi completamente enterrado por el primer derrumbe. Parte del segundo, que fue enviado para intentar rescatar al primero, se encuentra bajo los escombros del segundo derrumbe. El tercero son los bomberos que estaban fuera de servicio, enfermeras jubiladas, policías de otras partes de la ciudad, agentes más acostumbrados a trabajar detrás de escritorios, estudiantes de medicina y enfermería.





De vez en cuando, todos se miran alarmados: una de las tuber√≠as de gas que a√ļn resiste en la estructura de los edificios explota, haciendo un ruido desagradablemente similar al de las bombas hace unos minutos. Los perros rastreadores comienzan a ladrar y buscar cuerpos en las rocas.

primer deslizamiento de tierra

la oficina de hoja en Nueva York está a unas 15 cuadras del lugar de la explosión, ambos en la isla sur de Manhattan en Nueva York. Desde que escuché las primeras sirenas y ruidos de helicópteros, salí a la calle tratando de llegar al World Trade Center.

En cuestión de minutos, el servicio de metro se interrumpió. Pronto las calles fueron invadidas por gente, que tomó taxis y buses, ya detenidos por el tráfico. La solución fue caminar. Bajando por la Tercera Avenida, el primer susto: una de las dos torres que habían estado allí, a plena vista, se derrumba en una nube de polvo.

Sin ruido, sin cambios. Las tiendas siguen funcionando, la taquilla del cine todav√≠a vende entradas. Hasta que las primeras noticias empiezan a llegar de boca en boca. De hecho, la torre se derrumb√≥. Comienzan a formarse colas en los pocos tel√©fonos p√ļblicos que a√ļn funcionan. Los primeros gritos.

Todos intentan en vano hablar por tel√©fonos m√≥viles, que est√°n estropeados. Una pareja cruza la calle corriendo y llorando. Dos amigos se abrazan con l√°grimas en los ojos. Una se√Īora se lleva las manos a la cabeza y pregunta: ‚Äú¬ŅPor qu√©? ¬ŅPor qu√©?¬Ľ. Se est√°n formando grupos asustados en las esquinas.

A la altura de la Quinta Avenida, con una vista más completa de la torre restante, me da el segundo susto. Es como un accidente automovilístico. Un ruido sordo y seco, algunos gritos. Un silencio. Y luego la carrera por las calles, la desesperación, el pánico. La segunda torre acaba de derrumbarse, allí, para que todos la vean, en una nueva nube de polvo.

Llego a la parte trasera de lo que ayer por la ma√Īana era el edificio m√°s alto de la ciudad. El escenario es la guerra. Cada edificio dentro de un radio de tres cuadras ha sufrido al menos alguna sacudida. Algunos todav√≠a corren el riesgo de colapsar.

A pocos pasos de una de las entradas a la segunda torre del edificio, un tel√©fono p√ļblico ten√≠a el gancho arrancado. Encima del dispositivo, una peque√Īa bolsa de marihuana. En el suelo, cerca de uno de los coches quemados, un gorro de polic√≠a pisoteado hace compa√Ī√≠a a dos botas destrozadas en un charco de sangre.

Alrededor de las 13:00 horas, con el fuego aparentemente controlado y sin perspectivas de nuevos deslizamientos de tierra, comienza a llegar una nueva ola de rescate, la cuarta del día. Hay decenas de hombres, que caminan juntos sacando más polvo del suelo, en una imagen que recuerda al Viejo Oeste.

Batallones de voluntarios, bomberos, médicos y policías comenzaron a acercarse al edificio en bloques para buscar sobrevivientes. Pero no hay. En cuestión de minutos, las camillas comienzan a retirarse. Son cuerpos aplastados, en su mayoría policías y bomberos, cubiertos de polvo blanco y sangre.

En ese momento, me echan del lugar.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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