Cuando la huella es grande, tal vez el zapato esté muy ancho





Que la agricultura, la ganadería y la silvicultura tienen una huella me parece obvio, lo que no puedo aceptar es que nos obligan a usar un zapato varios números por encima de nuestras necesidades.





No soy de aquellos que afirman que todo está bien y que los cambios son una invención. Pero tampoco pertenezco al grupo de los que vaticinan la catástrofe si no regresamos a modos de vida de otras eras. Mucho menos pertenezco al grupo de los que, armados con varitas mágicas, buscan en el bosque oscuro y sombrío los ogres, los basiliscos y los dragones que amenazan la "Tierra Media".

Que algo está cambiando me parece claro. Pero los agricultores y propietarios forestales desde siempre han convivido con la incertidumbre climatérica y se han adaptado. Lo hicieron porque así tuvo que ser y no por imposición ciega de algunos.

Por otra parte, el mero hecho de no reconocer esa capacidad de adaptación de los agricultores y propietarios dice mucho sobre los verdaderos objetivos de esta "hermandad del anillo" que busca salvar al mundo de esos malvados que lo estropean sólo para producir alimentos.

Y para percibir eso basta preguntar a un agricultor cuántas veces no retrasó la siembra, con consecuencias severas en la producción, por falta de lluvia en la altura correcta. O a un productor pecuario cuántas veces no tuvo que comprar heno debido a los malos años de pastoreo. A un propietario forestal cuántos árboles vio morir repentinamente debido a sequías severas. O incluso a un gestor cinegético cuántos nidos perdió en las tormentas primaverales. O a un fruticultor cuántas veces vio la floración estropeada por fenómenos climáticos extremos.

¿Y qué hicieron todos ellos? Buscan, buscar y seguir buscando maneras de atenuar estos efectos, manteniendo la actividad y mejorando y eficiencia de la gestión de los diversos recursos. Es decir, continuando produciendo alimentos de calidad, seguros y gastando los recursos de forma más eficiente. Será siempre un trabajo continuo con avances y retrocesos, pero será hecho.

Podría seguir dando ejemplos, pero desafortunadamente los abogados de la huella no están interesados ​​en estos buenos ejemplos. Y la prueba está en la forma en que últimamente se refieren a los agricultores, a los propietarios rurales ya sus actividades. Siempre como si estuvieran ante "los bandidos" que viven constantemente al margen de la ley.





Comenzó con los animales y la necesidad urgente de asegurar un estatuto adecuado, pues los animales están en riesgo debido a la forma en que se crean y se trata. Todo ha servido para comprobar esta necesidad y por supuesto que a la cabeza de estos relatos surgieron cientos de casos relacionados con la tauromaquia y la cinegética, demostrando la necesidad de acabar con esas actividades y costumbres.

Pero los autores de estos relatos conocen las actividades que acusan? ¿Conocen a fondo la forma en que se gestionan las explotaciones donde se practican estas actividades? ¿Reconocen la evolución en el manejo de los animales y de sus hábitats? No me parece. Es fácil reconocer la culpa y los errores de los demás. No cuesta tanto acabar con tradiciones y costumbres que no conocemos y que no son los nuestros.

Es claro que un verano como el de 2017 dio a estos grupos ánimo para otra catástrofe de intervenciones a favor del "bien común". El eucalipto necesita ser erradicado a la nación y los paseos de fin de semana de los defensores de la nostalgia depresiva urbana. Y en realidad la bola de nieve creció tanto que hasta gente importante arremetió las mangas y fue al campo arrancar árboles. ¿Serían acacias? No me pareció porque estas probablemente no son tan peligrosas, ya que pocos se quejan de ellas.

Por el medio tenemos las famosas limpiezas obligatorias de miles de hectáreas de franjas, hecha cuanto antes más temprano pues así se da la oportunidad para que crezca una vez más antes del final de la primavera. Y si no se hace hay que "castigar y castigar" a esos infractores que tanto mal hacen a la nación y al mundo.

Ahora se une a tal huella de carbono y la necesidad de reconvertir el campo y el Mundo Rural para una cosa que no "tenga tantas emisiones". Y para ello es fundamental disminuir el área agrícola y la cantidad de animales. ¿Qué será después? ¿Dejar de producir para no emitir? ¿Transformar nuestro campo en los paisajes prístinos de los cuentos de hadas, si es posible sin gente a molestar los paseos de verano de los defensores del bien común?

Recientemente con ocasión de la presentación de un libro y al oír las palabras de la periodista que en mis tiempos de juventud me relataba el domingo por la noche las victorias (y las derrotas) de mi club, no pude dejar de notar en el extraño país en que nos estamos a hacer.

Por un lado estaba en una sala a oír hablar de amistad, complicidad, civismo, respeto por los demás, respeto por los animales y placer en disfrutar de los productos y paisajes de nuestro Mundo Rural. Por otro recordé todo lo que se dijo sobre todos los agricultores, propietarios y gente del campo en los últimos años. Hasta sugirieron que necesitábamos ser más "civilizados".

Pero algo no está bien. Si cada vez más turistas no visitan y más premios recibimos lo que vienen aquí hacer? Son los bandidos portugués? ¿Serán nuestros productos malos y poco seguros? ¿Serán nuestros paisajes tan feos?

No me parece. Si cada vez son más los que atestiguan la excelencia de nuestra gastronomía, de nuestros paisajes, de nuestras costumbres y de nuestra manera pacífica de vivir la vida, ¿por qué insisten en llamarnos "poco civilizados"? ¿Por qué nos tratan como bandidos que no respetan la ley? ¿Por qué persiguen las actividades rurales y todo lo hacen para terminar extinguiendo modos de vida y no respetan nuestros valores?

Tal vez para satisfacer las voluntades de un electorado más urbano. O para intentar que no se fijen en otras actividades extractivas, sí con un impacto bien visible. Tal vez porque sea más fácil castigar un sector que cuenta poco para las cuentas políticas del presupuesto de estado. Tal vez por ser un sector que no da tantas audiencias.

Es decir, tengo que concluir que es más fácil arreglar un zapato excesivamente ancho para el pie del Mundo Rural, pues así compensamos el zapato apretado de los otros sectores y actividades.

El entrenador de la Confederación Nacional de Cooperativas Agrícolas y de Crédito Agrícola de Portugal

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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