Cr铆tica de la Raz贸n Europea (IV), tesis n潞3: 隆Refrescar la legitimidad pol铆tica europea!





La gran duda que permanece sobre el proyecto europeo es la siguiente: es posible construir la legitimidad pol铆tica del proyecto europeo a partir de su aparente y visible megaloman铆a, de su creciente omnipresencia, que nos aplasta y sofoca, de su racionalismo ofensivo y de la imponencia de la su orden burocr谩tico que nos ofusca e irritan?





Estamos en el 2018, en la resaca de una gran crisis sist茅mica del capitalismo, sin proyecto ni futuro a la vista, a la espera de un profeta o de un orden nuevo. En estos tiempos, de equ铆voco de la identidad y de su poder, c贸mo podemos quedar la ambiciosa identidad europea o, si queremos, esa "uni贸n cada vez m谩s estrecha entre los pueblos de Europa", de acuerdo con el art铆culo 1, letra 2, Tratado de uni贸n europea?

Sin embargo, cuidado con los t茅rminos de la ecuaci贸n, pues podemos estar trabajando en un equ铆voco comprometedor. De hecho, en el estado actual del arte de la pol铆tica europea, pocos creer谩n que para construir una identidad pol铆tica de nivel supranacional bastar谩 una operaci贸n de ingenier铆a jur铆dico-institucional, aunque prevale una l铆nea empirista, discreta y utilitaria de negociaci贸n permanente que es cara a la burocracia de las instituciones europeas. 驴Y cu谩l es entonces el equ铆voco en cuesti贸n?

La identidad no es una raz贸n de Estado, sino una raz贸n de Naci贸n. La identidad europea no se enuncia o anuncia como trascendencia pol铆tica o institucional, sino como experimentaci贸n moderna, como resultado de una pol铆tica modesta, llevada a cabo por una gran diversidad de poderes y saberes, quiz谩 en orden ca贸tico, pero todos ellos imbuidos del inter茅s p煤blico ben茅volo. La identidad no es el atributo de una raz贸n pretensiosa, unificadora o unitaria, y mucho menos el iluminismo tecnocr谩tico de cualquier eurocrata. En el mismo sentido, si las pol铆ticas europeas y nacionales privilegiar una econom铆a estandarizada hacia un espacio abstracto y plano, de donde se apagaron las memorias, las peque帽as econom铆as regionales y las vivencias de los lugares concretos, la desobediencia civil podr铆a explotar en todas direcciones, s贸lo como poder identitario, sino tambi茅n como movimiento hostil de indignaci贸n y rechazo.

Estamos en 2018, basta mirar a nuestro alrededor, est谩 ah铆 el movimiento nacionalista y populista a probar lo que decimos. La Uni贸n Europea ha muerto el cebo, el corto plazo se ha tomado cuenta de la contingencia, al tiempo que el capitalismo europeo busca purgarse de sus fracciones menos competitivas. En esta "bajada a los infiernos", donde el desmantelamiento del estado social es especialmente visado, es muy probable que el neoliberalismo deje a su merced, a su suerte, las instancias colectivas hist贸ricas m谩s representativas, incluyendo la cultura, pero la suerte del individuo-sujeto parece, igualmente, preocupante para evaluar por la fulguridad de los s铆ntomas.

En el a帽o 2018, sin orden, sin moral y sin sistema, un aut茅ntico esplendor del caos en las palabras de Eduardo Louren莽o (Louren莽o, 1998). En este v茅rtigo, el recurso a las identidades port谩tiles, prestadas, es cada vez m谩s frecuente, sea por v铆a de los iconos medi谩ticos, de todo tipo, sea por v铆a de las apelaciones de car谩cter identitario, localistas y regionalistas, que se forjan contra el enemigo exterior o construcciones megal贸manas, como es, por lo dem谩s, el caso de la propia Uni贸n Europea.

en men煤 de los discursos legitimadores, el discurso sobre la ciudadan铆a responsable no parece haber hecho, a煤n, ganancia de causa, a pesar del esfuerzo y la plusval铆a proporcionados por el estatuto de ciudadan铆a europea. No hay duda, las sociedades nacionales han mejorado bastante, en muchos 谩mbitos, debido, justamente, a las iniciativas europeas. Sin embargo, si prosigue la desinstitucionalizaci贸n de la familia, la deshela por la pol铆tica y la religi贸n, la incredulidad en la justicia y la 茅tica cient铆fica y todo, o casi todo, si se resume a la exhibici贸n del individualismo y al consumo desenfrenado de los acontecimientos, resulta dif铆cil construir la nueva estructura de orden, un orden institucional m谩s simple y m谩s cercano a las personas. As铆, entre la gobernanza de proximidad y la gobernanza remota de las instituciones europeas, 驴c贸mo construir una individuaci贸n responsable que evite la guerra civil entre los cibernautas de los mercados globales y los guerreros de las identidades locales?





Sabemos, en esta materia, que la dogm谩tica pol铆tica favorece el vencimiento del pensamiento dicot贸mico en detrimento del pensamiento reformista y moderado. As铆, por un lado, tenemos los "solemnes" problemas de soberan铆a e independencia nacional, de otro, la "inevitabilidad" del refuerzo de las instituciones pro o pre-federales. La secuencia es ya conocida. El pensamiento pol铆tico est谩 prisionero de esta compresi贸n del espacio-tiempo y los c贸digos comunicacionales y discursivos dominantes no dejan que se afirme el nacimiento de la 煤ltima utop铆a, la aventura de una ciudadan铆a aut茅ntica en una Europa Democr谩tica. A esta luz, se confunden la ineptitud y la pobreza de la reflexi贸n institucional europea. La portada de su racionalidad burocr谩tica produce un "tratado constitucional", un bello ejemplo de una raz贸n trascendente normalizaci贸n, despu茅s de plomo finalmente fue tratado implementado en Lisboa. En vez de eso, nos preguntamos, para cuando un tratado modesto que sea un eslab贸n de uni贸n de pueblos y culturas y elemento de renovaci贸n del ideal democr谩tico, si queremos, un acto federal con dos o tres decenas de art铆culos?

En el estado actual de la pol铆tica europea, en plena era digital de las redes y comunidades distribuidas, nada m谩s parad贸jico que la identidad europea, la megaloman铆a y omnipresencia unionistas, la raz贸n pretensiosa, unificadora y normalizadora, la trascendencia pol铆tica e institucional del orden burocr谩tico de la Uni贸n Europa, todo lo que las redes sociales distribuidas no les gusta. La utop铆a europea, la aventura europea, est谩n, por tanto, en una encrucijada. No vale la pena escamotear que el largo movimiento de descenso hacia la sociedad civil proseguir谩, que la representaci贸n ser谩 cada vez m谩s directa y que las pr谩cticas cotidianas estar谩n cada vez m谩s ligadas al combate ya la decisi贸n pol铆ticas. Si a este movimiento centr铆fugo de las democracias actuales, a veces peligroso nacionalista y comunitarista, se opone a la arrogancia, la sobraner铆a y el racionalismo unionistas, el unitarismo unionista, entonces tenemos serias razones para quedar preocupados.

Sabemos que las constituciones nacionales crearon la idea de ciudadan铆a, de emancipaci贸n individual, para separar al individuo de su identidad local y regional. La igualdad de todos ante la ley reforzaba la idea de emancipaci贸n individual. La protecci贸n conferida por la ley le hac铆a dispensar la protecci贸n que le era asegurada por su grupo de referencia. La idea de federaci贸n no tiene por objeto hacer lo mismo con la ciudadan铆a europea en relaci贸n con las identidades nacionales y regionales. En el fondo, la idea de federaci贸n promueve y refuerza una triple fidelidad, europea, nacional y regional, todas ellas valoradas en la confrontaci贸n directa entre s铆. La idea de federaci贸n es el lugar geom茅trico de esta confluencia y es imperativo encontrar una formulaci贸n jur铆dico-institucional apropiada para esta nueva realidad que valore, igualmente, todos sus componentes. 驴Y el "patriotismo constitucional europeo", transmitido por la carta europea de los derechos fundamentales, no llegar谩 a un refuerzo de la legitimidad pol铆tica europea?

Sabemos que la construcci贸n europea siempre se ha hecho de lo particular para el general y que los derechos siempre han tenido siempre un car谩cter instrumental y funcional ligado a la necesidad de poner en funcionamiento el mercado y la econom铆a. Lo que ahora est谩 fuera, con el Tratado de Lisboa y la Carta de los Derechos Fundamentales, es la colocaci贸n de los derechos fundamentales a la cabeza del tratado, significar谩 una relaci贸n de precedencia de los derechos funcionales y, por lo tanto, en cierto modo, acondicionado interpretaci贸n jur铆dica-pol铆tica de esos derechos funcionales. Por detr谩s de esta intenci贸n parece haber una idea luminosa, no s茅 si racional si rom谩ntica, cu谩l es, la de que es posible concebir una especie de "nuevo patriotismo republicano", a partir de un conjunto de derechos fundamentales, localizados esta vez en esta ocasi贸n plan supranacional, como si, por v铆a simb贸lica, fuera posible movilizar irresistiblemente a los europeos hacia este destino com煤n.

Por eso, los referendos en Francia y en los Pa铆ses Bajos sirvieron, ante todo, para descender a la tierra y reponer la "verdad de los hechos" de lo cotidiano sobre las "promesas constitucionales" de un futuro incierto. De forma m谩s prosaica, para recordar que la relaci贸n concreta entre la comunidad de derechos fundamentales y la vida cotidiana de los ciudadanos implica, ante todo, debatir profundamente la din谩mica entre la pol铆tica de crecimiento econ贸mico europeo y la formaci贸n del espacio social europeo. Lamentablemente, la Uni贸n Europea, despu茅s de haber conseguido el mercado 煤nico y la moneda 煤nica, no pudo dise帽ar una pol铆tica econ贸mica que conciliar el crecimiento econ贸mico y el espacio social europeo, es decir, que preservara lo esencial del estado social europeo. Hoy, pocos creer谩n que exista una austeridad virtuosa detr谩s de la pol铆tica econ贸mica dominante en la Uni贸n Europea, a no ser los grandes acreedores que buscan a toda costa recuperar sus cr茅ditos.

Hoy, en 2018, si en el cat谩logo de derechos fundamentales hicimos un cat谩logo de aspiraciones y objetivos personales, 驴qui茅n en la Uni贸n Europea estar铆a en condiciones de garantizar que esas promesas pod铆an ser convertidas en resultados y beneficios materiales? 驴Y qui茅n responder铆a por la decepci贸n y los da帽os provocados sobre nuestras convicciones personales?

La Uni贸n tiene una presencia obsesiva agravada por la relevancia que le da el espacio p煤blico medi谩tico. Su presencia obsesiva es contraproducente. En el actual contexto, todo lo sugiere, el principio de la legalidad se sirve fr铆o. Europa no puede tener la pretensi贸n de legislar sobre todo, de invadir todas las 谩reas de actuaci贸n, so pena de que su omnipresencia se vuelva asfixiante y desmovilizadora. La Uni贸n debe elegir lo esencial, optar por el reconocimiento mutuo, la armonizaci贸n de referencia o la armonizaci贸n m铆nima, nunca por la reglamentaci贸n uniforme.

En este caso, el estado del arte en materia de legitimidad pol铆tica europea: identidad europea, carta europea de los derechos fundamentales, patriotismo constitucional europeo, espacio social y sociedad civil europea, ninguno de estos factores o valores est谩 en condiciones de sostener "un derecho sin Estado "Que cree las condiciones m铆nimas de emergencia de una sociedad pol铆tica europea. Es verdad que en la Uni贸n todos adherimos a los mismos principios de la democracia representativa, del Estado de Derecho y de los derechos humanos, pero esta adhesi贸n, que s贸lo muy vagamente traza los contornos de un patriotismo constitucional, no funda sino un d茅bil consenso sin gran valor pr谩ctico.

Y, sin embargo, necesitamos mucha inteligencia pol铆tica emocional para afrontar la extraordinaria coyuntura pol铆tica europea que se desarrollar谩 de aqu铆 a las elecciones europeas de mayo de 2018. En los meses que tenemos por delante podemos echar todo a perder. Por un lado, tenemos el radicalismo cosmopolita y civilista que agota una buena parte de sus energ铆as en la desestatizaci贸n de su relaci贸n umbilical, ya que los aparatos estatales se constituyen en blanco preferencial para alcanzar su mayoridad c铆vico-pol铆tica y 茅sta es, tal vez, su mayor contradicci贸n y fragilidad. Por otro lado, es el fin del monopolio de la acci贸n pol铆tica del Estado, pero no es el fin del Estado. Por otra parte, la llegada del nacionalismo y del populismo es una especie de alerta para las pretensiones de la proclamada sociedad civil, elemento fundador e instituyente de la democracia cosmopolita que, finalmente, nos liberar铆a de la civilizaci贸n del capitalismo global. Muy cuidado, sin embargo, con las precipitaciones. La deriva securitaria que se suscita a trav茅s de los flujos migratorios y el endurecimiento de la pol铆tica dom茅stica que de ello se deriva no favorece la emergencia de la sociedad civil, ya sea a nivel interno o internacional. La virtud c铆vica global de los "movimientos sociales" que son necesarios para el cosmopolitismo republicano queda seriamente cuestionada, mientras que el "viejo-Estado" recupera o hace nueva ganancia de causa. De hecho, si los movimientos sociales del radicalismo democr谩tico, nacidos en el caldo de cultura de las redes sociales, comete algunos errores de palmatoria, la posibilidad de ser capturados por el sistema pol铆tico securitario crecer谩 en la misma proporci贸n. La radicalidad c铆vica de la sociedad cosmopolita dar谩 lugar a la seguridad de las razones de Estado. Regresa la violencia simb贸lica y en la calle caer谩 la virtud c铆vica.

En cualquier caso, nuestra aventura contin煤a. Somos individuos embarcados. Ya pasamos por esclavos, siervos, s煤bditos y ciudadanos, en un largo camino que nos llevar谩 hasta la rep煤blica universal y la ciudadan铆a cosmopolita. Y si un cat谩logo de derechos no hace una pol铆tica, no es menos cierto que la constitucionalizaci贸n de los derechos fundamentales es una garant铆a adicional de mayor protecci贸n pol铆tica, legal y jurisdiccional de los ciudadanos europeos, incluso contra su propio Estado nacional, ya sea por acci贸n u omisi贸n .

Sabemos que la Uni贸n Europea no es un bien de consumo inmediato, que la utop铆a comunitaria parece un anacronismo en tiempo de terrorismo internacional, que la globalizaci贸n pone al desnudo las fragilidades de la construcci贸n europea, en fin, que nadie est谩 dispuesto a morir por la patria europea. Y, sin embargo, entre la domesticidad tradicional del Estado nacional y el cosmopolitismo de la sociedad global, necesitamos urgentemente un anclaje seguro que nos ayude a superar las limitaciones del Estado-naci贸n y las limitaciones impuestas por el mercado mundial. Este es el espacio de la utop铆a europea, el bien com煤n m谩s precioso que necesitamos reinventar y recrear a toda costa. El "m谩s f谩cil" qued贸, al parecer, detr谩s, el mercado 煤nico y la moneda 煤nica. Ahora que nos abamos de la uni贸n pol铆tica, vemos avolumbrarse las diferencias nacionales y regionales y las singularidades hist贸rico-culturales llegan a ser casi amenazadoras.

A pesar de todo, hay una idea o un "esp铆ritu comunitario" que hace lentamente su camino, en busca de un nuevo inter茅s general, que ya est谩 contenido en conceptos como "ciudadan铆a europea", "cohesi贸n y ultraperiferia", "servicios de inter茅s econ贸mico "redes transeuropeas", "cooperaci贸n transfronteriza", "ayuda a la cooperaci贸n y el desarrollo", a la protecci贸n de los bienes comunes de la humanidad, la prevenci贸n de los riesgos globales, los programas de movilidad para los j贸venes, fiscalidad europea ", entre otros. Necesitamos armonizar, pero no de uniformizar. En el fondo, continuamos la pol铆tica de los peque帽os pasos, de largo plazo, aguardando pacientemente que el sistema comunitario y la negociaci贸n permanente de las instituciones transformen problemas serios y graves (la ola migratoria y el populismo nacionalista) en problemas "institucionalizados y bajo condici贸n" y que nuevos protagonistas pol铆ticos y coaliciones de intereses traigan el sentido com煤n y el impulso pol铆tico que ahora pecan por defecto.

El protonacionalismo popular y la tribalizaci贸n de la cultura

Estamos en 2018. Las sociedades europeas est谩n muy divididas y el pacto social fundador ya dice poco a la Naci贸n. Asistimos al debilitamiento del Estado, en particular del estado social, a la fragmentaci贸n social y cultural de las regiones, a los territorios que quedan devotos ya las poblaciones abandonadas. El retorno del protonacionalismo popular, hostil a la globalizaci贸n ya la integraci贸n europea, es una se帽al de esta fragmentaci贸n. La naci贸n, privada de trascendencia y discurso unificador, se presta a ser apropiada por grupos sociales particulares y se degrada en ideolog铆a blanda alimentada por la tribalizaci贸n de las redes sociales. Al mismo tiempo, la falta de l铆deres priva a la Naci贸n y al Estado de acci贸n hist贸rica colectiva en la buena direcci贸n. El fascismo societal se abri贸 de nuevo de las l铆neas rojas democr谩ticas.

La naci贸n-internet y la uberiza莽茫o de la pol铆tica europea

Estamos en 2018. El proyecto europeo hace navegaci贸n a la vista, tal vez en la buena direcci贸n, pero lejos, a煤n, de ofrecer una nueva s铆ntesis o imagen fuerte de referencia. No se proporciona suficiente capital simb贸lico. Retornan los viejos lazos comunitarios casi tribales: identidades populares, reivindicaciones multiculturalistas, movilizaciones antipopulares. El comienzo del siglo XXI marca el rechazo del lenguaje de la historia, la s铆ntesis nacional est谩 cuestionada y el progreso ya no se mide en el eje del tiempo. Por eso, la legitimidad pol铆tica europea tiene que ser todo esto: una idea de futuro, un nuevo reanudamiento, un lastre simb贸lico, un programa de ciudadan铆a, una imagen de referencia, nuevos protagonistas y liderazgos acreditados, todos los tiempos en un tiempo solo.

Y qu茅 decir de la naci贸n-internet, hija de la revoluci贸n digital y protagonizada por las generaciones m谩s j贸venes. Ellas nunca soportar谩n la megaloman铆a y la omnipresencia de las instituciones europeas, por la simple raz贸n de que ellas apuestan por la desintermediaci贸n institucional y burocr谩tica. Y lo que piensa la Uni贸n Europea de este asunto, del mercado 煤nico digital y, en general, del lanzamiento de instituciones-plataforma que optimizan los recursos y permiten la innovaci贸n a gran escala, si queremos, que lanzan el "proceso de uberizaci贸n" de la propia Uni贸n Europea. La "uberizaci贸n comunitaria" puede, finalmente, dar materializaci贸n a la llamada "subsidiariedad descendente". Es hora de que la Uni贸n Europea se aplique a s铆 mismos los principios que recomienda a terceros, creando dentro de la administraci贸n europea un cubo de innovaci贸n con vistas a su progresiva plataforma a trav茅s de una red europea de administraci贸n p煤blica mucho m谩s descentralizada.

Valor a帽adido europeo y comunicaci贸n pol铆tica

En la actual coyuntura europea, estoy convencido, no es por la v铆a simb贸lica, institucional o digital que se refresca la legitimidad pol铆tica de la Uni贸n Europea, por importantes que sean todas esas contribuciones. Un impulso pol铆tico vigoroso en el 谩rea-problema de las migraciones, con soluciones efectivas en los pa铆ses de origen y de tr谩nsito, y una comunicaci贸n pol铆tica m谩s poderosa en la explicaci贸n y divulgaci贸n del valor a帽adido europeo, utilizando para ello las plataformas sociales europeas y los miles de j贸venes que hoy se benefician de los programas europeos, es una l铆nea de rumbo en la buena direcci贸n. Simplemente, el valor reputacional actual de los l铆deres europeos deja mucho que desear, por lo que es dif铆cil suscitar la inteligencia pol铆tica emocional de los ciudadanos europeos para ese desiderato.

En el mismo sentido, la sociedad pol铆tica europea tendr铆a mucho que ganar en estructurarse mediante el establecimiento de una red de comunicaci贸n entre los Parlamentos nacionales y regionales, coronados por el Parlamento Europeo como instancia de s铆ntesis (una red parlamentaria). Del mismo modo, se instaurar谩n procedimientos similares para los consejos nacionales de concertaci贸n social, coronados por un consejo europeo de concertaci贸n social. Lo mismo se podr铆a hacer con las regiones y los municipios y con los consejos de la ense帽anza superior, ya para no referir a los "parlamentos j贸venes" en varias 谩reas. Por 煤ltimo, es bueno no olvidar que en los Estados nacionales hablamos de la naturaleza adversaria del r茅gimen pol铆tico, sin embargo, en el marco europeo, este suelo comunicacional contradictorio no existe, el grado de conflictividad es menor y el debate pol铆tico pierde nitidez. El r茅gimen comunitario no es de oposici贸n o adversaria, es un r茅gimen de concertaci贸n y negociaci贸n permanente designado de consociativo. Y eso hace toda la diferencia. En cuanto al resto, el caso italiano ser谩 la prueba final para probar la fuerza leg铆tima de la pol铆tica europea.

Universidad del Algarve

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac铆 en Cuba pero resido en Espa帽a desde muy peque帽ito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes茅 por el periodismo y la informaci贸n digital, campos a los que me he dedicado 铆ntegramente durante los 煤ltimos 7 a帽os. Encargado de informaci贸n pol铆tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:聽https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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