驴C贸mo reconstruir las reglas de la Corte Suprema de los Estados Unidos en una era polarizada?





Desde que se tom贸 la decisi贸n en el caso Dobbs, que termin贸 por derrocar el derecho al aborto en EE.UU., he escuchado a muchos progresistas lamentarse por el robo de la Corte Suprema por parte de los republicanos. Seg煤n cuenta la historia, Mitch McConnell, l铆der de los republicanos del Senado, se rob贸 la mayor铆a cuando se neg贸 a darle una simple audiencia a Merrick Garland en 2016, manteniendo el puesto vacante hasta que Donald Trump asumi贸 el cargo.





La justificaci贸n de McConnell fue su profundo compromiso con la democracia con una 芦d禄 min煤scula: ninguna vacante debe cubrirse en un a帽o de elecciones presidenciales; el p煤blico debe tener la oportunidad de tener una opini贸n. En 2020, quem贸 ese principio inventado y se apresur贸 a confirmar a Amy Coney Barrett para reemplazar a Ruth Bader Ginsburg. La votaci贸n sobre la nominaci贸n de Barrett tuvo lugar ocho d铆as antes de las elecciones.

McConnell enga帽贸 al pa铆s, pero no rob贸 ning煤n esca帽o. Nada de lo que hizo fue en contra de las reglas, raz贸n por la cual los dem贸cratas no pudieron detenerlo. Los progresistas enojados a menudo ignoraron la l贸gica de las acciones de McConnell. Entendi贸 lo que muchos ignoraban: la era de las normas ha terminado en Estados Unidos. Esta es la era del poder. Y hay una raz贸n para eso.

La Corte Suprema ha cambiado. En las d茅cadas de 1950 y 1960, era dif铆cil inferir el historial pol铆tico de un juez a partir de sus votos, como muestra un an谩lisis de Lee Epstein y Eric Posner. En la d茅cada de 1990, Byron White, un candidato dem贸crata, ten铆a un historial de votaci贸n m谩s conservador que todos los jueces nominados por los republicanos excepto dos: Antonin Scalia y William Rehnquist. John Paul Stevens, un ancla en el ala progresista de la corte hasta su retiro en 2010, fue nominado por Gerald Ford, un republicano.

Pero esta historia de independencia fue entendida, por los partidos que la produjeron, como una historia de fracaso. El proceso de investigaci贸n mediante el cual se eligen los nominados se ha revisado para garantizar la previsibilidad ideol贸gica. En los 煤ltimos a帽os, 鈥渓os jueces casi nunca votaron en contra de la ideolog铆a del presidente que los nombr贸鈥, concluyen Epstein y Posner.

Estoy obsesionado, por decir lo menos, con la forma en que la polarizaci贸n ideol贸gica choca con las peculiares instituciones pol铆ticas de Estados Unidos. Escrib铆 un libro entero sobre eso. Nuestro sistema pol铆tico no est谩 dise帽ado para partidos pol铆ticos tan diferentes y antag贸nicos. No fue dise帽ado para partidos pol铆ticos. Las tres ramas de nuestro sistema ten铆an como objetivo controlar sus respectivas actuaciones a trav茅s de la competencia. En cambio, los partidos compiten y cooperan entre ramas, y el poder de uno puede usarse para aumentar el poder de otro, como bien entendi贸 McConnell.





La Corte Suprema es una instituci贸n extra帽a: tiene la 煤ltima palabra sobre la ley, pero no tiene los medios para hacer cumplir sus decisiones; claramente pol铆tico, pero supuestamente por encima de la pol铆tica; compuesto por nueve individuos pendencieros, pero haci茅ndose pasar por la voz imparcial de la Constituci贸n- y hemos encubierto sus peculiaridades con tradiciones de continuidad y moderaci贸n. Pedimos a los senadores que juzguen a los nominados por sus calificaciones, no por sus ideas. Pedimos a los jueces que refrendan decisiones anteriores que consideren incorrectas, incluso inmorales. Al menos, lo hicimos. En los 煤ltimos a帽os, la importancia pol铆tica de la corte prevaleci贸 sobre las normas que la aislaban (algo) de la pol铆tica.

Como escrib铆 en mi libro, 芦quiz谩s no haya un solo voto que los miembros del Senado de los Estados Unidos consideren tan ideol贸gicamente importante a largo plazo como un nombramiento vitalicio para la Corte Suprema, y 鈥嬧媝edirles que mantengan ese voto, y solo este , aparte de las promesas ideol贸gicas que hacen a sus electores y a s铆 mismos, es extra帽o禄.

La vieja norma funcionaba cuando el conflicto partidista era lo suficientemente moderado como para crear un tribunal que parec铆a, y tal vez lo era, en gran parte no partidista. Pero esos d铆as se han ido. Para empeorar las cosas, la Corte Suprema ha pasado de democr谩tica a antidemocr谩tica. Los nombramientos vitalicios son dudosos en las mejores circunstancias, pero la aleatoriedad de las jubilaciones y las muertes les ha dado a los republicanos un control que se burla de la voluntad p煤blica. Cinco de los seis jueces republicanos de la corte fueron designados por presidentes que inicialmente asumieron el cargo despu茅s de perder el voto popular (y, en el caso de George W. Bush, despu茅s de la intercesi贸n directa de cinco de los conservadores de la corte, en el caso de Bush v. Gore). ). Trump ha logrado hacer m谩s nombramientos en un mandato que Barack Obama en dos.

Se podr铆a pensar que la naturaleza minoritaria de este tribunal producir铆a una mayor铆a restringida, temerosa de conflictos con la opini贸n p煤blica. Pero no. La r谩faga de decisiones, acuerdos y disidencias en el caso Dobbs tiene menos que ver con el aborto y los derechos de lo que cabr铆a esperar. Gran parte del texto analiza el principio legal de 芦stare decisis禄, que gu铆a a la corte a respetar los precedentes al tomar decisiones.

El 芦stare decisis禄 sirve para resolver un problema espec铆fico de la Corte Suprema, que debe demostrar ser una instituci贸n que opera en el tiempo, no solo una amalgama de nueve voces en un momento dado. Al resistir el impulso de revocar viejas decisiones, el tribunal refuerza una continuidad que va m谩s all谩 de lo que ofrecer铆an las opiniones de sus miembros. hueva vs. Wade ya ha sido revisado en la decisi贸n de Casey en 1992 y en su mayor parte confirmado. Bajo las normas que han regido la corte durante d茅cadas, Roe deber铆a estar a salvo, no porque la mayor铆a est茅 de acuerdo con ella hoy, sino porque la Corte Suprema no anula una ley establecida sobre la base de lo que la mayor铆a cree hoy.

Este es el tema de la decepcionada confirmaci贸n del presidente de la corte, John Roberts: 芦Seguramente, debemos ce帽irnos aqu铆 estrictamente a los principios de la contenci贸n judicial, donde el camino general que elige la corte implica repudiar un derecho constitucional que no solo reconocimos previamente sino que tambi茅n reafirmar expresamente, aplicando la doctrina del ‘stare decisis'禄.

La disidencia de los progresistas vibra con una ira a煤n m谩s profunda: 芦Aqu铆, m谩s que en cualquier otro lugar, el tribunal necesita aplicar la ley, en particular la ley del ‘stare decisis'禄.

Pero el 芦stare decisis禄, como saben los jueces mucho mejor que yo, no es una ley. Y as铆, en su opini贸n mayoritaria, Samuel Alito lo repudia. 芦Es importante que el p煤blico se d茅 cuenta de que nuestras decisiones se basan en principios, y debemos hacer todo lo posible para lograr este objetivo emitiendo opiniones que muestren cuidadosamente c贸mo una comprensi贸n adecuada de la ley conduce a los resultados a los que hemos llegado禄. el escribio. 芦Pero no podemos exceder el alcance de nuestra autoridad bajo la Constituci贸n, y no podemos permitir que nuestras decisiones se vean afectadas por influencias externas, como la preocupaci贸n por la reacci贸n del p煤blico a nuestro trabajo禄.

El argumento que esgrime Alito a lo largo de su dictamen es simple: el tribunal puede errar. Cuando cometes un error, debes corregirte a ti mismo. Proporcione todos los argumentos elaborados sobre la decisi贸n fija que desee, pero si una decisi贸n es incorrecta, es incorrecta y debe revisarse. Adoptando su perspectiva por un momento: hay algo enloquecedor en ser nominado para un puesto en el tribunal supremo del pa铆s, pero que te digan que te apegues a las decisiones que t煤 y cuatro de tus colegas consideran m谩s da帽inas.

En un nivel, tiene raz贸n. El 芦stare decisis禄 tiene poco sentido. El problema es que sin ella, la propia Corte Suprema tiene a煤n menos sentido. Son solo nueve candidatos pol铆ticos disfrazados que buscan los votos que necesitan para obtener los resultados que desean. Y cuanto m谩s avanzamos por este camino, m谩s se disuelve la m铆stica que sostiene a la corte. No hay regla, de hecho, que la Corte Suprema deba ser obedecida como la 煤ltima palabra en la interpretaci贸n de la Constituci贸n; eso tambi茅n es una regla, y la corte no tiene poder para hacerla cumplir. Si lo 煤nico que le queda a la Corte Suprema son las reglas, pronto no habr谩 una Corte Suprema propiamente dicha.

Entonces, 驴c贸mo ser铆a reconstruir las reglas y normas de la Corte Suprema para que tengan sentido en una era polarizada, para que pueda ser una instituci贸n que modere nuestros conflictos pol铆ticos en lugar de acentuarlos? Recientemente, ha habido un gran e importante esfuerzo, que ha recibido poca atenci贸n, para reflexionar sobre este tema. Ser谩 el tema de mi pr贸xima columna.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac铆 en Cuba pero resido en Espa帽a desde muy peque帽ito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes茅 por el periodismo y la informaci贸n digital, campos a los que me he dedicado 铆ntegramente durante los 煤ltimos 7 a帽os. Encargado de informaci贸n pol铆tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:聽https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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