Brasil ya es una democracia bajo supervisión militar





Siempre estuvo claro para los observadores externos que Brasil tendría que pagar una factura alta por elegir a un líder tan peligroso e irresponsable como Jair Bolsonaro.





Pero los acontecimientos de los √ļltimos meses aseguran que esta cuenta sea a√ļn m√°s tr√°gica de lo que era evidente.

Es probable que cientos de miles de brasile√Īos mueran innecesariamente debido a la reacci√≥n ca√≥tica e incompetente del gobierno a Covid-19.

E, incluso si es posible evitar los peores ataques contra la democracia, ya sea en forma de golpe militar o una concentraci√≥n gradual del poder pol√≠tico en el palacio presidencial, la presidencia de Bolsonaro debilitar√° severamente la democracia brasile√Īa.

Cuando los populistas, a la derecha, como Bolsonaro, o a la izquierda, como Hugo Ch√°vez, llegaron al poder, los polit√≥logos advirtieron sobre el da√Īo que infligir√≠an a los ciudadanos comunes.

Debido a que afirman que ellos y solo ellos representan a la gente, estos políticos no pueden aceptar la disidencia legítima.

As√≠, poco a poco comienzan a atacar tanto a instituciones pol√≠ticas independientes como a tribunales, expertos independientes y funcionarios de salud p√ļblica.





Sin embargo, en la √ļltima d√©cada, cuando las cifras de Viktor Orb√°n a Donald Trump han llegado al poder, estas advertencias han sido superadas.

Despu√©s de d√©cadas cuando las √©lites pol√≠ticas locales se hab√≠an desprestigiado, sus advertencias sobre los l√≠deres novatos que amenazaban con tomar sus asientos sonaban como s√ļplicas especiales.

Particularmente en países con corrupción arraigada y cuyos políticos tradicionales eran conocidos por ser oportunistas, comprensiblemente a muchos ciudadanos les resultó difícil preocuparse por cosas como el estado de derecho o la separación de poderes.

¬ęTodas estas personas gritando sobre el peligro del populismo est√°n tratando de salvar su propia piel, nada m√°s¬Ľ, sospecharon.

Este escepticismo parec√≠a justificado en los primeros a√Īos. Descubrimos que el barco estatal es un transatl√°ntico muy robusto.

Incluso cuando se desv√≠a de la ruta, lleva tiempo golpear un iceberg. Hasta hace unos meses, la mayor√≠a de los brasile√Īos (y tambi√©n la mayor√≠a de los estadounidenses) pod√≠an afirmar justificadamente que los desastres previstos no los hab√≠an golpeado.

La extraordinaria crisis de salud p√ļblica de los √ļltimos meses ha cambiado esta situaci√≥n. Si bien algunas democracias han logrado contener el virus y ahora pueden regresar a alguna forma de casi normalidad en seguridad relativa, Bolsonaro pas√≥ meses negando el peligro obvio.

Particip√≥ en protestas contra las cuarentenas. Trat√≥ de combatir la soberan√≠a de los gobernadores, devolvi√©ndolos a la normalidad. Despidi√≥ a dos ministros de salud y alent√≥ a la poblaci√≥n a tomar medicamentos curanderos y desafiar las medidas simples que podr√≠an proteger la salud p√ļblica.

Dado todo esto, no es sorprendente que Brasil ahora tenga la distinci√≥n de ser el pa√≠s con el segundo mayor n√ļmero de casos confirmados de Covid-19 en el mundo y, desde hace unos d√≠as, el segundo mayor n√ļmero de muertes confirmadas.

Y, en vista de la deficiencia del régimen de pruebas en el país, es casi seguro que estas cifras subestimarán la devastación real sembrada por el virus.

Como si eso fuera poco, la amenaza a la democracia brasile√Īa tambi√©n est√° creciendo. Con Bolsonaro cada vez m√°s impopular, el ej√©rcito ha jugado un papel cada vez m√°s importante en su administraci√≥n.

Con sus hijos aparentemente bajo investigación, los intentos de Bolsonaro de socavar la independencia de los cuerpos policiales y judiciales están creciendo con cada semana que pasa.

Como observador externo, es imposible predecir cu√°l de los escenarios sombr√≠os para el futuro pol√≠tico inmediato del pa√≠s actualmente discutido en detalle por las principales publicaciones brasile√Īas demostrar√° ser prof√©tico, si lo hay, y cu√°l resultar√° ser paranoia.

Pero lo que llama mi atención, la distancia, es el cambio radical en el tenor general de la discusión.

Los especialistas brasile√Īos que consult√© hace unos a√Īos confiaron en la fortaleza de las instituciones brasile√Īas. Me dijeron que los militares se hab√≠an alejado de la pol√≠tica para siempre.

Incluso si Bolsonaro cortejó a los generales y elogió al régimen militar, no había forma de que el Ejército se dejara arrastrar a la política. Hoy veo a estos mismos especialistas debatiendo, con suma urgencia, lo que los generales harían o no harían en diferentes circunstancias.

La historia ap√≥crifa dice que las ranas no se dan cuenta cuando el agua comienza a hervir. M√°s o menos de la misma manera, la poblaci√≥n brasile√Īa no era consciente de la medida en que la posibilidad de ruptura democr√°tica hoy da forma a la pol√≠tica brasile√Īa.

Pero cuando las especulaciones sobre lo que los líderes militares aceptarían (o no) comienzan a dar forma a las decisiones de los representantes electos del pueblo, la esencia de la democracia ya se ha vaciado.

Como Filipe Campante, un colega de la Universidad Johns Hopkins, me dijo: ¬ęBrasil ya es una democracia bajo supervisi√≥n militar¬Ľ.

Clara Allain

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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