Bienal de Arte del Cerro de Bogotá expone proyecto de resistencia al turismo





En un centro comunitario ubicado en una colina en una de las regiones más pobres de Bogotá, la capital y ciudad más grande de Colombia, con aproximadamente 7 millones de habitantes, Jesús David observa en trozos de papel los lugares que albergarán eventos de una bienal de arte organizada para residentes





Escribe los días de la semana en una pizarra y pega minuciosamente cada hoja de papel en un día diferente. El objetivo es dividir las atracciones del festival en partes iguales entre los siete barrios del distrito de San Cristóbal que albergarán las actividades.

La Segunda Bienal de Arte Comunitario de Alto Fucha, organizada por un colectivo dirigido por David, es una forma para que las 5.200 personas que viven en la región valoren el territorio donde viven desde la producción y exhibición de obras de arte.

La idea detrás de la bienal, sin embargo, no es solo estética sino también política. El evento, que comenzó el 27 de septiembre y se extiende hasta el 7 de octubre, utiliza demostraciones como el muralismo y el graffiti para oponerse a un proyecto turístico de la ciudad de Bogotá que se espera que atraviese la región y desencadene una serie de expropiaciones.

El gobierno de la capital colombiana planea construir una sección allí que será parte del Camino Mariposas, un ambicioso plan para unir, por una serie de rutas peatonales, el extremo sur de Bogotá al municipio de Chía, ubicado al norte de la ciudad.

El camino que cruzará la colina en San Cristóbal tiene tres atractivos para el poder público: está cerca del centro; tiene una rica biodiversidad traída por el río Fucha, que baja la montaña; y ofrece vistas celestiales de la ciudad.

"Posiblemente sea la principal atracción turística de Colombia. Todos los ciudadanos de Bogotá lo harán, los turistas lo apreciarán y aprenderán más sobre la naturaleza", dijo el alcalde Enrique Peñalosa al presentar un video del proyecto en 2018.





Cuando se complete el edificio, unas 1,400 personas que viven en la cima de la colina tendrán que ser reubicadas, dejando casas construidas, en palabras de David, "los domingos" cuando sus residentes no están trabajando, aprovechando el poco tiempo. –y dinero– sobrante.

Alto Fucha ha estado habitado desde fines de la década de 1950 y se refiere a una favela brasileña, con una mezcla de casas de madera y ladrillos interconectados por calles empedradas y una secuencia de escaleras.

Los residentes de la región sufren un problema típico de los lugares pobres: la falta de transporte público. Hay pocos autobuses que conectan la cima de la colina con el centro de la ciudad, y los conductores de aplicaciones tienen dificultades para acceder al sitio.

David critica el proyecto de la ciudad, que debería trasladar a la población del centro y trasladarla a los márgenes de la capital, y dice que la intención de la bienal es plantear la cuestión de quién tiene derecho a la ciudad.

En la práctica, esto se traduce en la ocupación del territorio con obras realizadas colectivamente por los residentes, algunas más y otras menos politizadas.

Son murales de azulejos, graffiti, esculturas, representaciones teatrales, música y ferias gastronómicas.

"Tratamos de lidiar con los problemas a través del arte. No vamos a trabajar desde las ciencias sociales", dice David.

Dos trabajos realizados en la primera bienal en 2017 ejemplifican esta lógica: el graffiti en la pared de un centro comunitario que dice "somos la alegría de la Fucha" y la fachada de una casa donde las polillas gigantes fueron pintadas por una especie encontrada en la región.

Un tercer trabajo, este año del propio David, aborda el tema de la expropiación de frente: un mural de azulejos muestra una mano lanzando dados acompañados de las palabras "ninguna decisión sin nosotros sobre nosotros" y "perder su hogar".

Es una "lucha para legitimar la existencia del barrio", dice el escultor Humberto Zanabria, un artista local.

La bienal también tiene la función de valorar los talentos de los residentes con inclinación artística, pero que no asistieron a las escuelas de arte.

"Son artistas empíricos. Si alguien toca la guitarra y toca bien, los alentaré y les daré espacio [en el evento]", dice David.

No hay una fecha exacta para que Mariposas Way comience a construirse en la colina.

El proyecto aún depende de garantías ambientales, ya que alterará el equilibrio ecológico de la región, y ha recibido críticas de las familias afectadas por las expropiaciones. La ciudad quiere que la licencia se otorgue a finales de este año.

El escenario no parece cambiar la pregunta de los lugareños: "La bienal trata sobre cómo se reclama la ciudad con el arte. ¿Por qué estas personas no tienen derecho a vivir aquí?", Pregunta David.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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