António Costa no está en el gobierno, él está en el poder









En Inglaterra, en la década de 1990, era costumbre decir que John Major estaba en el gobierno, pero no en el poder. Estuvo en el gobierno, porque era el primer ministro y, como tal, también fue acusado de ser responsable de la devaluación de la libra y de la desorientación de la política británica. Pero no estaba en el poder, porque, a pesar de ser primer ministro y líder del partido parlamentario más grande, no parecía tener la fuerza para contener a sus oponentes internos en el gobierno, siempre conspirando, ni contradecir una opinión publicada generalmente negativa, ni para sostener el surgimiento de la oposición, con Tony Blair a la cabeza. Major tenía responsabilidades, pero no tenía fuerzas. Estaba en el gobierno, pero no estaba en el poder.

En Portugal, desde 2015, António Costa está precisamente en la posición opuesta: está en el poder, pero no en el gobierno. Sí, Costa es primer ministro y tiene una mayoría parlamentaria de apoyo. ¿Pero es él responsable o culpable de algo, como les sucede a los que están en el gobierno? ¿Austeridad? Las cautivaciones no son austeridad. Pedrogão? No es bombero. ¿Tancos? No guarda sellos. El nuevo banco? No fui informado. ¿La epidemia? Los portugueses son descuidados. ¿Un plan de recuperación económica? Hay un amigo La responsabilidad, lo que define al gobierno, no tiene nada que ver con António Costa.

Donde está António Costa está en el poder. De hecho, es porque él está en el poder, como nadie más lo ha estado desde 1974, que hasta ahora ha podido evadir todas las responsabilidades y fallas habituales del gobierno, sin ninguna consecuencia. Este poder se basa en dos cosas. En primer lugar, en la ocupación metódica del estado, que los socialistas, que han gobernado desde 1995 cada vez que hay dinero, han infestado a sus partidarios. Incluso cuando no son ministros, siguen siendo directores generales, jefes de gobierno, presidentes de fundaciones, altos funcionarios y, además del propio estado, administradores y gerentes de todo lo que está en la órbita del estado. El gobierno es lo de menos: lo que importa es este ejercicio de poder en contacto directo con sus sujetos y clientes. En segundo lugar, el poder socialista se basa en la segmentación de la sociedad portuguesa. La cuarentena lo reveló una vez más: por un lado, el funcionario, en casa, con trabajos garantizados y aumentos salariales; por otro lado, el resto de los trabajadores, abandonados al desempleo y al despido; por un lado, comunistas y neocomunistas, libres para llenar las calles con su imitación salaz de las indignaciones americanas; del otro lado, católicos, cerrados en casa, con el GNR en la puerta. El poder es este: una masa de clientes, siempre llenos de miedo a perder privilegios y ventajas si los «otros» regresan, y por lo tanto disponibles para defender a los responsables con un ambiente de eco y aplausos.

Con este poder, Costa y sus ayudantes comunistas y neocomunistas pueden enfrentar el futuro con relativa calma. ¿El dinero proviene de los alemanes? Es distribuido por amigos. ¿No viene? Se dice que es culpa de lo «frugal». ¿Hay un nuevo brote del virus? Se dice que es de las pruebas, incluso si los expertos dicen que no lo es. ¿La crisis turística se ve agravada por el bandido creado desde el 1 de mayo rojo? Los extranjeros quieren robar nuestra participación de mercado. ¿Hay empresas en dificultades? Mejor, son más compañías para controlar o nacionalizar. Y hagas lo que hagas, digas lo que digas, nadie dirá lo contrario en los estudios y en los editoriales, porque quien se atreva a desafinar pronto será «fascista».

Sobre todo, el poder de los socialistas está en la seguridad que les da el conocimiento de que si las cosas salen mal, como en 2002 o 2011, e incluso tienen que abandonar el gobierno temporalmente, permanecerán en el poder en Portugal, porque no hay fuerza política. en este país capaz de organizar, desde una sociedad envejecida, empobrecida y abstencionista y desde instituciones debilitadas o degradadas, cualquier movimiento para limitar el dominio que la oligarquía socialista y su clientela realmente ejercen en Portugal, a través de la administración pública, de las empresas controladas , medios subsidiados y dependientes de todo tipo. En Portugal, bajo la cobertura del BCE, los partidarios de Sócrates y las viudas de Adeus Lenine están a cargo. Para eso, ni siquiera necesitan gobernar bien. O incluso para gobernar. Gobernar implica responsabilidades, y prescinden de ellas. Solo envíalos.





Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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