Anatomía de una huelga





La huelga asume la fuerza de una clase trabajadora y constituye un derecho infranqueable en una democracia. Sin embargo, sólo tiene sentido cuando el empleador sufre todas sus consecuencias. Como las empresas arriesgan la quiebra cuando sufren una huelga de sus trabajadores durante mucho tiempo, también el perjuicio de una huelga de profesionales sanitarios del SNS de larga duración puede tener consecuencias muy nefastas para la sociedad.





Los pacientes que se quedan por tratar se mantendrán de baja, sin producir durante el tiempo de huelga, y mientras esperan el tratamiento más adecuado quedan sujetos a otros menos apropiados para sus condiciones. Cuando estos pacientes sean intervenidos se someter a procedimientos más costosos y, en su caso, menos eficaces ante la degradación de su estado de salud.

En cuanto a los enfermos que no esperan el fin de la huelga y se "salen" en privado, dejan de aplicar recursos en ahorros y en otras áreas de valor para la economía. Nos quedamos todos perdiendo y comprometemos nuestro futuro. Una nación sana requiere un estado saludable, que a su vez tiene que mantener a la nación con salud para que su economía pueda crecer. Pero ¿será posible mantener a los ciudadanos sanas cuando el país optó por sacrificar el presupuesto de la salud durante los años de intervención del FMI, congelando la remuneración de los profesionales de la salud, el mayor recurso que disponemos para dar salud a los ciudadanos?

¿Es esto posible cuando el país tiene una función pública horizontal y muy extensa, donde las responsabilidades no se diferencian y donde no se pueden priorizar medidas salariales entre diferentes sectores? ¿No es probable que otros sectores pidan lo mismo, paralizando la sociedad y poniendo en riesgo el deseado y ambicioso déficit presupuestario?

La mayor ironía sería el Ministerio de Finanzas (no el de la Salud que sigue sin autonomía financiera) tomar en los ahorros provenientes de las huelgas y usarlas en los aumentos salariales de los profesionales de la salud, en pro del equilibrio presupuestario del año, empujando los perjuicios para la salud frente. El daño de la sociedad son para la historia y para futuras estadísticas, cuando vemos la calidad de vida de los ciudadanos portugueses a caer de 65 años, y no puede mantenerse al día con nuestros homólogos europeos, cuando la productividad de las empresas en declive cuando se invierte fallando por falta de recursos y cuando no logramos mantener el SNS. Se insta al establecimiento de un acuerdo y la paz social en el sector de la salud en Portugal. Sin salud no hay economía que resista.

Creo que podemos clasificar esta huelga como "quirúrgicamente quirúrgica" – perdóname el pleonasmo -, ya que sólo los enfermeros de los bloques operativos es que entran en huelga, perjudicando esencialmente a los ciudadanos con menores recursos, que no tienen alternativas en el privado. Por eso el Gobierno puede eventualmente recurrir de la requisición civil. Toda esta polémica involucra sólo a unos seiscientos enfermeros en huelga, que podrán hipotéticamente ausentarse del país en las vísperas de la petición, como ya ocurrió en otras geografías y en otros tiempos, y así quedar la requisición civil sin efecto. Si eso sucediera, nos sumergiríamos en un pozo sin fondo, en una crisis que no interesa a nadie, de difícil solución.

Para que las huelgas no sean tan nefastas como las que están afectando actualmente el sector de la salud hay varios cambios que tienen que suceder. Por un lado, el sistema no debe ser tan oligárquico y las decisiones relacionadas con la salud, en lugar de estar tan concentradas en un ministerio, deben ser más repartidas con el compromiso de los diversos las partes interesadas. Los comportamientos y discursos de los gestores de la salud deben favorecer la empatía entre los diversos actores de la salud y la actitud de los huelguistas y empleadores no debe nunca tomar el camino de una batalla que se pierde o se gana. Pero desafortunadamente parece ser ese el camino.





Es también importante que quien trabaja en el sector de la salud sienta y tenga autonomía en ese trabajo, sin ser excluido de los procesos y sin ser considerado sólo una pieza de ejecución. También el Estado debe invertir más en la formación y la educación de los profesionales de la salud, para que éstos se sienten comprometidos y reconocidos por ese valor añadido. De la misma forma la inversión en seguridad de los profesionales de la salud debe ser más enaltecida y vincular por parte de las administraciones de las instituciones de salud. Por último, pero no menos importante, los gobernantes tendrán que tener un comportamiento ejemplar, tan frugal como las restricciones presupuestarias obligan.

Sabemos que estos puntos no siempre reflejan la realidad de nuestra sociedad. Pero no podemos mantener huelgas-principalmente en la prestación de atención de salud- con un carácter tan indefinido en el tiempo como las que presenciamos, pues de otra forma tendremos la muerte anunciada del SNS.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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