& # 039; Ventanas del cuarto vibran & # 039 ;, dice brasile√Īa que testimoni√≥ masacre de la plaza de la Paz Celestial





A finales de mayo de 1989, Adriana Erthal Abdenur, entonces con 14 a√Īos, cogi√≥ la bicicleta roja que sol√≠a usar para pasear por Pek√≠n y fue hasta la plaza de la Paz Celestial ver a un grupo de estudiantes que protestaba en el lugar.





D√≠as despu√©s, en la madrugada del 4 de junio, Adriana pas√≥ la madrugada despierta sosteniendo la mano de una amiga mientras ca√Īones disparaban contra la plaza que ella hab√≠a visitado poco antes.

"Escrib√≠ en mi diario: yo estaba en mi cuarto con una amiga que era hija de un adi√≥s y empezamos a o√≠r los estrados. Y eran estragos de ca√Ī√≥n. "Conozco bien, soy de R√≠o de Janeiro", afirma a la hoja la actual investigadora.

La masacre hecha por las fuerzas del r√©gimen chino contra manifestantes pro-democracia cumple 30 a√Īos este martes (4), y Adriana era una de las pocas brasile√Īas que viv√≠an en Pek√≠n en la √©poca.

"Recuerdo muy bien que las ventanas de mi habitaci√≥n vibraban. Pas√© aquella noche entera despierta con Roberta, mi amiga, y otros ni√Īos que llegaban. Cuando salimos de mi habitaci√≥n y pasamos por la sala, el resto de la comunidad hab√≠a sido instalado all√≠, en colchones ", cuenta.

"Mi madre distribuyó té de manzanilla y tranquilizantes, tenía mucha gente, principalmente adultos, que estaban muy nerviosos. Cuando amaneció fuimos al segundo piso de la embajada y daba para ver columnas de humo venidas de la dirección de la plaza, que se encontraba a tres kilómetros. Estaban cremando cuerpos.

Adriana y su familia habían llegado a Pekín poco antes, en enero de 1989, cuando su padre, el diplomático Roberto Abdenur, fue trasladado de Ecuador para comandar la Embajada de Brasil en China.





"Nuestra comunidad brasile√Īa (en Pek√≠n) en aquella √©poca era muy peque√Īa, √©ramos unos 30 y pocos. Entre los diplom√°ticos pocos ten√≠an familia y hab√≠a m√°s unos 12 estudiantes brasile√Īos.

Con el aumento de las tensiones, la mayor parte de los brasile√Īos fueron trasladados a la embajada, donde Adriana y la familia viv√≠an. Su padre y otros diplom√°ticos tuvieron que organizar un convoy para buscar a los estudiantes brasile√Īos, que estaban aislados en la regi√≥n en la que quedaban los dormitorios universitarios.

"Estábamos bajo ley marcial, no podíamos salir. Al final de esa semana, cogíamos lo que había de comida y jugábamos dentro de un panel ", cuenta.

"Todo el mundo se sentaba alrededor de una gran mesa e intentaba mantener el buen humor. No pasamos hambre, pero en los √ļltimos dos d√≠as ya era una sopa bien rala de macarrones, frijoles y lo que m√°s la encontraba.

En ese per√≠odo, Adriana a√ļn intent√≥ dar una escapular de la embajada para encontrar al novio, hijo de un diplom√°tico franc√©s y una vietnamita, que estaba siendo retirado del pa√≠s con la familia.

"Yo salí de la embajada con una foto para entregarle, pero un adido me tiró por la blusa y dijo que no podía ir, que los tanques estaban llegando", dijo Adriana. Ella nunca más vio al muchacho.

El escenario de tensión de esos días, dice, contrastaba con los meses anteriores, en que circulaba libremente por Pekín.

"Tenía una libertad increíble. "Había pocos coches en las calles, entonces cogía mi bicicleta y rodaba la ciudad entera, atravesaba incluso la plaza de la Paz Celestial en mi Flying Pigeon, una especie de Caloi china", cuenta.

"Las protestas fueron poco a poco tomando cuerpo. Hasta finales de mayo no parecía una situación tensa. Incluso en los dos días que precedieron a la masacre había una expectativa creciente de que el gobierno tuviera alguna reacción, pero una reacción policial, y no militar ".

Al día siguiente, sin embargo, la situación empezó a cambiar. "Llegó una columna enorme de camiones militares y de soldados, que parecían ser muy jóvenes. Recuerdo que los manifestantes rodearon estos camiones para dialogar. A partir de ahí el ambiente comenzó a cambiar, especialmente cuando llegó la noticia de que el gobierno estaba accionando al Ejército.

La tensi√≥n dur√≥ cerca de una semana, hasta Adriana, los hermanos, la madre y la mayor parte de los brasile√Īos fueron retirados en un vuelo comercial de la compa√Ī√≠a Pakistani Airlines y trasladados a Tokio. El padre y otros diplom√°ticos, sin embargo, permanecieron en Pek√≠n para acompa√Īar los desdoblamientos del caso.

Pocos meses despu√©s, cuando la situaci√≥n calm√≥, Adriana y la familia regresaron a China. Mor√≥ en la capital hasta 1993, cuando se mud√≥ a Estados Unidos para estudiar en la Universidad de Harvard. Volver√≠a dos a√Īos m√°s tarde para un intercambio y hasta hoy sigue acompa√Īando lo que sucede en el pa√≠s.

Los problemas ambientales y el aumento de la desigualdad, dice, pueden llevar a una nueva ola de manifestaciones semejante a la que testimonió hace tres décadas.

"Por ahora no vemos manifestaciones a gran escala, pero creo que el propio gobierno chino sabe que tiene que lidiar con los desequilibrios y con la exclusi√≥n social, de lo que eso puede explotar en alg√ļn momento".

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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