
Guillén quiere dirigir lo suficiente para llegar al Salón de la Fama
Así que me detuve en la oficina de Ozzie Guillén el otro día, y hablamos acerca de las cosas usuales del entrenamiento primaveral: corridas de toros, usar el Twitter, muerte, Charles Barkley, cárcel, comidas gratis y bombas F.
Por Dios, el hombre sí puede hablar. En los poco más de 45 minutos que estuve allí, Guillén hizo una entrevista con dos periodistas japonesas que revolotearon en su oficina con cámaras de video y laptops. A Guillén eso no le importó. Cuando se le preguntó acerca de ir a Japón para aparecer en su programa de TV, Guillén les preguntó, “¿Puedo maldecir?”
Entonces hizo una entrevista con un reportero de un medio en español. Y luego me tocó a mí. Entonces caminó hacia el pasillo y comenzó a bromear con el hijo más pequeño del lanzador Mark Buehrle, Braden.
Así que habló en tres idiomas en menos de una hora, sin contar el lenguaje Ozzieesco. Sin embargo, el peligro es salir de su oficina pensando que Guillén es un acto de comedia, un llena libretas y nada más.
Pero, ¿han notado que solo dos managers en la Liga Americana — Mike Scioscia de los Angelinos de Los Ángeles y Ron Gardenhire de los Mellizos de Minnesota — tienen más tiempo consecutivo con el mismo equipo que Guillén, quien estará comenzando su séptima temporada con los Medias Blancas de Chicago? Y qué tal este pequeño dato sorprendente: Guillén dice que quiere seguir siendo manager por el tiempo suficiente como para entrar al Salón de la Fama.
“Esa es la única manera en que podré entrar ahí,” dijo Guillén, de 46 años. “Quiero hacerlo. ¿Lo lograré? Eso está de parte de mis jugadores.”
Guillén habla, algunas veces demasiado hasta para él mismo. Pero sabe manejar, un hecho que en ocasiones queda escondido por las consabidas olas de comentarios inconscientes de Ozzie.
¿Recuerdan el 2005? Niguno de los 19 analistas, escritores y colaboradores de béisbol de ESPN escogió a los Medias Blancas de Guillén para llegar a la Serie Mundial esa temporada. Solo un experto (ese eres tú, Rob Neyer) escogió a los Medias Blancas para ganar el cetro de la División Central de la Liga Americana. Siete meses más tarde Guillén y el Trofeo del Comisionado estaban empapados en champaña.
Aquí es donde Guillén lanza un cambio. Manejar un equipo en el 2005 a ganar la división, la Serie de Campeonato de la Liga Americana es fácil. “Solo sales allá afuera, cierras tus ojos, y estrechas las manos de la gente luego del partido,” dijo Guillén.
Guillén y el GG Ken Williams son buenos amigos, a pesar que a veces parece lo contrario
No, de acuerdo con Guillén, su mejor temporada como manager fue la temporada pasada, cuando los Medias Blancas terminaron con marca de 79-83, en tercer lugar y a 7½ juegos detrás de los Mellizos.
“El año pasado fue duro porque tuvimos muchas lesiones, muchos chicos jugando,” dijo Guillén. “Tuve siete peloteros en la alineación que eran chicos. Una alineación que daba miedo. Es fácil manejar cuando ganas 99 juegos. Pero es más difícil manejar cuando pierdes 99 juegos.”
El respetado portal Baseball Prospectus tilda a Guillén como “un iconoclasta … él es alguien bastante intocable.” BP tiene razón: Guillén es practicamente a prueba de balas porque el dueño de los Medias Blancas Jerry Reinsdorf protege sus espaldas y porque el gerente Kenny Williams, a pesar de sus muecas y sus exasperaciones relacionadas con Guillén, sabes que Reinsdorf protege las espaldas de su manager.
Además, no descarten el factor de lealtad. El primer amor de Reinsdorf es el béisbol, y Guillén ayudó a darle a los Medias Blancas y a la ciudad su primer campeonato de Serie Mundial desde 1917. Y Guillén adora echarle bromas al Wrigley Field, los Cachorros del Lado Norte de la ciudad y los fanáticos de los Cachorros. Reinsdorf los adora también.
“Mucha gente piensa que fue una movida de mercadeo,” dijo Guillén sobre la decisión de Reinsdorf de contratarlo en el 2004. “Mucha gente pensó, ‘Van a traer a Ozzie porque es el protegido de Jerry.’ ¿Sabes porque me he mantenido tanto tiempo aquí? Porque Kenny y Jerry y el departamento de grandes ligas me han dado un buen equipo para competir.”
Eso fue hace 973 juegos y 512 victorias atrás. Ha durado tanto y quizás dure lo suficiente como para lograr entrar al Salón de la Fama como desea porque es un favorito de Reinsdorf, porque Williams y Reinsdorf le han dado buenos equipos, y porque Guillén es un manager astuto e intuitivo. En otro mercado, con otro dueño, con otro gerente general, Guillén y su hilera de controversias no hubiesen sobrevivido tanto.
“Su personalidad es siempre la misma,” dijo el veterano coach de pitcheo de los Medias Blancas Don Cooper. “Pero todo el mismo mejora con más tiempo. Pienso que se siente más y más cómodo, como le pasa a todo el mundo. Pero él siempre es el mismo tiempo.”
“Mientras más te mueves a su alrededor, más lo entiendes,” dijo el cerrador de los Medias Blancas Bobby Jenks. “Yo diría que es el mismo manager; solo que más listo.”
Él es ademas un manager emocional. Guillén se ha ido a las colchonetas con columnistas locales, moderadores de programas de radio, árbitros, ex lanzadores de los Cachorros, coaches de pitcheo contrarios, su propio equipo, ex jugadores de los Medias Blancas (en particular Magglio Ordonez) y críticos de su cuenta de Twitter. Él dirá todo sobre todo el mundo en cualquier momento.
Él dirá que si no hubiese sido jugador del béisbol, habría sido un matador de toros. Eso, o, “quizás yo estuviese muerto o en la cárcel, de la manera en que me crié.”
Él dirá que sus dos mentores fueron Bobby Cox y Jeff Torborg, pero que adora mirar como Ron Gardenhire de los Mellzos y Lou Piniella de los Cachorros manejan un juego.
”Ellos son agresivos,” dijo. “Ellos no se preocupan acerca de lo que diga la gente. … Lou es mi héroe como manager. Adoro ver manejar a Lou Piniella.”
Él dirá que lamenta un (y solo un) comentario: cuando criticó publicamente a Alex Rodríguez por su indecisión sobre cual equipo representar EEUU, República Dominicana o ninguno en el Clásico Mundial de Béisbol 2006.
Por lo demás, todos pueden besarle su naciente barba. A pesar que adora manejar, también adora la posibilidad de tener una carrera como la de Cox o Tony La Russa, Joe Torre o Piniella, y adora el “el calor,” como suele ponerlo, y Guillén dice que se irá del puesto si tiene que cambiar quien es.
“Quiero este trabajo,” dijo Guillén, “pero no lo necesito.”
En el 2006, a medida que Guillén y su familia iban en camino a la conferencia de prensa para anunciar la alineación de la Liga Americana del Juego de Estrellas, un padre y su hijo de 10 años entraron al mismo ascensor. El padre le dijo a su hijo, “Hey, este es el tipo loco.”
Incluso ahora, el incidente todavía le duele a Guillén. Managers locos no ganan Series Mundiales, no duran más en sus puestos que sus pares en la Liga Americana y no sobrevvien en una ciudad como Chicago sin algunas destrezas de béisbol.
Guillén es el Sir Charles del béisbol, pero contrario a Barkley, él tiene un anillo de campeonato. Dice lo que otros no tienen los pantalones para decir.
“Charles decía más cosas que yo y se salía con la suya más que yo,” dijo Guillén. “Lo adoro. Me encantaría conocerlo.”
Vamos a declarar un empate entre Barkley y Guillén. Solo Guillén podría entrar al campo de entrenamiento de los Dodgers de Los Ángeles en el recinto compartido en Camelback Ranch y decir, “Por eso es que esos tipos son mejores que nosotros. Ellos siguen practicando con su uniforme completo.”
Estaba bromeando. Por lo menos, yo estoy bastante seguro que era así.














